Por: Leonardo David.-

En la sexta aliá de la Parashá Nitzavim leemos: “Pues la ordenanza esta -que Yo te ordeno a ti hoy- no está oculta de ti ni es distante de ti… No está en el cielo… Ni allende el mar… Está cerca de ti: en tu boca y en tu corazón, para cumplirla.” (Devarim 30:11-14)

Nuestros exégetas señalan que la expresión “esta ordenanza” (כִּ֚י הַמִּצְוָ֣ה) del pasuk 11, se refiere a toda la Torá.

Moshé, sin negar el origen Divino de la Sagrada Torá, nos enseña que ésta “ha bajado”, que nosotros ya la hemos aceptado, que ahora es nuestro derecho estudiarla, interpretarla y practicarla.

Ahora es nuestra, podemos hacerla nuestra.

Es por esto que nuestra tradición se refiere a la Torá como “la Torá de Moshé”, reconociendo que Moshé dedicó toda su vida a la Torá. Similar es la idea que utilizamos al hablar de “la Torá de Israel”, porque somos el pueblo que se dedica a la Torá. Y cuando conocemos un maestro de Torá muy respetable, decimos que nos gusta aprender de “su Torá”, porque reconocemos que se ha dedicado al estudio de la Torá y es apto para enseñar.

Nosotros también podemos dedicarnos a la Torá, lo cual equivale al cumplimiento de todas las mitzvot según nuestra tradición, a fin de que tengamos el mérito de hacer nuestra su enseñanza.

Un derecho que, una vez ejercido, nos permite cumplir todos nuestros deberes.

En el Talmud, puntualmente en el tratado de Babá Metziá 59b, los sabios afirman: “Aunque salga una voz del cielo para enseñarnos cómo debe ser interpretada la Torá, no le debemos prestar atención, ya que la Torá no está en el cielo”.

Nuestros sabios defendían celosamente su “derecho a la Torá” y este derecho es un gran privilegio como para desestimar ejercerlo. Es por ello que todo judío, independientemente de sus niveles de observancia, tiene derecho a “subir a la Torá” y recibir el mérito por tener una “aliá”.

En el judaísmo liberal, este derecho incluye también a las mujeres, de las cuales esperamos que también sepan defender este derecho, ejerciéndolo en un plano de igualdad con nosotros los hombres judíos.

Cada vez que una persona judía sube a la Torá y bendice, diciendo las palabras “noten haTorá”, está reconociendo que D-s efectivamente nos dio la Torá y por eso tenemos «derecho a ella».

Habitualmente se habla mucho de nuestros deberes hacia la Torá. Sin lugar a dudas, esta idea vinculada al concepto de responsabilidad espanta a los que no disfrutan mucho con los compromisos. ¿Pero un derecho? ¿Quién se restaría de ejercer un derecho? Nosotros tenemos “derecho a la Torá”.

En cualquier caso, no todo se resume al servicio de la Torá en la Sinagoga. 

El Judaísmo es esencialmente un asunto de práctica. Por eso es más fácil responder a la pregunta: ¿Qué hacen los judíos?, en vez de: ¿En qué creen los judíos?

Lo ideal es ser judíos y comportarnos como judíos, son cosas que van de la mano. De hecho “halajá” traducida comúnmente como “ley judía”, en realidad significa: “forma de comportarse”. Y enseña lineamientos generales, criterios generales, para actuar en una forma que se ajuste a dichos criterios, que no son otra cosa sino los valores éticos de la sagrada Torá, en cada momento, desde que nos levantamos y hasta que nos retiramos para dormir, desde que la persona nace, hasta que la persona muere.

Toda persona judía tiene derecho a hacer suya la Torá, estudiándola, comentándola y haciéndola parte de su vida cotidiana, porque “todo es Torá” y podemos actuar conforme a sus valores en todos los aspectos de nuestra vida: laboral, empresarial, familiar, comunitaria, etc, a fin de convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.

Está cercana a ti…”, en el aula, en tu casa, durante tus trámites bancarios, en los momentos difíciles. 

Nuestra tradición, basada en la milenaria Torá, siempre tiene algún consejo, alguna orientación, siempre tiene algo útil que enseñarnos para nuestro día a día: Vivir con gratitud, por eso bendecimos después de las comidas. Ser buenos empleadores, por eso no retenemos la paga de nuestros trabajadores. Tener balanzas justas, por eso tratamos de ser justos en nuestras transacciones comerciales.

Que en este Shabat, último Shabat del mes de Elul y último Shabat del año 5781, podamos experimentar esa conexión profunda que cada judío tiene con la enseñanza de la Torá, a fin de entrar con ella al 5782, sintiéndola nuestra, haciendo de sus enseñanzas una parte importante de nuestra vida cotidiana, dejando que sus valores inspiren nuestra forma de comportarnos y que estén presentes al momento de tomar decisiones.

Que todos podamos ejercer nuestro “derecho a la Torá” en este 5782 y que podamos construir comunidades inclusivas e igualitarias, para que nadie quede privado e imposibilitado de ejercerlo.

Otra línea interpretativa del pasuk 11 que hemos estado comentando, sugiere que el derecho que se consagra ahí es la teshuvá. Es decir, no estamos lejos del “retorno” (arrepentimiento). 

Si alguien siente que pudo haber estudiado más, o pudo tomar mejores decisiones en el año saliente, debe saber que no sólo está cerca de la Torá, sino que también está lo suficientemente cerca para retomarla. No es difícil, siempre estamos cerca, siempre podemos volver.

Deseo de corazón que los que están cerrando un año de Torá puedan continuar así. Y que los que no lo tuvieron, por la razón que sea, lo tengan ahora en este año que comienza. Porque nadie está lo suficientemente lejos como para no poder retornar.

Cuando en esta parashá además se nos dice: “Elegirás la vida”, se complementa lo que hemos estado estudiando. La Torá no está en el cielo, sino en la elección de la vida, en la elección de vivirla a diario.

Que podamos todos seguir estudiando, comprendiendo y viviendo la Torá.

Shabat Shalom,
ve Shaná Tová uMetuká.
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