No soy muy dado a la numerología y no tengo claro si son prácticas aptas para los estudiantes de la Torá. No desconozco el aporte exegético que han hecho diversos sabios y maestros de todas las épocas al echar mano a la gematria y no desconozco que hay números que se repiten en la Torá, con suficiente frecuencia como para llamar nuestra atención. De hecho, soy de la idea de que no están en el relato porque sí, ni por coincidencia. 

 

Einstein dijo una vez que D-s no jugaba a los dados en el Universo. Y nosotros podemos agregar con todo propiedad que tampoco jugó a los dados al momento de darnos Torá.

 

En la Parashá de esta semana, puntualmente en el maftir, ahí en el Capítulo 8:33 y siguientes, se nos habla de la “capacitación” de Aarón y sus hijos para servir en el Mishkán.

 

Esto ya lo sabíamos, lo vimos cuando estudiamos la parashá Tetzavé. D-s ya le había dicho a Moshé que Aarón y sus hijos pasarían 7 días aprendiendo y practicando todo lo relacionado al servicio en el santuario, todo lo relacionado a los korbanot. Y para ello, Moshé mismo sería el capacitador. ¿Quién otro podría?

 

Consideremos las infinitas veces en que aparece el número siete en la Torá. 

A veces, nuestros exégetas lo miran y lo relacionan con perfección.

A veces, sabios y místicos ven en esos “sietes” un sentido de protección.

 

Moshé,  por ejemplo, descendía de los patriarcas. Era séptima generación desde Abraham Avinu. Porque sí, literalmente, en la Torá hay sietes por todos lados.

 

Estos sietes en particular, esta coincidencia entre el número de descendencia (generación) de Moshé y los días de perfeccionamiento de Aarón, tienen un hilo conductor del cual quisiera hablarles: Ambos sietes están relacionados con preparación, con estar preparados.

 

Evidentemente, la revelación nacional con vocación universal que llegó a Abraham Avinu pasó por un “proceso de maduración”, hasta llegar a Moshé. La relación de los hombres con el Creador definitivamente no fue la misma desde entonces.

 

Por eso, cuando rezamos la Amidá decimos: “Elohei Avraham, Elohei Itzjak veElohei Iakov…” Es decir, un solo D-s, pero una relación única e irrepetible con cada uno de los patriarcas y matriarcas. Un mismo D-s, tres relaciones distintas. Y así, hasta completar siete generaciones con relaciones únicas e irrepetibles.

 

Si entendemos cada generación como un proceso, podemos entender por qué la generación de Moshé fue la que estaba lista pare recibir la Torá y transformarse oficialmente en un pueblo.

 

Comparemos nuestra propia vida con la reflexión que estamos haciendo: No vivimos como vivieron nuestros padres, ni como vivieron nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. Porque una generación a otra las cosas cambian, los niveles de comprensión cambian, las ideas, la tecnología, el “etos”, etc.

 

Una generación a otra, de una familia a un clan y de un clan a un pueblo.

 

Frente a esta realidad, ¿somos conscientes de nuestros «sietes» en la vida? ¿Somos conscientes de que formamos parte de una cadena de generaciones?

 

¿Somos conscientes de que, nuestro compromiso de hoy, podría influir y acaso afectar, para bien o para mal, a las futuras generaciones? Cuando hablamos de compromiso con nuestra judeidad y con nuestra comunidad, ¿estamos pensando en las próximas “siete generaciones”?

 

No sé si los patriarcas, sus sucesores o incluso el mismo Moshé tenían este compromiso. Aunque es altamente probable que sí.

 

Lo que sí se, es que D-s les habla recurrentemente a ellos sobre la descendencia, sobre las futuras generaciones.

 

La Torá nos muestra a D-s que está constantemente preocupado de que se transmita de generación en generación un mensaje ético y civilizatorio, que acepta interpretaciones, que se adapta al hombre y la sociedad en la que vive, que se adapta a la capacidad intelectual del hombre, de la familia y de la sociedad en su conjunto.


