Por: Leonardo David.-

En la parashá de esta semana, vemos a Moshé haciendo uno de sus últimos esfuerzos por sanar la historia del pueblo Judío, reforzando el surgimiento de una nueva conciencia y asegurando así el destino de Am Israel.

Una generación completa ha ido cayendo en el desierto, la generación de la salida de Egipto está en la tumba, o muy próxima a ella, como el mismo Moshé.

El anciano sabio que ha desempeñado hasta ahora los más diversos cargos: profeta, legislador, juez, gran estratega militar, padre de todos, alma del pueblo, la conciencia moral de la sociedad, ahora además se nos presentará como todo un Psicólogo, un sabio y atento terapeuta.

En el primer pasuk del sexto capítulo del Libro de Devarim, vemos que Moshé condiciona la entrada de esta generación al futuro, la entrada de sus oyentes en la tierra anhelada, al cumplimiento de los preceptos y leyes Divinas.

Constantemente vemos a Moshé decir durante esta Parashá: “Recuerden… No se olviden.”

Curiosamente, les dice estas palabras a la nueva generación, cosas que seguramente los más jóvenes no vieron. 

¿Estaba esta nueva generación en la salida de Egipto? ¿Estuvo en el Har Sinaí recibiendo la Torá?

Tal vez, este recordatorio, esta repetición de la Torá se debe justamente a que la generación del desierto, los padres de estos jóvenes oyentes, no cumplió cabalmente con su rol educador y Moshé ha venido a suplir esta carencia como buen líder en esta parashá.

En los psukim 2 y 3 del capítulo quinto, Moshé le recuerda a sus oyentes que hay un pacto vigente: “No solamente con nuestros padres  … si no con nosotros: nosotros los que estamos vivos aquí hoy.”

Frente a estas palabras de Moshé, uno se pregunta el por qué de la insistencia y qué razones más allá de las educativas podría tener todo este inspirado discurso.

En Psicología moderna, se conoce como “Patrones Familiares” al conjunto de pensamientos y conductas que parecieran transmitirse de una generación a otra, afectando a una familia por generaciones. Asunto que de una u otra forma, repercute para bien o para mal en una determinada sociedad o cultura. 

Estos patrones pueden ser funcionales o disfuncionales. 

Serán funcionales cuando se ajusten a la norma socialmente aceptada, a lo esperable. Y serán disfuncionales si no se ajustan a ello y además producen efectos negativos en la persona y en su familia o bien, afectan la integración de esta persona y su familia a la sociedad.

Un patrón familiar disfuncional podría ser la violencia intrafamiliar, sabemos que donde hubo un abuelo maltratador, podría haber un nieto maltratador. O una madre maltratada y una hija maltratada.

Moshé era consciente de que la reiterada indisciplina y deslealtad del pueblo en el desierto, podía transformarse en un patrón familiar en el seno de cada familia o clan, hasta convertirse en un patrón social transversal y pernicioso, que pusiera en riesgo la continuidad del pueblo Judío.

Es por esto, que en esta Parashá pareciera haberse propuesto cortar con eso, desarraigar la deslealtad del sistema de creencias de sus oyentes, invitándolos a reflexionar sobre la importancia del pacto.

Esto podría explicar por qué Moshé les asegura que no entrarán en la buena tierra si actúan como sus padres. Si repiten el patrón, atraerán los mismos problemas que sus padres tuvieron y experimentaron. Problemas que de hecho, se alejaban totalmente de las bondades y buen pasar de los cuales gozarían más allá del Iardén si lograban cortar con los viejos patrones.

Por el contrario, les invita a convertir sus pensamientos en buenas acciones, los insta a conocer las mitzvot y practicarlas, acompañando esto de una memoria histórica firme, sólida y activa, a fin de armonizar y equilibrar los pensamientos, emociones y acciones, convirtiendo ese “todo armonioso” en un patrón, un patrón familiar ahora funcional, el cual a su vez lograse llegar a instalarse como un patrón social positivo. 

La idea era que, en la medida en que cada uno asumiera personalmente el compromiso y viviera conforme a eso, finalmente llegara a legar a la posteridad no sólo un ejemplo sólido, sino además un renovado sistema de creencias y un nuevo estado de conciencia: una conciencia libre, una conciencia propia de una persona libre.

