Por: Leonardo David.

Estamos comenzando el estudio del libro de Bereshit, luego de estos días en que pudimos exteriorizar nuestro amor por la Torá, abrazándola y bailando con ella, girando en círculos alrededor de ella, lo cual es realmente profundo desde un punto de vista simbólico.

En Simjat Torá, leímos la última parashá de la Torá y acto seguido, leímos la primera, leímos el final del libro de Devarim y el comienzo del libro de Bereshit, cerramos con la muerte de Moshé y volvimos a abrir, ahora con el comienzo de todas las cosas. 

Curiosamente, si juntamos la última letra de la Torá: “lamed” (la que cierra en Devarim), con la primera letra: “bet” (la que abre en Bereshit) se forma la palabra corazón en Hebreo. La Torá no es un libro cerrado, cuando se lee con el corazón abierto.
Ahora bien, esta apertura del corazón no solamente debe ser para dejarse embelesar por lo Divino, también debe practicarse con nuestros semejantes.
 
En referencia a esto, Abraham Joshua Heschel enseñó: “Un hombre religioso es una persona que tiene Di-s y hombre en un pensamiento a la vez, en todo momento, que sufre el daño hecho a otros, cuya mayor pasión es la compasión, cuya mayor virtud es el amor y el desafío de la desesperación.”

Queridos amigos y amigas, esto no es un discurso vacío, nuestra tradición realmente cree en la fraternidad universal y la anhela, de hecho los sabios del Talmud en el masejet Sanhedrín enseñaron: “Por tal motivo fue creado un sólo hombre… para asegurar la paz y evitar que uno diga a su prójimo: Mi padres es más importante que el tuyo.”

En algún momento, cuando los judíos vivíamos en un mucho pequeño y en sociedades pequeñas, desarrollamos la tendencia a reconocernos como hermanos entre nosotros mismos, el prójimo era el vecino, el que estaba físicamente próximo y el que me resultaba familiar, porque nos unía una cultura, una lengua, una cosmovisión, un sistema legal, etc.

Hoy en cambio, cuando vivimos en un mundo globalizado y en sociedades interconectadas, en la era del traductor automático, de los vuelos que llevan migrantes de un punto del globo a otro, en sólo horas, todo muy rápido. Tenemos el imperativo ético de ver en el otro, un humano sin etiquetas, un hermano.

En Bereshit se nos cuenta el mito de la creación del primer ser humano, somos todos descendientes de la misma especie según ese relato y todos venimos de la misma línea evolutiva según la ciencia.

En su comentario, la profesora Nejama Leibovitz z”l, señala que el motivo por el cual fue creado solamente un hombre, Adam (el primer humano), tenía por objetivo evitar el racismo y con ello, evitar el fin de la fraternidad en el género humano.

Nosotros, los que estudiamos Torá y seguimos sus enseñanzas, debemos ser constructores y preservadores de la fraternidad, evitando el racismo y los sentimientos nacionalistas exacerbados. 

Esta también es una forma de abrir el corazón al mensaje de la Torá y la enseñanza de nuestros sabios.

Que en este año, podamos entender que todo es Torá, que debemos tener vidas coherentes con sus enseñanzas y que recordemos el mensaje de los arba’a minim que agitamos en Sucot, a fin de que tomemos la decisión de tener Torá y buenas acciones.

Que podamos tener siempre presente a D-s, a la sagrada Torá y también a nuestro prójimo, es decir, a todos los demás seres humanos con los cuales compartimos tiempo y espacio en este mundo, que podamos ser respetuosos de su dignidad intrínseca. Para que ese mito que leemos cada año, ese relato lleno de símbolos, que tal vez no tiene ningún asidero científico ni valor desde ese punto de vista, siga vigente por su valor ético y moralizador, por ser la base del valor judío de la coexistencia y la fraternidad. 

Shabat shalom,
Shabat shalom umevoraj.

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