Por: Leonardo David.-

En la parashá de esta semana, Moshé nombra a su sucesor. Ioshúa Bin Nun será finalmente el responsable de introducir al pueblo de Israel en la tan anhelada Tierra.

Según una explicación metafórica del Pasuk 18 del Capítulo 27, cuando D-s indicó a Ioshúa como el líder de la continuidad, expresó: “Toma a Ioshúa, quien es un héroe como tú…” 

Nuestros sabios le dan esta lectura a la expresión de la Torá: “Un hombre imbuido de espíritu…”, (o un hombre sabio), lo que hoy también podríamos expresar como: “Un hombre sumergido completamente en la Torá.”

¿Y cuál es la relación entre la vida de Torá, la sabiduría y el heroísmo?

La relación se da cuando vemos la Torá como una fuente, en cuyo estudio adquirimos sabiduría suficiente para transformarnos en personas comprometidas. Como dice el Talmud: “El estudio de la Torá es equivalente a la suma total de todas las otras mitzvot.” (Shabat 127a).

Quien estudia y vive la Torá, recibe más que un simple conocimiento sobre antiguos relatos. En realidad, se torna sabio con el tiempo y recibe el mérito de ser portador de dicho conocimiento.

Ese es el heroísmo. Y cada judío tiene la posibilidad de ser un héroe en este aspecto.

¿Qué habría sido de nuestra historia sin continuadores? ¿Qué sería de nuestra historia, sin esas personas que asumieran la responsabilidad de transmitir la tradición judía a la siguiente generación?

Ahora, el punto es que para transmitir se necesita primero aprender, luego podemos enseñar  y así liderar, cada cual desde su posición, por ejemplo: en el hogar o en la comunidad. 
Esta relación entre el estudio y la enseñanza está bien expresada por el Talmud, cuando señala: “Rabbi Akiva dice… Si uno estudió Torá en su juventud, debería estudiar más Torá en su vejez; si tuvo alumnos en su juventud, debería tener alumnos adicionales en su vejez.” (Yevamot, 62b)

Ciertamente Ioshúa aprendió. 

Estaba totalmente sumergido en Torá, ¡y permanecía siempre cerca de Moshé!

Una persona que mira y aprende, una persona que absorbió completamente la tradición y ahora tendría la responsabilidad de transmitirla.

Ahora bien, no todo es academia y rabanut. ¡Podemos tener muchos maestros si logramos mirar con atención los buenos ejemplos, rodearnos de personas estudiosas y escuchar a los que tienen más años o experiencia!

Por otra parte, en el relato vemos que no es Ioshúa el que se ofrece a desarrollar esta noble labor. Es D-s el que, una vez estando todo listo, lo elige.

Así también, en nuestro caso, aunque no elijamos este deber, es la vida misma y la situación actual de nuestras comunidades, lo que en definitiva nos impulsa a asumir el compromiso.

No buscamos liderar, pero terminamos siendo líderes cuando inspiramos a otros con el ejemplo y con la participación activa, cuando ayudamos a otros, damos consejo, etc.

Todos somos Ioshúa, porque hemos recibido una cultura maravillosa como legado de centenares de generaciones que asumieron el desafío en su momento. 

Hoy nos toca a nosotros, es la ley de la vida, no es algo que buscas, es algo que te encuentra.

Y así vemos actualmente por el mundo a miles de estudiantes de Torá por todas partes , algunos cursando un programa rabínico, otros estudiando un diplomado en educación judaica y  también ese grupo de jóvenes que se reúne en la comunidad a estudiar la Parashá o conversar sobre algún tema de la contingencia, tanto de la diáspora como de Israel. 

Estamos en una época auspiciosa, donde hay más judíos comprometidos que nunca y eso es bueno, pero aún no es suficiente.

Nunca será suficiente, cuando de la permanencia del pueblo Judío se trata.

Necesitamos más buenos alumnos que luego se transformen en maestros.

Necesitamos más liderazgos nuevos, juveniles y dinámicos.

Y definitivamente, necesitamos más compromiso.

Cuando nuestros sabios se refieren a Ioshúa como “un héroe igual que Moshé”, nos quieren recordar que todo líder debe ser generoso al permitir que los demás desempeñen sus habilidades en la comunidad. No somos los únicos que sabemos hacer tal o cual cosa, o que podemos hacer bien tal o cual cosa. También hay otras personas.

Cuando le damos su espacio a esas “otras personas talentosas”, a esos otros “héroes”, entonces pueden surgir en forma natural los nuevos liderazgos que finalmente permitan continuar con la misión de mantener viva la llama del judaísmo en nuestras comunidades, en las familias y en el corazón de cada judío y judía.

La historia corre, una generación sucede a la otra y esta es la ley de la vida.

Y es justamente de una generación a otra que transmitimos el mensaje del Sinaí, leDor vaDor.

Que en este Shabat podamos reflexionar sobre la importancia de nuestro compromiso. ¿Cómo vamos a legar lo que hemos recibido a la siguiente generación?

¿Cómo podemos permitir que todos desarrollen al máximo sus capacidades al interior de nuestras comunidades? 

¿Cómo puedo aportar a la continuidad?

Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.

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