En esta Parashá, D-s envía a Moshé y Aarón para continuar hablando con Paró, los envía a razonar con él (o intentarlo al menos), con un mensaje que era bastante claro: “Deja salir a mi pueblo…”(Éxodo 7:16), mensaje que, por lo demás, a estas alturas ya se le había expuesto con insistencia. 
 
Sin embargo, por su parte, Paró también se muestra claro y firme en su mensaje, en la postura o decisión que adopta al respecto, una actitud interna hacia el mensaje Divino: “¿Quién es Adon-i para que yo haya de escuchar Su Voz y liberar a Israel? ¡No conozco a Adon-i, ni tampoco a Israel voy a liberar!” (Éxodo 5:2)
 
Edery, en su brillante traducción, inserta un comentario y dice que Paró además de no conocer a D-s, no quería conocerlo
 
Esto podría explicar por qué, en adelante, se torna tan difícil para Moshé y Aarón entablar una conversación fructífera con Paró. Los mensajes Divinos rebotaban con Paró como con una muralla.
 
La pregunta que cabe hacerse en este punto es: ¿Por qué alguien elegiría adoptar esta actitud? ¿Fue una decisión libre?
 
El texto nos dirá que D-s endureció el corazón de Paró, lo cual ha generado siempre dificultades de interpretación, los exégetas leen esto y se han preguntado legítimamente: ¿Y el libre albedrío? ¿Dónde queda?
 
En Pirké Avot, capítulo 3, Mishná 15, leemos: “Todo está previsto y (sin embargo) la libertad (nos) fue dada.”
 
De alguna forma, pareciera que D-s no está dentro de nuestra línea de tiempo, entonces sabe lo que va a pasar, pero a su vez, lo que va a pasar, siempre será consecuencia de una elección nuestra, una “elección libre”.
 
Maimónides enseñó que el hombre es en esencia un ser libre, sin embargo, si se esmera en la maldad, llegará un punto en que ya no lo será más. Y esta idea nos hace mucho sentido, cuando vemos que hay personas que son aparentemente esclavas de sus propias malas inclinaciones, de sus defectos y cada vez se tornan más malvadas.
 
Sin embargo, esto no nos responde completamente nuestra pregunta inicial.
 
Para un análisis más profundo, podemos señalar que nuestra tradición distingue entre las cosas que están bajo nuestro control y las que no. Evidentemente no elegimos nacer y por otra parte, todos tenemos una certeza: Que por el hecho de haber nacido, tendremos que morir en algún momento. Y salvo excepciones lamentables, como el suicidio, el hombre no conoce cuál será el momento exacto del fin de su existencia natural, ni cómo sucederá.
 
No obstante lo anterior, de lo que ocurrirá en el transcurso de su vida, el hombre sí es responsable, particularmente en todo aquello en lo que haya podido elegir. Lo que está a su alcance elegir.
 
¿Cuál es el límite – ahora – para distinguir entre una elección libre (auténticamente libre) y una condicionada?
 
Pienso que D-s castiga a Faraón y a Egipto, porque las condiciones para que entendiera que su proceder era incorrecto, estaban a la vista. Se habían manifestado en forma de señales.
 
A medida que leemos el Capítulo 7 por ejemplo, vamos viendo distintas “amenazas” a Faraón para hacerlo recapacitar. Todo, evidentemente, lo empujaba a tomar la decisión correcta, o una decisión en favor de los esclavos y de su proyecto emancipatorio. 
 
Sin embargo insiste en retenerlos.
 
Sobre el significado del endurecimiento del corazón de Paró, cuando el relato señala que dijo D-s: “…Se ha tornado pesado el corazón de Paró…” (7:14), Abarbanel agrega que refiere a la insensibilidad que mostró Paró frente a la petición de los esclavos.
 
¿Puede una persona sin sensibilidad hacia otros, entender a D-s y sus designios?
 
El corazón insensible de Paró, que retiene a los esclavos, es el mismo corazón que dice: “No me interesa conocer a D-s”. ¿Y cómo no? ¿Podría alguien conocer a D-s, si no conoce al otro, si no entiende al otro, si no hace el esfuerzo de entender a otro? 
 
Paró, en este relato, no escucha a D-s ni a sus enviados. Su corazón está cerrado a lo humano y a lo Divino. De consecuencia, se torna cada vez más insensible, más ruin. 
 
Y ciertamente D-s sabía esto y por eso prepara toda clase de señales y “amenazas”, para quebrarlo y generar un ambiente propicio a la teshuvá.
 
Pero Paró no sabe identificarlas o no quiere identificarlas, ni entenderlas en su momento.
 
Esto se parece a lo que Iosef hizo, otrora, con sus hermanos. 
 
Previo al reencuentro, la Torá nos dice que Iosef urdió una serie de planes, que nuestros exégetas interpretarán como una forma de asegurarse que sus hermanos estaban realmente arrepentidos.
 
Iosef lo hace con sus hermanos en un episodio y logra que se genere este clima de arrepentimiento completo y de reencuentro. Sus hermanos estaban dispuestos.
 
Sin embargo, D-s con Paró no lo tuvo tan fácil. 
 
En un episodio tras otro, D-s intentó razonar mediante señales con Paró, respetando su libertad, para que fuera él mismo quien descubriese la decisión justa y razonable que debía adoptar, pero Paró se negó.
 
