Por: Leonardo David.-

Al final de esta Parashá, encontramos unas indicaciones sobre la tala de árboles. Moshé advierte al pueblo a no dejarse vencer por la ira y pensar en un futuro sustentable: Cuando asedies una ciudad muchos días… para tomarla; no habrás de dañar su árbol…” (20:19)

Moshé entiende que en tiempos de guerra, cuando la irracionalidad impera, el hombre exterioriza una tendencia a destruirlo todo, incluso su fuente de sustento y vida.

Y si bien, el capítulo 20 que estamos comentando, enuncia principalmente leyes de comportamiento humanitario en el contexto de confrontaciones bélicas, se deja ver entre líneas una lógica de protección medioambiental.

Rashi, comentando el pasuk 19 de este capítulo, nos hace reflexionar sobre la importancia de “separar las cosas”. ¿Por qué deberías destruir ese árbol?, se pregunta (nos pregunta) y con esto, refuerza la invitación a no dañar el medioambiente por propósitos como la guerra.

La guerra, es la parte más dura de la lucha por intereses, principalmente, económicos.

Digo esto porque, incluso si un país está exigiendo territorio, lo que en realidad está reclamando es la capacidad de explotar y producir que le daría dicho territorio y por regla general, nadie reclama para sí tierras infértiles y desoladas, justamente porque no les resultan atractivas desde un punto de vista económico.

Y también hay otra parte, menos dura, pero más habitual de esta lucha económica: la guerra de la productividad, esa competencia entre potencias que están todo el tiempo atacándose abierta o discretamente, con “armas sorpresa” de tipo económico, todo el tiempo están peleando en la bolsa, compitiendo por tener más aliados, un juego bastante poco caballeroso, donde la obsesión es generar riqueza.

Y en principio, la Torá reconoce que estos afanes, aunque generalmente irracionales, son muy humanos, son en cierto modo “normales”. Pero nos advierte contra el exceso.

En cierta forma, esta parashá nos señala que la idiotez humana debe necesariamente conocer un límite: “Haz lo que quieras, afánate por lo que quieras, pero no destruyas el mundo en el que vives, eso ya es demasiado.”

Una idea que rescato de la interpretación de Sforno es: “La destrucción no debe ser gratuita”, es decir, requiere obligatoriamente una justificación. Y con esto en mente, nuevamente volvemos al punto anterior, porque a fin de cuentas, es la misma Torá la que da un guiño al activismo medioambiental, cuando lo que nos quiere decir es: toda destrucción requiere una justificación, pero el daño al medioambiente no tiene justificación alguna.

Es por esto que prohíbe usar árboles frutales para construir fuertes, torres y armas.

Estas palabras son fuente de una verdadera conciencia ecológica: La Torá reconoce que el hombre depende de la vida de los árboles, de la preservación de su entorno natural, que el uso de estos recursos debe ser racional y que debemos tener una perspectiva de sustentabilidad, pensar en el futuro.

¿Se ha destruido el medioambiente en nuestros días a causa de la guerra? ¡Obviamente! Diversos estudios demuestran el impacto medioambiental negativo que produjeron la Primera y Segunda Guerra Mundial, recuerden el caso del bombardeo atómico a Hiroshima hace 76 años.

Y así, vemos que las palabras de Moshé siguen teniendo sentido miles de años después: No hay justificación para dañar el árbol frutal. No hay justificación para que el hombre destruya, ni por guerra, ni por soberanía, ni por negocios, ni por nada, el medio que le sirve como fuente de sustento y vida.

El salmista dice: “Del Eterno es la Tierra…” (T. 24) Y del que cuida la Tierra de D-s, agrega en el mismo salmo: “Ese recibirá la bendición del Eterno…”

Que en este Shabat, tengamos el mérito de reflexionar sobre nuestro compromiso con la causa de la preservación del medioambiente y que podamos ser activistas, dentro de nuestra área de influencia, de los valores ecológicos que nos enseña la sagrada Torá.

Shabat Shalom,
Shabat Shalom uMevoraj.
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