Por: Leonardo David.

Queridos amigos y amigas:

Este Shabat es Shabat Shuvá, el “Shabat del retorno”, que recibe este nombre de su haftará, en la que se lee a Oshea decir: “Shuva Israel…” (Vuelve Israel)

¿Pero qué es esto del retorno? ¿Retorno desde qué y hacia dónde? ¿Cómo se conecta esto con la Parashá Vaiélej? (Deuteronomio 31)

La Parashá Vaiélej, es la porción más breve de la Torá, con apenas 30 pesukim. Y contiene algunas enseñanzas muy interesantes para estos días sagrados en los que nos acercamos a Kippur.

En el pasuk 18 de este capítulo, encontramos una alusión al “ocultamiento del rostro”, cuando dice: “Empero Yo, ocultar habré de ocultar Mi Rostro -en aquel día- por todo el mal que él ha obrado…”

¿Qué se entiende por el “ocultamiento del rostro”?

La exégesis ha entendido tradicionalmente que el “ocultamiento del rostro” se refiere a un (valga la redundancia) ocultamiento de la misericordia Divina.

Sin embargo, se nos señala que el arrepentimiento logra evitar dicha situación, aunque no del todo, porque en realidad, apenas lograría cambiarla por otra.

En el Jumash de Edery, el comentario a este pasuk señala que nuestro arrepentimiento logra cambiar el ocultamiento del rostro, desde un ocultamiento de la misericordia, a un “ocultamiento de la liberación de Israel”, es decir, que D-s en cualquier caso se apiadará de nosotros sin “destruirnos” (por nuestras transgresiones), pero que de todas formas continuaremos en el exilio.

Ahora bien, ¿qué entendemos por el exilio y qué relación tiene esto con el 5782 que está comenzando?

Se dice que Rabi Shalom de Belz enseñaba que había tres tipos de exilio:

1. Primero, el más común, cuando los judíos somos oprimidos por otros pueblos. Ej: La expulsión a manos de los Romanos.

2. Cuando los judíos somos oprimidos por otros judíos. Ej: Las guerras internas en Jerusalém entre bandos judíos, en tiempos de los Zelotes.

3. Y finalmente, el más difícil: Cuando la persona se oprime a sí misma, porque es esclava de sus propios instintos.

Sin lugar a dudas, el ejercicio interno que nos invita a hacer Iamim Noraim, está vinculado con este último tipo de exilio.

Y esto es particularmente esclarecedor, puesto que en estos días en los cuales hemos recitado diariamente el Tehilim 27 y hemos repetido las súplicas que contiene en contra “nuestros enemigos”, en ningún caso se debe entender que estamos hablando de personas, países o nada de esa índole, sino más bien nos estamos refiriendo a nuestros “enemigos internos”.

Ahora bien, volviendo a lo del “ocultamiento del rostro”, es interesante ver cómo la liturgia de Iamim Noraim nos da señales para comprender mejor el asunto.

Hay un piut (poema litúrgico) compuesto por Rabi Amnon de Maguncia en el siglo X u XI, llamado “Unetane Tokef”, que significa: “Démosle fuerza (importancia)”, en referencia a la santidad de Rosh Hashaná y Iom Kippur. En él, leemos una lista de cosas que D-s, como juez, decidiría para cada cual en el año entrante: “Quién vivirá y quién morirá… quién (morirá) por hambre y quién por sed… (etc)”.

¿Cómo entendemos todo esto, más allá de responder nuestras legítimas preguntas con imágenes y representaciones mágicas sobre un “juicio celestial”?

En realidad, en el Unetane Tokef se nos está queriendo recordar que en este año, como en todos los otros, también habrá gente que vivirá y que morirá, y también pasará tal cosa para unos y tal cosa para otros, como siempre, como toda la vida. Porque el futuro es siempre incierto y porque así es la vida.

El punto es, ¿qué tan preparados estamos para entrar nuevamente en un año como todos los años? ¿Qué tan maduros somos para entender que siempre pasan cosas buenas, regulares y también declaradamente malas?

Nuestra tradición es consciente de aquello, por eso no nos deseamos un “Año feliz” en Rosh Hashaná, sino un “Año bueno”, porque no siempre podemos estar felices, pero “Gam zu letová”, incluso el dolor puede ser para bien, incluso de eso podemos aprender, en cualquier situación podemos crecer y ganar más experiencia, hacernos más sabios y fuertes, en el ambiente propicio y en el ambiente hostil.
Y de hecho, está ha sido la historia del pueblo judío, “ser judíos a todo evento.”

En esta Parashá, Moshé le dice al pueblo que ya no puede “ir y venir”. (2) Los exégetas entienden que con esto se refiere a que ya no puede ir más al campo de batalla debido a su edad.

¿Y nosotros? ¿Cómo nos sentimos para ir a los campos de batalla que nos prepara este 5782? 
Se supone que si aumentamos nuestras plegarias en estas fechas, pidiendo vida y salud, es porque queremos ir, porque estamos conscientes de esta realidad y queremos tener el vigor necesario para enfrentarla una vez más… porque sí, habrá dificultades, como todos los años.  

Al igual que al pueblo de hace miles de años, Moshé también nos deja solos a nosotros ahora. Apenas empezar el año desaparece de nuestras lecturas por un buen tiempo.

