Por: Leonardo David.-

En el capítulo 15 del libro de Devarim, puntualmente en los psukim 7 y 8, leemos: “Cuando hubiere alguien necesitado entre tus hermanos… no endurecerás el corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano. Abrirás tu mano y le prestarás lo suficiente para satisfacer lo que necesita.”

A renglón seguido, nos advierte para que no nos dejemos vencer por la maldad, mirando con malos ojos a los que necesitan y optando por no darles.

Sin embargo, si analizamos estas palabras en el contexto de la Parashá, hay algo muy interesante que se deja ver entre líneas.

Reé (ראה) significa literalmente “Mira” y así comienza la Parashá diciéndonos: “Mira, Yo pongo ante ti la bendición y la maldición” (11:26) Dos caminos, dos opciones, como dar o no dar. Lo cual es imposible de leer sin comenzar a sentir de inmediato el peso de la responsabilidad.

Sin embargo, eso no es todo. Hay una sutileza de palabras que torna nuestra responsabilidad en un desafío aún mayor.

Si nos remitimos al cierre de esta Parashá, nos encontramos con el pasuk 16 del capítulo 16, donde se nos dice: “…tres veces al año se verá a todos tus varones en presencia de Di-s tu Señor en el lugar que Él elegirá”, estableciendo así el deber religioso de “ascender al Templo” en las festividades que exigían la participación en estas peregrinaciones anuales. (Shalosh Regalim)

En el pasuk anteriormente citado, para referirse a lo que Rashi traduce como: “se verá…”, se utiliza la palabra “Iraé” (יראה) que también podría interpretarse como “déjate ver, haz que (los demás) te miren”.

Tal vez así suene un tanto pretencioso y egocéntrico, pero no es la finalidad del pasuk entendiendo el contexto. De hecho, es algo muy sensible, porque “Iraé” está vinculada con la palabra “Yiráh” (Temor, entiéndase «Temor de Di-s»), por lo cual en cualquier caso, estamos hablando de una actitud piadosa que se espera de una persona que actúa con fines elevados.

Y aquí está la reflexión que les quiero compartir en este Shabat.

Como en muchas otras cosas, como en la vida misma, tenemos dos caminos frente a nosotros: elegir la acción o la indiferencia.

Y tenemos siempre libertad de decidir, pero también tenemos toda la información necesaria para saber distinguir entre lo que es adecuado y lo que no lo es, lo que producirá buenos resultados y lo que no producirá esos efectos.

Naturalmente, se espera que optemos por el camino de la vida, es decir, que nuestras acciones generen condiciones para la vida y no al revés.

Y cuando libremente tomamos esta decisión de hacer el bien por amor al bien mismo, en cada aspecto de nuestra vida, también se espera que seamos capaces de ser vistos, no por ego, sino como inspiración.

¡Cuánta inspiración necesita nuestro mundo!
¡Necesitamos buenos ejemplos!
¡Necesitamos convertirnos en el buen ejemplo!

Esta Parashá encierra una verdadera perla de sabiduría entre letras. El ejemplo de los que eligen el bien, de los que “ascienden” (se elevan) es una inspiración poderosa para el resto de los que observan. Y sí, siempre hay quienes nos observan. Nuestro ejemplo es determinante para el resto de los miembros de nuestra familia, nuestro círculo de amigos, nuestro entorno laboral o de negocios y nuestra sociedad en general.

¿Y cómo puede contribuir tanto al mundo que ayudemos a otros?

La célebre antropóloga Margaret Mead, nos lo explica mejor: “Ayudar a alguien a atravesar la dificultad, es el punto de partida de la civilización”.

Sí, la civilización es en cualquier caso “ayuda comunitaria”. Moshé estaba consciente de aquello y nosotros debemos estar conscientes también.

La solidaridad y la justicia social son las bases de la civilización. Y aunque en algún momento, en un mundo pequeño donde convivimos solamente con nuestros pares, se trataba de ayuda entre Judíos. Hoy en cambio vivimos en una sociedad global, interconectada, grande, con sobrepoblación incluida. Y nuestra responsabilidad se ensancha con el mundo mismo. 

Así las cosas, tenemos el deber de continuar con el proyecto civilizador de Moshé, universal, abierto, solidario e inspirador. Donde cada cual asuma su responsabilidad para con su prójimo, sin afanas egoístas ni egocéntricos, por amor al bien, asumiendo un compromiso con la Torá y los valores del Reino de D-s en esta sociedad, en el Siglo XXI.

Podemos imitar a Di-s, el cual, como dice el salmista: «Abre su mano y satisface las necesidades de todo ser viviente…» (T. 145)

Que tengamos el mérito de ser conocidos por nuestra solidaridad y nuestro compromiso activo con la justicia social. Aportando una cuota de inspiración al mundo en el que vivimos.

Nuestro desafío es escoger el bien e inspirar a otros a hacerlo.
Un gran desafío, que sin embargo merece todos los esfuerzos. 

Que sigamos construyendo futuro, inspirados en la Sagrada Torá y que seamos capaces de aumentar nuestra generosidad.

Shabat Shalom,
Shabat Shalom uMevoraj.
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