Parashá Vaiejí (Génesis 47:28 – 50:26)
 
La parashá de esta semana tiene una particularidad muy interesante: cuesta ubicar su inicio en el rollo de la Torá, debido a que no hay una separación entre su inicio y el cierre de la anterior. Ambas están separadas por el espacio correspondiente a una sola letra.
 
Comenta Rashbam que, en realidad esta porción debió iniciar con el pasuk 27: “Se asentó Israel en la tierra de Egipto…”, sin embargo, eso habría dejado como último pasuk de la parashá anterior al pasuk 26, que señala que toda la tierra pasó a ser posesión de Paró (Faraón).
 
Entonces, como una señal de esperanza futura, cerramos la parashá Vaigash con “Se asentó… y fructificaron mucho”. (27)
 
Todo esto es muy interesante desde el punto de vista del sentido.
 
Las cosas no solamente son como las vemos, también serán como las hayamos previsualizado.
 
La parashá anterior nos mostró a un clan familiar que acaba de convertirse en pueblo, ofreciéndose – aparentemente de buen grado – a servir como esclavos al Faraón. Claramente no es algo muy esperanzador de leer. 
 
Nuestros exégetas aprovechan de leer entre líneas el consuelo.
 
Sí, vendrían tiempos difíciles a raíz de la esclavitud, pero también vendrían tiempos mejores en algún momento: porque así es el futuro y trae de todo.
 
Rashi señala que, la razón por la cual esta parashá tiene esta particularidad, una cierta forma de “desfase”, es porque Iaakov quiso contarle a sus hijos cómo sería el futuro, sin embargo, D-s no permitió aquello. Eso explicaría que esta parashá sea “parashá setumá” (parashá cerrada), característica que he explicado anteriormente sobre la ausencia de la separación clara y notoria entre Vaigash y Vaiejí: Es cerrada, porque D-s le cerró la posibilidad a Iaakov de contar el futuro más remoto.
 
Apenas iniciar el estudio de la parashá de esta semana, este inicio que es difícil de ubicar, advertimos de inmediato que se nos está queriendo decir algo – sutilmente – sobre el futuro. 
 
Se nos permiten conocer ciertas partes del futuro y se nos ocultan otras.
 
Los hijos de Israel confiamos en nuestro buen destino, de consecuencia no cerramos la parashá Vaigash diciendo que Paró es el dueño del mundo y efectivamente, hoy Paró no existe y nosotros – Am Israel – vivimos felices y relativamente tranquilos.
 
Pero por otra parte, de los resultados finales no tenemos más que una previsualización o apenas buenos deseos.
 
Iaakov y esta parashá parecieran revelar entre líneas, someramente, que cada cual es el constructor de su propio destino.
 
Como portadores y custodios de la Torá, nosotros somos los que hemos terminado escribiendo nuestra propia historia: ya no todo es de Paró, porque se asentó Israel…
 
La semana pasada hablábamos de que todo es como lo ves.
Y esta semana estudiamos que todo será como logremos imaginarlo.
 
Obviamente, dentro de los límites de lo saludable.
Porque un exceso de preocupación por el futuro genera ansiedad.
 
Tal vez Iaakov estaba ansioso por anunciar eventos futuros, tal vez quería advertir a los suyos sobre eventuales peligros. Pero D-s no lo deja anunciar tales cosas.
 
Había cosas que sus hijos tendrían que hacer por sí solos y descubrir a medida que iban avanzando.
 
La esperanza es buena, porque motiva y mantiene al hombre en movimiento. Cambiar el orden de los pesukim, cambiar el orden de nuestras palabras, modificar nuestro lenguaje, en aras de construir un mejor futuro, es ciertamente bueno.
 
Cosa distinta es dejarse cegar por predicciones – por el medio que sea – malos pronósticos (por muy certeros que suelan ser) o por una previsualización errada sobre los eventos futuros: cuando me fanatizo con mi fatalismo. Todo esto es malo para la persona y la convierte en esclava de la ansiedad.
 
La ansiedad es un conjunto de sentimientos “naturales” frente a ciertos estímulos y es parte de nuestro sistema de vigilancia, es un mecanismo que nos mantiene alerta frente al peligro. Sin embargo, por más normal que sean estas sensaciones, si su intensidad es alta, constante e incontrolable, se vuelve patológica. Por eso se debe tener cuidado con ella y buscar ayuda cuando las cosas se descontrolan.
 
En su website, Patricia Nafría Vicente (una psicóloga española), comenta que existen varios tipos de ansiedad, uno de estos tipos es la “ansiedad anticipatoria”, la cual consiste en una preocupación excesiva por lo que pueda pasar en situaciones que aún no han ocurrido.
 
Señala además: “La incertidumbre es uno de los principales factores que influyen en la angustia anticipatoria. El miedo a no saber qué es lo que va a ocurrir o a no tener el control sobre una situación determinada.”
 