En palabras de Abraham Joshua Heschel: “Toda la historia humana descrita en la Biblia se puede resumir en una frase: Dios está en busca del hombre.” 


Un mensaje y llamado que trasciende a gobiernos temporales, ideologías, filosofías y justamente por eso, sobrevive por muchos milenios mientras ve caer las respuestas dogmáticas a las preguntas existenciales y sociales del hombre que surgen de tiempo en tiempo y que intentan hacerle frente. 

 

Esas respuestas son intrascendentes, la Torá en cambio no lo es.

 

Y tampoco lo es la historia del hombre y de la humanidad.

 

Una historia que no depende de mensajeros, sino de la solidez de un mensaje. Lamentablemente, son pocos los mensajes que pueden presumir de ser sólidos, entiéndase, trascendentes.

 

¿Cuántos mensajes son hoy letra muerta y objeto de estudios sobre el mundo antiguo simplemente por “cultura general”?

 

¿Cuántos mensajes desconocemos porque simplemente se borraron de la historia y memoria humana mucho antes de que naciéramos a esta existencia?

 

La Torá no es un libro de genealogía, la Torá es un libro sabiduría y principios. Y aquí vemos claramente un principio, una gran idea: “Una generación a otra avanzan haciendo historia, hasta que se perfeccionan y están preparados para dar un siguiente paso”.

 

Pensemos: ¿Cuáles serán los desafíos para el futuro de Am Israel?

 

Algunos dicen que estamos esperando al Mashiaj, que cada milenio representa un día de la creación y que en el séptimo milenio veremos una era de paz y armonía entre todos los seres vivos, entre todos los pueblos.


Y para ello, faltarían todavía algunas generaciones, 7 o tal vez más.

 

¿Cuándo estaremos preparados para vivir todos en paz?

¿Y qué estamos haciendo para que algún día logremos eso?

 

Es curioso que al hablar de lo que nos parece tan lejano, al formularnos preguntas al respecto, finalmente las preguntas se tornen a nosotros. ¿Qué está haciendo esta generación por la próxima o las próximas?

 

Pensar y hablar del futuro nos pone inevitablemente en el centro de la conversación.

 

Ahora bien, ¿qué pasaría si nosotros somos esa “séptima generación”? Tal vez no en un sentido literal. ¿Pero por qué no? ¿No somos la generación de los grandes avances científicos, de los altos niveles de conocimiento y creatividad? ¿No somos la generación que crea vacunas rápidamente para salvar millones de vidas?

 

Y es aquí donde se conectan las siete generaciones con los siete días.

 

Para llegar a Moshé y al proyecto que él inspiró y lideró. Para llegar a Moshé y la concretización del sueño de la Tierra Prometida pasaron 7 generaciones. Número de generaciones que, dicho sea de paso, compartía con Aarón, su hermano mayor.

 

Aarón sin embargo necesitó de siete días «adicionales».

Misma generación, mismo nivel de desarrollo colectivo, pero necesitaba un conocimiento específico, una capacitación adicional, había un desafío en particular para él y sus hijos.

 

Y siguiendo esta lógica, podríamos decir que siete generaciones bastaron para el gran líder.

Pero Aarón necesitó siete días más para aprender correctamente a cumplir su misión.

 

Por su parte, los hijos de Aarón ya eran octava generación y todavía necesitaron 7 días más, igual que su padre.

 

Y así es también en la actualidad.

 

Todos estamos viviendo en la misma época, aunque pertenecemos a distintas generaciones. Y hay gente sin ética, valores, visión de futuro ni proyecto civilizatorio, sea de la generación del 40’, sea de la generación del 60’ o sea un “millennial”.  Personas que no descubren su misión, no entienden su rol en la sociedad y no piensan en nada que se relacione con desempeñar correcta y dignamente un rol.

 

Vivimos todos en la misma época, la misma época del tren bala, de los países cuyos ciudadanos acumulan decenas de títulos profesionales, en la misma época que le está doblando el brazo al cáncer, al VIH y B”H, al Covid-19.

