En la Haftará de esta semana, vemos al Profeta Isaías trabajando en sus inseguridades. No era cosa fácil intentar erigirse como un líder en un pueblo como Israel, un pueblo que valora el trabajo bien hecho y que entiende que nadie está obligado a hacer algo para lo cual no está capacitado.

A pesar de todo, Isaías dirá (6:8): «Oí la voz que decía: ¿A quién enviaré? …Respondí: Aquí estoy, envíame».

Rashi comentando este pasuk, subraya lo especialmente crueles que pudieron ser las críticas del pueblo, la ironía, el sarcasmo. Sin embargo, nada de esto logró retener a Isaías.

Isaías se convertirá en uno de los profetas bíblicos más importantes, de sus tan criticados labios – inicialmente – saldrán mensajes sobre lo que se debe corregir y sobre la labor redentora que implica, en lo práctico, construir futuro.

Rabbi Isaiah HaLevi Horovitz, en Shnei Lujot Habrit, recalca que cuando Isaías, voluntariosamente, responde al «llamado». Estaba aceptando un desafío, puesto que en adelante tendría que anunciar o profetizar cosas duras, decir verdades de las que habitualmente la gente huye, hacer análisis de esos que uno se salta en el periódico por encontrarlos «despiadados». En otras palabras, había una parte «no tan linda» en su trabajo y todavía acepta, porque siente que, más que un tema de poder y capacidad, sino que, en realidad, es un deber enfrentar los desafíos.

Que esta semana todos podamos decir: ¡Voy!

Shabat Shalom.



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