Por: Leonardo David.-


¿Qué tiene de malo rebelarse? ¿Qué tiene de malo formar un nuevo partido político?¿Qué tiene de malo escindirse? ¿Qué tiene de malo levantar un nuevo liderazgo, formar una nueva comunidad, abrir un nuevo espacio, separarse, etc?

Kóraj bien podría haber quedado registrado en esta Parashá como un visionario. 

Pero el texto insinúa otra cosa y la exégesis se ha encargado de perfilar psicológicamente a Kóraj como una mala persona.

De hecho, rara vez he leído algún argumento a favor de Kóraj.

Todo eso mientras, por otra parte, en esta misma Parashá, Moshé nos da un ejemplo de humildad. 

Primero, en el pasuk 6 del capítulo 16, Moshé reconoce que Kóraj ha convencido gente, que ganó seguidores y que tiene, en definitiva, un proyecto propio cuando dice: “Tomen incensarios, Koraj y toda su congregación”.

Luego, en los pesukim siguientes, Moshé acepta poner a prueba su propio liderazgo.
Y como sabemos, cosa tal, un soberbio jamás lo permitiría.

¿Cuál es nuestra tolerancia a la crítica? ¿Estamos dispuestos a ponernos voluntariamente a prueba frente a los comentarios despiadados que podría proferir en nuestra contra una persona que está convencida de que no merecemos la posición que ocupamos en la sociedad, en nuestra comunidad, en nuestra familia o en nuestro trabajo?

Y si bien el relato no oculta la molestia y furia de Moshé por esta incómoda situación, lo cual es una reacción bastante normal y natural, finalmente vemos a un Moshé que, a pesar de la incomodidad, acepta un desafío.

La zona de confort de Moshé era su llamamiento Divino y podría haberse refugiado en ello para, sin tener que dar muchas explicaciones, aniquilar inmediata y automáticamente a sus detractores.

De hecho, esa posibilidad no nos debería sonar extraña, porque hasta poco tiempo atrás, esta todavía era una forma muy habitual de “resolver” el asunto de la disidencia, empleada por líderes tiranos por ejemplo.

Sin embargo, hacia el final de este capítulo, vemos un hecho asombroso, que en lo personal, me parece profundamente simbólico. Así leemos en el pasuk 32: “Abrió la tierra su boca y los tragó a ellos y a sus casas y a todas las personas que eran de Kóraj y todos los bienes (de ellos).”

El peor castigo para este movimiento fue desaparecer. Y esta es la peor condena para los malos proyectos: desaparecer, extinguirse, dejando tras sí apenas un mal recuerdo.

Cabe preguntarse ahora: ¿Y por qué el proyecto de Kóraj estaba destinado a la desaparición?

Esto no es fácil de responder a priori, en primer lugar, porque la Torá omite muchos detalles con los cuales habría sido interesante contar, entre ellos, no nos cuenta cómo llega Kóraj a convencer a tanta gente. ¿En qué momento ocurrió? ¿Cuántas convocatorias hizo a espaldas de Moshé? ¿Cómo logró planificar todo?

Al parecer, a la Torá no le molesta que se haya generado un nuevo grupo.

Tampoco le molesta que Kóraj se haya posicionado en cierta forma como un nuevo referente en el pueblo. Lo que le molesta, indudablemente, son las intenciones de Kóraj.

Kóraj veía un botín donde Moshé veía una enorme responsabilidad.

Kóraj veía “su lugar”, donde Moshé veía “el lugar que le confiaron para servir al pueblo”.

Kóraj anhelaba llegar a un puesto de poder para desde allí implementar sus ideas, puesto de poder que ya estaba ocupado por un hombre que priorizaba al pueblo y actuaba por inspiración Divina.

Y finalmente, Kóraj sentía que podía comprometer la paz del pueblo por perseguir su objetivo.

Definitivamente, Kóraj tiene merecida la etiqueta de irresponsable y obstinado que le ha puesto la tradición y la etiqueta de populista o demagogo que le han puesto nuestros exégetas.

