Isaías 27:6 – 28:13 ; 29: 22 y 23.
 
La haftará (lectura de los Profetas) de esta semana, está tomada del Libro del Profeta Isaías (Ieshaiau), el cual comparte muchos puntos de su historia y obra con Moshé (en común).
Además de ser profetas, ambos recibieron una formación aristocrática, sin perder la sensibilidad hacia las necesidades de los más pobres tanto material como espiritual e intelectualmente hablando.
 
Nos ubicamos entre los años 760 y 701 a.e.c, una época con sendas dificultades políticas internas y externas, que amenazaban constantemente, tanto al Reino del Norte como al Reino del Sur. 
 
Tal vez, la otra semejanza entre Ieshaiau y Moshé, es la capacidad de reflexión sobre los sucesos que eran contemporáneos a sus épocas y la capacidad de ser visionarios a pesar del contexto poco alentador. 
 
Ambos habrán de consolar a un pueblo maltratado en dos momentos distintos de la historia, con esperanza y previsualización de un futuro mejor.
 
En esta Haftará, apenas comenzar, leemos al profeta Ieshaiau decir: “En los días venideros afirmará sus raíces Iaakov, brotará y florecerá Israel y quedará colmada la faz del universo de fruto…
 
Aunque se discuten los eventuales alcances de la expresión «días venideros» y su sentido, Rabbi David Kimhi reafirma el sentido literal del pasuk, es decir, que el profeta está hablando evidentemente del futuro.
 
Y frente a esto, yo me pregunto: ¿Acaso no habíamos escuchado estas cosas antes de Ieshaiau?
 
Al parecer, agregar cosas adicionales sobre nuestra esperanza futura – la cual se ha transmitido de una generación a otra por décadas, siglos y milenios ininterrumpidos – es absolutamente innecesario. 

O bien, por otra parte, esto podría estar diciéndonos que ser divulgadores de la esperanza, o continuadores del esperanzador mensaje, es suficiente.
 
Este mensaje esperanzador es muy sencillo. Y es que, a pesar de las dificultades, somos un pueblo, una cultura, una tradición, un conjunto de valores y una cosmovisión que tiene futuro.
 
Este esperanzador futuro se basa a su vez en el compromiso de tantas generaciones, por alcanzar un nivel superior de civilización, con base en el proyecto civilizatorio y ético que implica – en lo práctico – la sagrada y milenaria Torá.
 
Que en este Shabat, podamos tomar la decisión de ser divulgadores de la esperanza,  de los anhelos de continuidad y del optimismo, a pesar de las situaciones difíciles que a veces nos toque atravesar, individual o colectivamente.
 
Otrora fue la esclavitud o las amenazas bélicas de los pueblos que nos rodeaban. Y actualmente también tenemos desafíos: nos toca enfrentar el antisemitismo, el terrorismo, etc. 
 
En cualquier caso, podemos elegir ser como Ieshaiau y Moshé, elegir convertirnos en líderes que motiven a los demás, que hablen de épocas mejores que vendrán y se sumen a su construcción.

Ieshaiau y Moshé fueron líderes que defendieron y trabajaron por la preservación de la identidad, para legárnosla. Hoy, nuestra identidad judía es el regalo que nos dejaron los profetas. Asumamos ahora nosotros el reto de legarlo a las nuevas generaciones. 
 
Shabat Shalom.


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