Y este llamado era muy íntimo y personal, por eso leemos en el capítulo cuarto: “Solamente guárdate a ti mismo, guarda mucho tu alma…” Una forma hermosa de invitarnos al autoconocimiento, crecimiento personal y sanación, lo cual, sin lugar a dudas, tendría efectos positivos en el futuro de todo el pueblo.

Moshé invita al pueblo a recordar de dónde vienen, a aprender de la historia de sus padres, recordando la emoción de momentos históricos claves, a fin de rescatar lo bueno del pasado, los buenos ejemplos y vivencias, cortando a su vez  con esos desaciertos, errores, horrores y dolores del desierto, previniendo que se transformen en costumbres difíciles de desarraigar.

En esta parashá, Moshé, hace una auténtica terapia colectiva y entre líneas les explica a sus oyentes y a nosotros, la gran diferencia entre la mentalidad de quienes no nacieron libres y la mentalidad de la generación que nació libre y que ahora estaba a poco de entrar en la tierra prometida, en el futuro del pueblo de Israel.

No sólo debían mantenerse libres recordando la liberación de Egipto, además debian liberarse de la conciencia esclava, la vieja conciencia y de esa forma, estar preparados para asumir el nuevo desafío que implicaba conquistar el futuro.

Gracias a esto, nosotros continuamos estudiando y recordando la historia de nuestros antepasados, aprendiendo de ellos.

La Torá ciertamente no es un libro de superhéroes. De hecho, nos muestra a nuestros patriarcas en una forma tan humana, que es imposible no sentirnos cercanos a elos, es imposible no sentirnos identificados con algunos pasajes de sus vidas, con lo que se relata sobre ellos, sean estos pasajes luminosos u obscuros. Porque, naturalmente, el libro de nuestras vidas también tiene de lo uno y lo otro.

Estudiamos para identificar los errores del pasado y evitarlos en nuestra propia vida. Estudiamos para cortar patrones disfuncionales y reemplazarlos por patrones funcionales, que queden para bien a la postre, no sólo en nuestras familias sino también en el futuro de la comunidad judía y de la sociedad en general.

Que en este Shabat podamos apreciar también nuestra historia familiar personal, identificando los desaciertos que condujeron a nuestros predecesores a micro desgracias familiares o personales, viendo qué podemos aprender de ello y cómo podemos evitar la repetición inconsciente. 

Ser libres implica construirnos a nosotros mismos en forma independiente, identificando cuál es nuestra verdadera esencia y separándola de las personalidades que otros nos construyeron, en casa o en la escuela y que no siempre son buenas.

Tomar lo que tenga el potencial de ser bueno para nuestra historia y dejar de lado lo que no resulta tan adecuado.

Seleccionar qué es lo que nos vamos a llevar a nuestra tierra prometida, a nuestro futuro, a nuestro “más allá del Iardén” y qué es lo que definitivamente debe quedarse en el desierto, en el pasado.

Esta es una forma de sanarnos, sanar nuestros vínculos e historia, sanar nuestra herencia emocional y así, estar verdaderamente libres y dispuestos para conquistar el futuro y hacerlo nuestro.

Que tengamos todos este mérito, que  sepamos deconstruirnos y reconstruirnos, aunque sea difícil.
El arte más difícil, es el de conocerse a sí mismo. El trabajo más difícil es el personal, es trabajar sobre uno mismo, en el mejoramiento personal.

Y plenamente consciente de esta realidad, Moshé, nuestro Rabino y Maestro, nos entrega las herramientas necesarias en esta Parashá, para que podamos tener éxito en ese cometido. 

Que sepamos todos usar estar herramientas, todos podemos ser mejores personas, no estamos condenados a repetir los errores del pasado, podemos transformarnos, podemos crecer y avanzar hacia el futuro con una nueva concienca, una nueva mentalidad.

Todos podemos lograrlo siguiendo el ejemplo de Moshé, que asciende a la montaña para ver “esa tierra”, ver el futuro, mientras analizaba el pasado y el presente. Para tener esta capacidad de análisis, indudablemente tenemos que elevarnos.

Que todos tengamos éxito en aquello, es mi buen deseo para ustedes en este Shabat.

Shabat Shalom,
Shabat Shalom uMevoraj.

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