 

Pero no es suficiente para todos.


Y esto no se debe a la maldad o bondad de una persona.

El que no encuentra su misión, no ve más allá de sí mismo y pareciera no comprometerse con nada ni nadie, sólo necesita dos cosas: un llamado y una capacitación.

 

Algunos todavía necesitan perfeccionarse, algunos todavía necesitan esos «siete días».

 

La relación entre las siete generaciones y los siete días, nos invitan a reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro, conectando todos los tiempos y generaciones, y asumiendo compromisos.


También es una invitación a unir los distintos niveles de conciencia, a fin de que existan entre nosotros liderazgos positivos, que inspiren a otros a encontrarse, superarse y capacitarse.

 

Durante nuestra vida recogemos, llevamos y legamos sabiduría y experiencias de todos los tiempos, hacia las próximas generaciones, tanto de la comunidad judía como de la sociedad en general.

 

Y aquí cabe preguntarse: ¿Con qué proyecto civilizatorio nos estamos comprometiendo? ¿De qué sirve haber llegado a este punto? ¿Cómo ayudar a los que todavía necesitan un poco más?

 

Estas preguntas son tan aplicables a la vida comunitaria como a nuestro rol en la sociedad en general, por tanto, dejo sus respuestas abiertas.

 

Ahora que nos encontramos en vísperas de Pésaj, quisiera recalcar el valor de la “transmisión”, conectando así los sietes de este comentario, con el Séder de Pésaj.

 

Recordemos lo que cada año leemos en la Hagadá: “Rabán Gamliel solía decir: Todo el que no explicó las siguientes tres cosas en Pésaj, no cumplió con su obligación: Pésaj, matzá y maror…”.

 

El Séder de Pésaj, por cierto, es el momento propicio para reunir todos los tiempos y comprometerse con un mismo proyecto, con una misma palabra, un mismo principio y valor: La libertad.

 

Rabán Gamliel habla de explicar, ¿explicar a quién? 

La respuesta es: A todos los comensales.

 

Y es que el Séder de Pésaj tiene enseñanzas para todos, hay partes o pasos especiales para que el hijo pregunte al padre y el padre responda al hijo. Y en situaciones normales, al menos 3 generaciones de judíos están sentadas a la mesa.

 

Los comensales en ese momento son una verdadera cadena y cada comensal es un eslabón. A su vez, cada mesa es un eslabón de una cadena más grande y es deber de todos que esa cadena nunca se rompa.

 

Naturalmente, esta reunión de tiempos, generaciones y visiones de futuro que nos provee el hermoso y revolucionario Séder, es una cosa muy íntima y muy nuestra.

 

¿Y cuál es la mesa en torno a la cual se debería sentar nuestra sociedad en general?

¿Cuál es la mesa en torno a la cual se debería sentar la sociedad internacional?

¿Cómo podemos aportar a la sociedad, llevándole un poco de nuestro Séder, un poco de nuestro modelo judío de reunir generaciones y tiempos, en aras de un futuro promisorio?

 

Que en este Shabat y en este Pésaj, tengamos el mérito de ser nosotros mismos la “séptima generación” y que ayudemos a quien lo necesite, para que tenga sus “siete días más» de capacitación, a fin de aprender a cumplir su misión. 

 

Que no perdamos de vista a la futura séptima generación a partir de ahora, sea literal o simbólica.

 

Y que podamos reunir tiempos y generaciones, a fin de darle firmeza y solidez a nuestro proyecto ético y civilizatorio, a nuestro mensaje milenario.

 

Que podamos inspirar al resto de la sociedad a comprometerse también con el destino de la humanidad, reuniendo tiempos y generaciones en torno a la mesa de la paz y la fraternidad.

 

Y finalmente, que todos tengamos el mérito de construir futuro, para Israel y la humanidad.

 

 

Shabat Shalom

Pésaj Kasher veSameaj

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