Por: Leonardo David.-

Esta semana, el relato de la Torá nos muestra una profundización en el estado psicológico del pueblo. Vemos un repentino «síndrome de Estocolmo colectivo», empeorado por el pesimismo de personas que pasaron de ser espías a consejeros de facto. Y esto termina marcando el sentido más profundo de las líneas que vamos a estudiar.
 
Moshé instruye a un grupo de hombres, doce para ser más preciso, que se adelanten en el camino y vean qué hay en el lugar hacia el cual se dirigen. 
 
Tras cuarenta días, los espías retornan y la opinión mayoritaria es aplastante: diez de los doce entregan un balance totalmente desalentador. Aquí es interesante recalcar el plazo: cuarenta días. Porque generalmente en el lenguaje de la Torá, hablar del número cuarenta  es sinónimo de «probar» o «testear», lo cuál estaría indicando que el trabajo de los espías fue bastante exhaustivo. 
 
Y aquí, en el resultado de esta misión tan bien hecha, comienza a vislumbrarse sin embargo la disonancia cognitiva.
 
Para el psicólogo social León Festinger, la disonancia cognitiva consiste, a grandes rasgos, en una especie de tensión, falta de armonía o falta de congruencia interna en nuestro sistema de ideas, creencias y emociones, la cual percibimos cuando dos pensamientos entran en conflicto entre sí, en un mismo momento determinado, o bien, cuando mi comportamiento entra en conflicto con mis propias creencias.
 
¿Y cómo advertimos la disonancia en esta Parashá? Mientras sacan sus conclusiones, me reservo una respuesta para el final.
 
Esta semana, el texto nos permite analizar varios otros puntos interesantes, entre ellos:
 
1. El problema de sentirnos menos de lo que somos: Al respecto, leemos a los pesimistas en el Cap. 13:31 decir: “No podremos subir contra el pueblo, ya que es más fuerte que nosotros«. Referente a esto, el Midrash insinúa que este pesimismo en realidad era una señal abierta de falta de confianza en D-s. La palabra “mimenu”, además de ser traducida como “más fuerte que nosotros”, también puede ser traducida como “más fuertes que Él”, es decir, D-s.
 
Y en el fondo, cuando nos sentimos menos que los demás, estamos demostrando una falta de confianza en nosotros mismos, en D-s y en las capacidades que Él nos ha dado.
 
Mantener una sana auto estima y preferir ser optimista y alentador con uno mismo y con los demás, es otra forma de estar conscientes de D-s, expresándole nuestra gratitud.
 
2. La tendencia a magnificar los problemas genera depresión: En los primeros pesukim del capítulo 14, leemos que todo el pueblo lloró, se quejó y dijo cosas como: “Ojalá hubiésemos muerto…”
 
La gente creyó en la palabra de los pesimistas, se entristeció y comenzó a ver todo mal. Este es el escenario perfecto para decir cosas poco inteligentes o tomar decisiones poco inteligentes.
 
Aquí uno debería resaltar al menos dos ideas relevantes: No se debe dar crédito a todo lo que otros afirman y que es muy conveniente cuidarse de los temores infundados.
 
3. Cuando los doce espías están en tu cabeza: Entrando en un plano más personal, todos tenemos “voces internas” y algunas de ellas son bastante pesimistas. El problema es que, si les damos crédito, terminaremos aterrados.
 
Si el relato pareciera sugerirnos que, aún cuando alguien vio con sus propios ojos algo y dice que es malo, no deberíamos creerles de buenas a primeras. ¡Cuánto más deberíamos aprender a quitarle importancia a los pensamientos negativos! A diferencia de los doce espías del relato, nuestra mente definitivamente no ha visto nada, ni ha ido parte alguna, lejos de nosotros, como para saber qué pasará eventualmente en el futuro.
 
La peor espía mental e interna en este sentido podría ser la ansiedad, porque además de ser recurrentemente pesimista, generalmente habla de lo que no ve.
 
4. El camino de D-s es un camino de confianza: Finalmente es dable señalar que el tema central de la Parashá Shlaj es una profunda crisis personal y colectiva de confianza. Así lo apreciamos al leer los pesukim 37 y siguientes del capítulo 15, donde se nos ordena lo relacionado a los Tzitzit.
 
“Lo veréis, y recordaréis todos los preceptos de D-s y habréis de cumplirlos y no os desviéis en pos de vuestro corazón y en pos de vuestros ojos…”
 
D-s nos pide que recordemos que Él es nuestro D-s y nos pide tener cuidado con lo que vemos. ¿Y no fueron acaso los ojos de los doce espías, los que lograron engañar a diez de ellos?
 
No por casualidad al término de esta Parashá, D-s nos pone un recuerdo: “Para que recordéis… Yo soy Adonai vuestro D-s.”
 
En otras palabras, frente a la discordancia cognitiva y frente a una crisis severa de confianza, o un choque entre nuestra creencia en D-s y nuestro pesimismo práctico, D-s aplica la fórmula de invitarnos a recordar, nos enseña a recordar.
 
Cada vez que sintamos que todo va a salir mal, que nos deprimamos y pensemos que nada nos sale bien. Cada vez que hagamos generalizaciones absurdas y digamos frases tales como: “La vida no tiene sentido”, “Todo me sale mal”, etc. Hagamos el ejercicio que se nos recomienda en esta Parashá: recordar.
 
Siéntate cinco minutos, concéntratre y recuerda todas esas veces en que sí te ha ido bien, todas esas veces en que sí resultó.
 
Cada vez que alguien te entregue una especie de sentencia pesimista, recuerda que es sólo su percepción y que puede estar errada. Que el hecho de observar la realidad, no significa que nuestras conclusiones sobre ella sean siempre correctas y que definitivamente, los ojos pueden engañarnos.
 
Y cada vez que las voces pesimistas, vengan desde nuestra propia mente, piensen en que esos espías, a diferencia de los de la Parashá Shlaj, no han ido a ninguna parte ni han visto nada distinto a lo que ustedes mismos han podido ver. De consecuencia, no merecen un crédito mayor.
 
La confianza en D-s nos permite confiar también en nosotros mismos y en las capacidades que tenemos, porque Él nos las ha dado. Cuando vivimos, vemos y soñamos desde la perspectiva de la confianza, alcanzamos un grado de equilibrio espiritual más elevado. Cuando nuestras creencias y nuestros actos se fusionan, las cosas comienzan a verse con mejores ojos y el futuro comienza a parecer más alentador.
 
En cierta forma, cuando la persona es consciente del poder que tiene en su mano, por el sólo hecho de elegir la confianza, puede abrirse valientemente un camino hacia el futuro.
 
Lo contrario a este camino de confianza, como vimos en el relato, es el llanto y la queja. Una auto infantilización, en la cual, la persona se siente víctima de la vida y se compadece de sí misma.
 
Nosotros en cambio, como adultos y como judíos, tenemos la oportunidad de valorar nuestra tradición y cultura, valorarnos a nosotros mismos y desde esa apreciación positiva, pensar en el futuro, ese futuro que estamos construyendo en este preciso momento. 
 
Que tengamos el mérito de construir futuro desde la confianza, como personas adultas y resueltas.
 
Shabat Shalom,
Shabat shalom umevoraj.

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