No todo tiempo pasado fue mejor y definitivamente, todos deberíamos procurar el valor de la gratitud, en vez de consentir en ocupar nuestras mentes con ideas de disconformidad. 

En la parashá de esta semana, el relato nos habla de una queja colectiva. El pueblo extrañaba los manjares y la abundancia de Egipto. Los ahora libres, otrora esclavos, extrañaban la tierra de la esclavitud. 

Por alguna extraña razón, la memoria colectiva falló. ¿Se olvidaron del peso de los trabajos forzosos o del peso moral que implica la tiranía? 

Dos cosas podemos decir al respecto: En primer lugar, que las personas tenemos una tendencia a la memoria selectiva o a los menos condicionada por nuestro estado de ánimo. En palabras de la profesora Nejama Leibovitz, siguiendo su exégesis, pareciera ser que el pueblo, de un momento a otro comenzó a recordar Egipto como una casa de veraneo. Cosa muy distinta a la realidad, por cierto.

¿Cómo un sólo momento de «antojo» podía llevarlos a tener tal lapsus?

Y segundo, de la mano de lo anterior, en referencia a esta memoria selectiva o memoria condicionada, también tenemos una tendencia a manipular nuestra historia. 

La psicología moderna presenta a la memoria selectiva como un mecanismo humano de sobrevivencia (en lo práctico), que termina alejando de nuestra mente aquellos recuerdos que nos causan dolor. Y en efecto, hay veces en que exageramos los sucesos pasados y a veces simplemente les bajamos el perfil. 

Cuando el pueblo dice que en Egipto tenían abundancia de tal o cual producto y que lo tenían “de balde”, pareciera ser el relato de un grupo de antiguos nobles Egipcios, que recibían sus raciones de comida diaria sin hacer esfuerzo, sin trabajar.  Nuevamente, esto estaba muy lejos de ser cierto. 

Esta parte de la parashá Behaaloteja a veces nos hace concluir que la ingratitud es un problema y que no se debe mirar el vaso medio vacío. Sin embargo hay aspectos mucho más profundos, vinculados al funcionamiento de la mente humana y la construcción colectiva de la memoria histórica, que podemos interpretar o al menos inferir. 

Trayendo esto a la actualidad, es muy común que las personas tengan conflictos con su pasado. Algunos exageran su postura de víctimas frente a aquellas cosas trágicas o dolorosas que experimentaron. Otros les restan tanta importancia, que hacen imposible culminar un proceso de sanación interior al respecto. 

En el fondo, ambas conductas: tanto querer volver atrás persiguiendo un falso recuerdo, como simplemente conformarse con lo que hay e intentar seguir caminando hacia adelante con esa actitud conformista, sin aspirar a más, son conductas inadecuadas si se pretende vivir una vida de equilibrio. 

No tiene nada de malo querer comer algo mejor, estudiar algo mejor, encontrar un trabajo mejor. Pero tampoco es bueno querer retornar a una zona de confort, menos aún si se trata solamente de una ilusión. 

Ambas posturas están vinculadas a la disconformidad con el presente, o un cierto grado de incomodidad con el presente. 

En cualquier caso, no es malo recordar, pero tampoco es sano pensar que todo tiempo pasado fue mejor. No tiene nada de malo recordar esos momentos que efectivamente nos hicieron felices, como decía Gabriela Mistral: “Recordar un buen momento es sentirse feliz de nuevo”. Pero debemos ser honestos. 

Tal vez un ejemplo de recuerdos positivos del pasado y de retornos, podría ser nuestra relación con el Creador. En nuestra tradición se conoce como “teshuvá” al acto de volver a D-s, retornar al camino de la fe y la confianza

Hay exilios de los que conviene volver y alejarnos de D-s es un exilio del cual conviene volver. La nostalgia que suele acompañar a la teshuvá es positiva, como decía el salmista: “Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar con nostalgia de Sión…” (T.137) 

Pero también hemos salido de otros contextos y espacios a los cuales convendría nunca volver, aún cuando aparentemente creamos que fuimos felices allí. 

En otras palabras, existe la felicidad y la ilusión de felicidad. 

Por otra parte, ahora relacionado al futuro, es bueno que la persona aspire a mejorar. Y esto no siempre tendrá que ser algo necesariamente material, también puede ser algo relacionado al crecimiento intelectual y espiritual. 