Evidentemente, así como habríamos dicho que: “Iosef endureció a sus hermanos”, si su plan hubiese fracasado, la Torá no pudo decirnos otra cosa sino: “D-s endureció el corazón de Paró.”
 
Hay un D-s que intenta orientarnos, aunque sutilmente. Y frente a sus orientaciones hay solamente dos opciones – al parecer – o crecemos en sensibilidad o aumentamos nuestra dureza. 
 
Anteriormente, en el libro de Bereshit, se nos dijo que Iaakov había peleado contra D-s y había vencido. Esto me recuerda la siguiente idea polémica: “Si los Rabinos discuten con D-s y tienen la razón, D-s pierde la discusión…” lo cual se basa en un relato del Talmud (T.B. Baba Metzia, 59b).
 
Paró lucha con D-s en esta parashá, al resistirse a lo que indican sus enviados, Moshé y Aarón. Sin embargo, Paró no tiene la razón. Ni siquiera se esfuerza en argumentar su postura, los exégetas concuerdan en cierta forma en que Paró solamente estaba mirando sus intereses, quería conservar sus privilegios como Rey, quería hacer valer su postura a toda costa. En efecto, la Torá pareciera querer decirnos entre líneas que nadie tiene la razón por ser quien es, o por muy alto que sea su cargo y dignidad. Incluso un Rey debe tener la razón o debe dar razones contundentes.
 
¿Quién se atrevería a luchar contra la verdad y pelear contra lo correcto? Hay que tener razón, para vencer en tal caso. 
 
Debo saber cuándo es legítimo resistirme y cuando definitivamente estoy luchando contra el “deber ser” de las cosas, desde un punto de vista ético, en una lucha que estoy condenado a perder.
 
Debería tener una razón válida para resistirme a hacer el bien, debe existir una razón válida para desobedecer. 
 
No hay problema en intentar cambiar nuestro destino, pero esto debe hacerse mediante el ejercicio de la razón. Y si la tenemos, D-s cede. De otra forma, la insistencia terminará de desviarme completamente.
 
Tenemos mucho de este fenómeno en nuestra tradición, se nos muestra por ejemplo a Abraham regateando con D-s, exponiéndole sus razonamientos y por otra parte se nos muestra a D-s, entendiéndolo y accediendo a sus peticiones.
 
Este es el sentido de nuestras oraciones. ¿Para qué rezar si todo está predestinado? – podría decir alguien – sin embargo, nosotros confiamos en que el destino del hombre puede cambiar, mediante su esfuerzo, sus buenas elecciones y su súplica personal, en todo aquello que esté a su alcance cambiar o modificar. Y siempre que funde todo esto en un razonamiento correcto.
 
La inmutabilidad de D-s no se nos presenta en nuestra tradición como rigidez, ni como sinónimo de predestinación. Efectivamente hay un espacio para nuestras decisiones personales y para que construyamos nuestro propio futuro. 
 
El punto es: ¿Cómo lo encuentro? ¿Estoy entendiendo las señales?
 
D-s nos permite arrepentirnos o endurecernos. Es nuestro derecho elegir.
Ambos escenarios son exactamente igual de probables.
 
D-s ha generado las condiciones en este mundo para que hagamos teshuvá perfecta, pero si no la aprovechamos, evidentemente nos estaremos tornando en personas cada vez más insensibles.
 
La honestidad es la clave. ¿Conozco a D-s? ¿Quiero conocerle? ¿Quiero descubrir más sobre la espiritualidad? ¿Quiero profundizar en el camino de la sensibilidad? ¿Quiero hacerme responsable de mi propia vida y tomar mejores decisiones?
 
Paró respondió a todo esto con un rotundo NO. Y debió enfrentar las consecuencias de aquello.
 
Que tengamos el mérito de entrar en un nuevo estado de conciencia, identificando aquellos aspectos de nuestra vida en los cuales tenemos libertad de acción, en los cuales podemos elegir entre el bien y el mal, en los cuales se espera que sepamos elegir bien, básicamente porque podemos hacerlo.
 
Que podamos crecer en sensibilidad, en la medida en que somos capaces de ver y escuchar al otro, en la medida en que somos capaces de entender correctamente las sutiles señales de la vida, en la medida en que nos volvemos más reflexivos y dejamos de actuar mecánicamente. 
 
Podemos razonar con lo que hay en nuestro entorno, con quienes están en nuestro entorno. Así conoceremos y escucharemos verdaderamente a D-s, teniendo además el mérito de elegir libremente practicar sus enseñanzas y construir para nosotros y para los demás un mejor futuro.
 
A diferencia de algunas corrientes filosóficas, como la de Spinoza, que niega la existencia del libre albedrío, nuestra tradición y cosmovisión en general adoptan un punto intermedio. Ni existe a secas, ni no existe.
 
Existirá en la medida en que seamos verdaderamente libres, sensibles y tengamos la disposición. 
 
Las condiciones para adoptar esta actitud frente a la vida siempre están. Solamente tenemos que ser capaces de verlas y entenderlas adecuadamente.
 
Naturalmente, este enfoque conceptual no es sencillo de entender y tampoco es una verdad absoluta. Cada cual debe analizarlo desde su propia experiencia. Porque no fue lo mismo la lucha de Iaakov que la de Paró y a no todos se nos presentarán señales en forma de ranas.
 
Que en este Shabat y en este 2022 que comienza, podamos tener el corazón abierto.

 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom uMevoraj.








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