Por: Leonardo David.-

En esta parashá, Moshé invita al pueblo a entender la importancia del equilibrio en nuestras vidas: “No sólo de pan vive el hombre, sino de la palabra de D-s…” (Deut. 8:3)

Nuestra ocupación cotidiana no debe ser exclusivamente ganar el sustento (parnasá), también debemos procurar el trabajo interior, el trabajo en el mejoramiento personal y en la construcción de la paz.

¿Cómo equilibramos estas cosas?

Lo primero es entender que no son caminos separados. Cuando entendemos a D-s como la unidad del universo, donde Él es todo y todo es Él, vemos a D-s en nuestras relaciones interpersonales, en la naturaleza, en el trabajo, en cada momento.

Los judíos santificamos el tiempo y santificamos la vida cotidiana.

Actos totalmente habituales y de la vida cotidiana, son elevados con brajot. Y también las mitzvot consisten prácticamente en actos absolutamente normales, realizables.

La capacidad de transformar lo ordinario en extraordinario, lo material en espiritual, es algo propio de nuestra tradición y cosmovisión.

No se trata de tener un cronograma diario que marque tiempos de rezo, estudio de Torá y de trabajo. Va más allá de eso.

Incluso en los momentos en que no estamos rezando ni estudiando Torá, tenemos la oportunidad de elevar nuestro quehacer. De hecho, ese es el desafío. 

Hacer negocios con ética, amar a nuestras familias, ser diligentes en el servicio a otros, hacer voluntariado, ser cordial en el trato con nuestros vecinos, etc. En cada momento podemos vivir una vida plena, con sentido, una vida inspirada en las enseñanzas de D-s y de nuestros sabios.

Gánate el sustento, emprende, crece, aprende algo nuevo, disfruta de un buen libro, come bien, adquiere un auto nuevo, compra, vende, has plantillas en excel organizando tu negocio, vístete dignamente, decora tu hogar… Pero hazlo como judío, con gratitud, bendiciendo.

Entendiendo que las cosas, casas, negocios y actividades, son un medio para alcanzar un bien superior. Una parte de nuestra vida, no nuestra vida misma.

Definitivamente es un tema de actitud hacia la vida.

El pueblo que alguna vez fue esclavo y cuya máxima aspiración en la vida era simplemente vivir para trabajar, hoy trabaja para vivir y entiende la importancia tanto del trabajo material, como del trabajo espiritual y aprende a elevar el trabajo material, de manera tal que lograsen estar todo el tiempo envuelto en la kedushá.

Una espiritualidad práctica, no reservada a un grupo de sabios y sacerdotes místicos. Una vivencia cotidiana, una verdadera experiencia de vivir en tiempo presente, haciendo presencia activa, tomando la iniciativa, las riendas de nuestra propia vida y construyendo así un futuro auspicioso, personal y colectivamente hablando.

Como dice el salmista: “Feliz el que teme a D-s y sigue su camino. Cuando comas de la labor de tus manos, feliz serás, te irá bien.” (128)

Esto nos recuerda que no todo medio es válido para alcanzar sustento. La invitación al éxito nos impone el desafío de alcanzarlo por medios éticos y moralmente aceptables.

Piensen en lo siguiente: No basta la inteligencia sin ética. ¡La cárcel está llena de personas inteligentes!

Moshé nos invita al camino de la sabiduría, de la búsqueda constante del equilibrio, a darle sustancia a nuestra vida, a darle sentido a nuestro quehacer.

Por eso nos encomienda insistentemente aprender, recordar y practicar las mitzvot, en resumen, estudiar Torá, la cual, como cantamos al cierre de cada servicio de Torá en la sinagoga: “Es árbol de vida para quienes la abrazan…” (Prov. 3:18)

Que tengamos el mérito de abrazar cada día la Torá, llevando su mensaje ético y civilizatorio de paz y justicia con nosotros, dondequiera estemos, viviendo sus consejos y enseñanzas en la vida cotidiana, de manera que todo nuestro quehacer y el fruto de nuestro trabajo sea digno.

El tema no es que ganes sustento, sino cómo lo ganas. No es tanto lo que haces, sino cómo y por qué lo haces. Esto requiere un ejercicio profundo de reflexión. Moshé lo sabía, por eso se toma su tiempo y desarrolla estas ideas en un discurso extenso, vibrante, apasionante y conmovedor.

Que en este Shabat podamos reflexionar sobre la importancia de adquirir sabiduría, de encontrar puntos de equilibrio en nuestra vida, de hacernos el tiempo para desarrollar al máximo todas las áreas de nuestra vida personal, familiar y comunitaria. Y sobre todo, que nuestro quehacer esté inspirado y motivado por la ética y los valores de la Torá, fluyendo desde ella, materializando así su bondad con actos de respeto, amor y misericordia en cada paso que demos, a fin de “rectificar el mundo, en los valores del Reino de D-s” (Aleinu).

Es mi sincero anhelo.

Shabat Shalom,
Shabat Shalom uMevoraj.

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