Iaakov estaba consciente de las incertidumbres que dejaba tras sí con su desaparición física en este plano. Quiso aliviar la ansiedad anticipatoria, tanto la propia, como la que percibía en sus hijos, pero D-s no lo dejó. ¿Por qué?
 
 
Al respecto, me gustaría traer un Midrash: “Si D-s no hubiera ocultado el concepto de la muerte del corazón del hombre, el hombre no podría construir ni plantar, porque diría: “Mañana moriré, entonces ¿por qué me debo esforzar por los demás?”. Por eso D-s ocultó del corazón de la persona el día de su muerte, para que la persona pueda construir y plantar”. (M.T, Kedoshim)
 
Los posibles triunfos y también los errores y fracasos, la muerte misma, todos estos eventos futuros sobre los cuales nada o poco sabemos, el reino de la incertidumbre, cosas que sabemos que algún día pasarán, pero no tenemos certeza del momento exacto. Y tantos otros miles de “qué pasaría si…», podrían agotar mentalmente a cualquiera.
 
Algunos dicen que lo que Iaakov quería anunciar realmente, era el momento en que llegaría “Mashiaj”.
 
¿Por qué D-s apuesta por mantener la incertidumbre en ese caso?
 
La respuesta podría ser: Para que las personas puedan seguir haciendo tikún olam (reparación del mundo) mientras llega. Para que nadie se sienta con el futuro asegurado, para que nadie sienta que tiene tiempo de sobra y también  para que nadie diga que su vida no tiene sentido, para que cada cual tenga la oportunidad de descubrir su misión, para que tengamos esperanza, para que puedas disfrutar de la experiencia de tener fe.
 
Sólo sabemos a grandes rasgos y sin mayores detalles lo que podría pasar. Y así debe ser, porque una preocupación constante sobre el futuro puede generar angustia. Por eso nuestra tradición prohíbe la adivinación y la búsqueda de cosas de este estilo. Es algo que va más allá de las prohibiciones en contra de las prácticas religiosas de otros pueblos: la Torá busca prevenirnos de la ansiedad anticipatoria y por otro lado, busca evitar que caigamos en el “sinsentido”. Si todo está predestinado, ¿qué importa lo que yo piense, haga o decida?
 
Con esa mentalidad, no estaríamos ni en ¼ del desarrollo que hemos logrado como civilización humana.
 
La clave está en agregar esperanza al orden en la historia de nuestra vida (que nosotros mismos fijamos y que podemos modificar en cualquier momento), hacer los ajustes necesarios para previsualizar un futuro con sentido y avanzar desde esa previsualización. 
 
A medida que adquiramos sabiduría, será más fácil avanzar a pesar de la incertidumbre. La cautela en cada paso es necesaria, es natural y podemos evitar que se transforme en un problema.
 
Con lo poco que sabemos sobre el futuro, lo cual no puede ser otra cosa sino nuestros sueños y anhelos, es suficiente para mantenernos activos y hacer lo que debemos hacer. 
 
Más allá, la persona no tiene permitido intentar ver. Porque eso alteraría el orden de su historia (para mal) y le impediría cumplir su misión. Se reconocería como presa del destino y es poco lo que se puede hacer una vez que se ha decidido ver la vida de esa forma.
 
Tal vez, los hijos de Iaakov y Iaakov mismo pensaban en el futuro como algo doloroso, nuestros exégetas señalan que de alguna forma ellos presentían la tragedia y el dolor de la esclavitud futura en Egipto. 
 
Pero, permítanme insistir: ¿por qué tanto llanto? ¿La Torá nos dice que llegaron a ser esclavos contra su voluntad? ¡Al contrario! Se ofrecieron voluntaria y gustosamente, en señal de gratitud con Paró. Y en lo personal, creo que este punto es fundamental en toda la historia que viene hacia adelante y nos invita a reflexionar sobre la calidad de nuestras decisiones y cómo podemos ser más certeros al momento de elegir.
 
Por otra parte, todo presente en algún momento fue futuro. Si me quejo de mi situación actual, ¿no debería revisar qué fue lo que previsualicé mal y que me trajo al punto en el cual estoy? ¿no debería revisar en qué punto comencé a perseguir, consciente o inconscientemente, lo que estoy viviendo ahora y que me desagrada?
 
Sólo podemos previsualizar y deberíamos hacerlo desde la esperanza.
Una ansiedad anticipatoria descontrolada no aporta absolutamente nada.
 
Intentar tener todo bajo control en relación al futuro, no es bueno. Y hay cosas que sólo se descubren en el camino.
 
Que en este Shabat, podamos tener la capacidad de aprender a previsualizar nuestro futuro con esperanza, que podamos madurar y entender el rol de la incertidumbre en nuestras vidas. Que podamos aceptar que lo que poco que sabemos es suficiente para avanzar y que podamos encontrar un equilibrio en la forma de comprender nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.
Spread the love