Volvamos al punto inicial: No tiene nada de malo tener una nueva forma de ver las cosas y tener un proyecto para implementar una nueva forma de hacer las cosas. 
El tema de centro en esta Parashá, son las intenciones.

Si Kóraj hubiese tenido razón y además de eso, hubiese actuado con prudencia, responsabilidad y respeto, es probable que la historia no hubiera sido la misma.

Kóraj actuó solamente usando estrategias y echando mano a su astucia. 

Y al parecer, la Torá prefiere al prudente que al astuto.

En general, la Biblia no es reacia a la idea de que surjan nuevos líderes y que antiguos líderes desviados de su rol sean reemplazados. Shaúl fue reemplazado por David HaMélej. Pero David siempre esperó su turno.

En todo grupo humano, los Kóraj son peligrosos, porque intentan llegar a los puestos de poder por vías inadecuadas, comprometiendo así la unidad, el sentido de comunidad y la convivencia pacífica.

Por eso, la Torá pareciera no desgastarse en contradecir el discurso de Kóraj, dejándole esa tarea a Moshé. Sin embargo, es terminantemente clara al señalar el destino inevitable de los proyectos y discursos como el de Kóraj y presenta esta situación como una consecuencia necesaria y razonable.

En efecto, no necesitamos difamar ni intentar anular a otro para tomar una posición determinada en la vida. 

Y siempre conviene recordar que los líderes comunitarios deben actuar «por el Nombre del Cielo» (Pirkei Avot 2:2), no por otros intereses menos elevados. Porque la prioridad es la paz y estabilidad de la comunidad, el interés colectivo, por sobre los intereses personales.

Tenemos derecho a disentir, claro está y también tenemos derecho a formular críticas constructivas y a querer generar nuevos espacios e instancias. 

Pero para ello, no necesitamos comprometer la paz de todos.

El que intenta hacerse de la posición de otro, mediante la difamación y la crítica despiadada, debe saber que el destino de su obra es la desaparición, incluso si se logra hacer del poder.

Porque lo mal habido no puede perdurar en el tiempo.

Que seamos capaces de ser siempre un aporte a la vida comunitaria, que nuestras palabras sean constructivas, que nuestra opinión sea siempre responsable, en aras de la unidad y que nuestro servicio a la comunidad sea siempre “por el Nombre del Cielo”.

El respeto está por sobre la astucia.

Construir con base en la verdad, es más valioso que el oportunismo.

Y para ser respetados, se necesita más prudencia que audacia.

Que tengamos la capacidad de tener estos consejos en mente cada vez que nos enfrentemos a una crítica infundada en nuestra contra y más aún, cuando seamos nosotros mismos los que, en algún momento de la vida, sintamos deseos de hablar más de la cuenta, comprometiendo el bienestar de todos.

No se trata sólo de ejercer nuestro derecho a opinión, sino también de saber ejercerlo responsablemente. 

No se trata sólo de nuestro derecho a manifestar una crítica, sino de también de tener la sabiduría en lo referente a cómo, cuándo, dónde y para qué emitirla. 
Ciertamente, se requiere sabiduría para contribuir positivamente en la construcción de  proyectos duraderos y estables.

Es necesario que tengamos control de nuestros impulsos al momento de decir y afirmar cosas, como dicen nuestros sabios en el Talmud: ”Si una palabra vale una moneda, callarse vale dos”. (Meguilá 18a)

Un poco más de reflexión en Kóraj, un poco más de control sobre sus palabras.
Y un poco menos de astucia y oportunismo, habrían cambiado radicalmente el resultado de esta historia.

Al igual que Kóraj, todos las personas construimos nuestro futuro con cada acción y palabra del presente.

Que seamos capaces de mejorar nuestro futuro, al tener un mayor cuidado con la forma en que nos estamos conduciendo en el presente, a fin de que el fruto de la obra de nuestras vidas sea duradero y se mantenga sobre tierra firme.

Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.



Spread the love