Y así como le dijo a Ioshua que ahora era su momento, se despide y nos dice a nosotros que ahora es nuestro momento.

Ioshua aprendió de Moshé, estuvo cerca de Moshé. Ahora llegaba el momento de liderar según esa buena enseñanza.

Nosotros también aprendimos con Moshé y estuvimos cerca de él durante el año. Y ahora nos toca volver a empezar, un nuevo año, un nuevo futuro por conquistar, nuevos desafíos personales y comunitarios, siempre inspirados por la buena enseñanza.

También se nos dice en esta Parashá: ¡Sean fuertes y valerosos! (6) Y es que, así como no nos deseamos un ayuno fácil en Kippur, sino uno provechoso, tampoco esperamos tener un año fácil, sino uno provechoso, que nos permita crecer y mejorar como personas.

En Kippur, escucharemos en la sinagoga: “Vaiomer Adon-i Salajti Kidvareja” (Dijo D-s: Perdoné, como lo pediste)

Y es que este es definitivamente el juicio más benevolente de la historia del mundo, un juicio en el que conocemos anticipadamente el resultado: Todos nos sentiremos libres y perdonados al finalizar la Neilá en Kippur. Porque Él no nos oculta su misericordia.

Y sin embargo, seguiremos en el exilio. Nuestras malas inclinaciones todavía nos darán trabajo.

Este año, al igual que en otros tantos, seguiremos teniendo desafíos, dificultades, conflictos internos, tendremos que enfrentarnos en más de una ocasión a la imperiosa necesidad de tomar decisiones y de elegir bien, nuestra inclinación al mal sigue ahí, de seguro volveremos a cometer errores que nunca pensamos volver a cometer, de seguro vamos a cometer nuevos errores.

Porque sí, termina Kippur y seguimos en el exilio. El “ocultamiento del rostro” es justamente una alusión a esta realidad.

Aun cuando nos sintamos perdonados por D-s, por las personas que hemos ofendido y también internamente por nosotros mismos, el más duro de todos los exilios continúa: nuestro yetzer hará sigue ahí, cual “yugo”.

¿Cómo nos hemos preparado para los campos de batalla que tenemos por delante? ¿Cómo nos hemos preparado para ganar batallas en contra de nuestro Yetzer Hará, sabiendo que la guerra propiamente tal nunca terminará? 

Mientras tanto, Moshé se retira con una sensación de haber cumplido la misión, tanto con “ellos” como con nosotros.

Y pareciera esperar que en los exilios del 5782, nosotros nos fortalezcamos con todas esas herramientas éticas y espirituales que él nos ha entregado.

Moshé confía en nosotros, como confiaba en Ioshúa. 

Dice que ya no va más al campo de batalla, pero nosotros todavía tendremos que ir.

Efectivamente, nadie debería esperar un año de flores y colores. Porque la vida tiene de todo y este año también.

Lo que sí podemos esperar o anhelar, es tener el mérito de vivir conscientes de realidad, de los desafíos, de poder crecer y superarnos todos los días, con lo que venga, con lo que pase, en los aciertos y en los errores.

La Teshuvá entonces es un proceso constante, porque ser personas conscientes y reflexivas es una tarea para toda la vida.

Que en este Shabat, podamos retornar de las expectativas infantiles y mágicas, a una conexión profunda con el mundo en el que vivimos. Este es el verdadero retorno.

“Retornamos” cuando entendemos que, por ejemplo, en este mundo en el que vivimos, son las acciones y no las oraciones las que logran saciar el hambre de los pobres, un mundo donde son nuestras decisiones y no los “tribunales celestiales” los que definen nuestro futuro.

El problema del hombre no es D-s, porque como ya sabemos, no es con Él con quién debe entenderse para tener un buen 5782, la batalla tampoco será contra  enemigos externos u otras personas. La responsabilidad no está en algún lugar “allá”.

Iamim Noraim es esencialmente un llamado al trabajo interior, un trabajo que nos invita a hacernos responsables: Yo soy responsable.

Que podamos tomar la decisión de no postergar este trabajo, no postergarlo más, porque este trabajo no es solamente para estos días, es de siempre, como decía el Jafetz Jaim: “Lo principal no es golpearse el pecho en Iom Kippur… sino golpearse antes.”

En Iamim Noraim uno debe sentir que ya ha llegado lo suficientemente tarde como para no esperar más.

Que este “espejo” de Iamim Noraim nos acompañe todo el 5782, a fin de que podamos vernos constantemente en él, sin esperar un año más para poder reconocer nuestros exilios y decidir salir de ellos, abriéndonos así el camino hacia esa mejor persona que podemos y queremos ser.

Esto demanda tener una actitud adecuada en estos días, desmitificando el ejercicio interior que estamos invitados a hacer.

No es una actitud auto flagelante, sino el deseo genuino de ser ser más libres y auténticos, al reconocernos potencialmente buenos y al identificar el trabajo que debemos hacer para liberarnos de nuestros malos impulsos.

Sí, todos podemos y queremos hacerlo.

Entraremos juntos en este nuevo año, más conscientes y responsables.

Shabat Shalom ve Jatimá Tová.

Spread the love