¿Pero cómo se puede crecer espiritualmente desde la incomodidad y disconformidad? 

El desafío es convertir la inconformidad en gratitud. 

En el fondo, doy gracias por el potencial que tengo de ser mejor persona, de crecer laboralmente, de ser un mejor estudiante, de vivir más comprometido con mi identidad y mi comunidad. Porque no todo pasado fue mejor y no todo presente es tan malo. Y finalmente, el futuro será tan bueno como lo que construyamos hoy.

Así como es conveniente que la persona sepa elegir sus batallas en la vida, también es bueno que elija conscientemente qué cosas añorar del pasado y qué cosas anhelar para el futuro. 

Hay quienes dicen que el deseo es la fuente del sufrimiento. Para nuestra tradición en cambio, el deseo – todo tipo de deseos – es un sentimiento totalmente natural en el ser humano. Y lo importante es reflexionar y estar conscientes de ellos, de manera tal que las ilusiones pasadas o futuras no nos nublen la vista y nos dejen sintiéndonos en tierra de nadie. 

El hecho de que el relato se sitúe en un desierto, entre el pasado, correspondiente a Egipto y el futuro, correspondiente a la Tierra de Israel, no es casualidad. 

Ese desierto es justamente el presente, así es el presente. Y cómo vemos o experimentamos este desierto, es una decisión nuestra, tanto personal como colectiva.

Alguien podría verlo como lo que es, bastante reseco, áspero y árido. Asustado, querría volver atrás o bien, se mantendría desconectado del presente, evadiéndolo y auto convenciéndose de que otro tiempo fue mejor. 

A su vez, alguien podría verlo como un lugar aceptable para sentirse conforme y decidir quedarse allí. Estos son los que han muerto en vida, como los que cayeron en el desierto y no llegaron a ver la Tierra prometida. 

Y así, otros entenderán que ese desierto no es su lugar y que ese pueblo de atrás tampoco lo es. Que simplemente se debe atravesar por la situación que venga, pasar lo que se deba pasar, vivir y experimentar lo que venga y toque, pero que la meta está allá en la Tierra de Israel, en ninguna otra parte. 

Todos tenemos un Egipto, un desierto intermedio, un Israel, una salida, un camino y un destino, todos tenemos exilios y retornos en esta vida. Lo importante es que vivamos conscientes de ellos y al igual que con este relato de la Torá, podamos tener el mérito de saber leerlos. 

En cambio, cuando no reflexionamos sobre lo que decimos y no tenemos control sobre nuestros pensamientos, terminamos afirmando falsedades y nos representamos realidades que no existen. 

La queja del pueblo en medio del desierto fue un rotundo intento de auto engaño colectivo. Y esto nunca es bueno, porque para construir nuestras vidas, debemos echar mano a la verdad. Abandonando el auto engaño, la auto compasión y el pesimismo. 

Que en este Shabat podamos conectarnos con nuestro presente, agradeciendo por el enorme potencial que tenemos de avanzar hacia mejor tierra. Que podamos entender que no todo retorno es bueno Y que el mejor retorno que podemos emprender en la vida es el retorno hacia D-s. 

Que nuestra inquietud e incomodidad se pueda transformar en gratitud, sin despreciar lo que tengo y lo que soy al momento de emprender un nuevo rumbo. Sino más bien que, valiéndome de eso, con un corazón resuelto, podamos mirar hacia el futuro con confianza. 

Que tengamos el mérito de ser personas equilibradas y resueltas.
Que podamos entendernos como parte de los tiempos, el resultado de todos los tiempos conjugados por el amor. 

Que podamos vivir sin falsos recuerdos, ni falsas expectativas. 

Y que tengamos el maravilloso regalo de poder ser honestos con nosotros mismos, con nuestra historia y con nuestra visión de futuro. 

En esta parashá leemos a Moshé decir: “¡Ojalá todos profetizasen!” (11:29) En su humildad, reconocía que el mérito de ser un visionario no era exclusivamente suyo. 

Moshé tenía nuevas y buenas ideas, miraba un buen futuro donde otros solamente veían tierra agrietada. Quiera D-s ayudarnos para tener también esta capacidad de ver futuro y tener esperanza donde otros sólo ven un paisaje reseco. 

Shabat Shalom, 
Shabat Shalom umevoraj.

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