En los pesukim 5 y 8 del capítulo 45 de Bereshit, Iosef comparte con sus hermanos una lectura personal sobre lo que ha ocurrido entre ellos en el pasado.
 
Al parecer, ya no quiere centrarse en el episodio del pozo y su venta como esclavo, sino en el buen resultado de todo lo ocurrido.
 
Iosef, el gran intérprete de sueños, ahora interpreta el sentido de su propia vida: ustedes no me vendieron, fue D-s el que me trajo aquí. No soy Iosef “el vendido por sus hermanos”, soy Iosef “el enviado de D-s.”

Naturalmente, esta sabia visión de Iosef parece venir a librarlo de lo que podría ser una inclinación natural a sentirse una víctima.

¿Tenía razones para haber hecho aquello? Absolutamente, porque su historia no fue fácil.
 
¿Podría haberse convertido en el gran personaje que llegó a ser en Egipto, si hubiese insistido en simplemente autopercibirse como una víctima de la vida, de sus sueños y de sus propios hermanos? Definitivamente no.

Kristin Neff, una psicóloga y profesora de la Universidad de Texas, enseña que existe una autocompasión que es buena y necesaria, pero que también existe algo totalmente distinto, que en el fondo es una baja autoestima manifestada como sentimientos de lástima por uno mismo.

Enseña además que, cuando se cae en esta forma de enfrentar los problemas y sucesos desafortunados, la persona queda atrapada en su propio dolor, ensimismada en un egocentrismo que le hace creer que es la única persona que sufre en el mundo y esto, a su vez, le impide ser empático con otros, daña sus relaciones interpersonales, aislándolo y desconectándolo de los demás.

La Torá nos muestra a Iosef enfrentando correctamente su herida. No solamente en el episodio del reencuentro con sus hermanos, sino desde mucho antes, incluso antes de convertirse en el virrey de Egipto.

Como estudiamos la semana pasada, Iosef, cual hombre justo, no se quejó de la oscuridad, sino que aportó luz. Puso de su luz interior al servicio de los demás, a pesar de las dificultades.

Y esto es clave para entender la forma adecuada de enfrentar los puntos tristes que toda persona tiene en su historia personal: frente a los problemas, puedo encerrarme con mis problemas en una pequeña habitación de mi alma, para sentir lástima de mí mismo, hasta auto convencerme de que soy la persona más desdichada del mundo… o bien, puedo elegir el camino de lo que Kristin Neff llama “la compasión inteligente por uno mismo”, y en definitiva, actuar como Iosef: Pensar que hay otros que también sufren, incluso mucho más que yo. Y que tal vez, procurando  aliviar sus sufrimientos, encontraré alivio para los míos.

El desafío es ser compasivos con nuestra propia historia, con nuestros propios momentos de dolor, cuidando de nosotros mismos, encargándonos de nosotros mismos, pero sin perder la empatía, la conexión con otros y la capacidad de abrir el corazón hacia las necesidades de los demás, resueltos a colaborar en lo que se pueda o se deba.

Este compromiso con reparar situaciones injustas, a pesar de las injusticias que nosotros mismos vivimos, permite en lo práctico que se construya una cultura de la compasión. Una sociedad en la que todos somos consolados y consolamos. Un mundo en el que hay reciprocidad en la comprensión entre las personas.

Nuestra tradición enseña: «Al igual que Dios es compasivo, así tú debes ser compasivo» (Sifrí, Ekev 49).
Tal como D-s muestra su atributo de compasión a todo evento, Iosef se muestra compasivo a todo evento y nosotros también deberíamos hacerlo.

La dureza de la vida no tiene el potencial por sí misma de impedirnos cumplir nuestra misión. Somos nosotros los que debemos elegir cuál será el rol que tendrán las “malas experiencias”, los “episodios oscuros” y los “malos recuerdos” de nuestra historia, en nuestra vida de cara al futuro.

En Orjot Tzadikim 28:31, se nos dice que D-s nos ha añadido la inclinación al mal para darnos la oportunidad de elegir y mejorar.

Y vemos este desafío en los hermanos de Iosef, que al ser probados por él en esta Parashá, tendrán la oportunidad de, sin haber cambiado precisamente (cada cual sigue siendo el mismo, conservando diversos aspectos de su personalidad), demostrar que son capaces de, frente a una situación similar, elegir actuar bien.

Esa es una acepción de la mala inclinación, la que delimita el campo de acción de una buena persona. 

Pero también tiene que ver con una correcta actitud hacia la vida.

Entonces, vemos que Iosef y sus hermanos han sido probados por igual y han tenido la oportunidad de elegir bien. 

Sus hermanos, tuvieron esta oportunidad cuando se vieron enfrentados a la decisión de repetir o no la historia.

Iosef, tuvo esta oportunidad desde el momento en que interpretó las cosas que le pasaron como parte de un propósito y misión, en vez de una mera tragedia.

Todos tenemos esta oportunidad de elegir, en cada momento: hacer el bien y sentirnos bien.

Que tengamos el mérito de despertar a este nivel de conciencia.

Shabat Shalom,
Shabat Shalom Umevoraj.
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