Éxodo 21:1 al 24:18
 
Es interesante leer el inicio de la parashá de esta semana. Dice la Torá: “Y éstas son las leyes (mishpatim) que habrás de exponer ante ellos. Cuando comprares un esclavo hebreo…”. 
 
Hemos sido liberados de la dura experiencia de la esclavitud, hemos salido de Egipto para concretar nuestros ideales de libertad y ahora llega el momento de normar esta experiencia colectiva, en aras de la sana convivencia.
 
La palabra hebrea משפטים “mishpatim”, que se traduce como “leyes”, es a su vez una de las tres categorías de מצוות “mitzvot” o preceptos de la Torá, que refieren particularmente a la regulación de las relaciones entre una persona y su prójimo.
 
No es casualidad que este nuevo ordenamiento jurídico ponga énfasis en las relaciones entre las personas. De hecho, poner al ser humano y sus relaciones interpersonales como prioridad, es claramente una respuesta a la cultura de la deshumanización Egipcia. 
 
A mayor abundamiento, podemos notar que, además de poner el énfasis en los seres humanos, el texto muestra una especial sensibilidad hacia quienes están en una situación particularmente desfavorecida, como los esclavos. 
 
Ahora bien, esto de poner a los esclavos en el comienzo del discurso, podría ser simplemente un gesto simbólico. ¿Qué es lo verdaderamente revolucionario detrás de esto?
 
Algunos han visto en esta regulación de la esclavitud, una forma sutil de desincentivar su práctica. Y si bien, en esta época todavía era difícil pensar en un mundo sin esclavitud, una sociedad sin esclavos o servidumbre, la Torá apuesta por la coherencia. 

En palabras del político, abogado, talmudista y activista, David Farbstein: “La ley Judía, que prohibía terminantemente torturar animales, no podía aprobar que se torturase a los hombres…”
 
En esta parashá se rompe el viejo paradigma. En adelante se hablará de esclavos que pueden quedar completamente libres tras una cierta cantidad de años de servicio. 
 
Y a pesar de que habrá diferencias legales entre el trato con un esclavo nacional y uno extranjero, en ambos casos se estará procurando imponer una nueva perspectiva ética entorno al tema de la esclavitud. Más adelante de hecho, vamos a leer cosas como que un esclavo puede huir. Y que, habiendo huido, si pide refugio, no debe ser devuelto a su dueño. 
 
Es definitivamente una nueva forma de abordar la esclavitud. No se prohíbe expresamente, sin embargo, al permitir que los esclavos huyan y encuentren refugio, ¿no se está generando una nueva cultura de la servidumbre, donde finalmente, el que elige a quién servir y por cuánto tiempo servirle, es el mismo esclavo?
 
Recordemos también que en la Parashá anterior se consagró el derecho al descanso semanal para todos por igual, dueños y esclavos.  ¿No me está queriendo decir esto – entre líneas – que es importante la igualdad jurídica?
 
Es cierto, por su rol y posición en la sociedad, obviamente esclavos y ricos no eran iguales, no vestían iguales, no pensaban igual y de seguro había más de algún “roce de clase” o pugna por la diferencia de intereses.
 
Sin embargo, la Torá nos dice que somos todos iguales en dignidad y derechos, reconociendo la condición humana a todos por igual y reconociendo además que todos, independiente de su situación, tienen derecho a la libertad y a ser tratados de buena manera.
 
Hoy, la esclavitud – tal como la que aparece en el relato –  está abolida en nuestro mundo. De hecho, consideramos que la esclavitud es contraria a la dignidad humana per se y con ello, vemos materializado el ideal de la Torá. 
 
Tal vez, no era D-s el que tenía que abolir la esclavitud. Éramos nosotros mismos quienes debíamos abolirla, imitando al que “hace justicia a los oprimidos” (T. 146)
 
Esta Parashá está profundamente vinculada con el valor de la justicia. Valor que según el salmista “…aparece de los Cielos” (T. 85) Sin embargo, el desafío de abolir la esclavitud era nuestro y en cierta forma, lo logramos. ¿Qué pasa con los demás desafíos éticos que nos quedan?
 
Si la idea central del texto sigue siendo la importancia de velar por los más desfavorecidos, los cuales actualmente no tendrán el título de “esclavos”, pero siguen ahí, postergados en la base de la pirámide social. ¿Qué nos toca hacer?
 
Sin lugar a dudas, nuestro deber es atrevernos a mirarlos, tal como la Torá se atreve a mirar la esclavitud como un tema prioritario, aún cuando pudiera parecer que el relato de la liberación de Egipto era suficiente.
 
Quizás la Torá nos está diciendo entre líneas que siempre es buen momento para redescubrir cuál es la misión que nos falta por completar respecto de los más desfavorecidos y sus necesidades. Todavía se puede hacer más en la búsqueda de generar mejores condiciones de vida para todos.
 
Tal vez, esta idea de “imitar a D-s” es más importante de lo que pensamos. 
 
El mismo D-s que aparece en la Torá vistiendo a los desnudos (Génesis 3:21), visitando a los enfermos (Génesis 18:1) y enterrando a los muertos (Deuteronomio 34:6), nos invita ahora a nosotros, para que actuemos inspirados en Él.
 
Al respecto, nuestros sabios en el Talmud (Sotá 14a) dicen que en esto consiste “seguir a D-s” (Deuteronomio 13:5), en otras palabras, seguir sus atributos.
 
Estos atributos nos sirven como una guía genérica: ser misericordioso, generoso, etc.
 
Luego, nuestra tradición se ha encargado de profundizar en estas ideas y serán sendos textos de musar (ética judía) o halajá (ley judía) los que le darán contenido práctico a estas ideas inicialmente sencillas, por ejemplo: ¿Cuál es el horario más adecuado para visitar a los enfermos? (T.B Nedarim 40a), o cómo evitar incomodar a personas con cierto tipo de afecciones durante nuestras visitas  (T.B Nedarim 41a).
 
Como vemos, las ideas centrales siempre están, nuestro desafío es tomarlas para darle contenido a nuestras acciones cotidianas, inspirados en ellas, dándonos la oportunidad de reflexionar sobre cómo es más conveniente actuar, en aras del cumplimiento de determinados objetivos éticos.
 
Por otra parte, D-s también es el “liberador de los oprimidos”, según nuestra tradición.
 
Las preguntas que nos plantea esto, son varias: ¿Tenemos presente esta idea central en nuestras acciones cotidianas? ¿Qué significa “liberar a los oprimidos” en el siglo XXI? ¿Cómo influye esta idea en mi forma de entender la vida en sociedad, de opinar sobre política, de votar, de comprometerme con un proyecto social determinado? 

¿Cómo podemos imitar a D-s o qué podemos construir con base en esta inspiración? 

¿Cómo respondemos a los desafíos éticos, cuando somos nosotros y no D-s, quienes debemos culminar la labor?

Que seamos capaces de poner a las personas, especialmente a los más desfavorecidos, en el centro de nuestras preocupaciones y ocupaciones. Haciendo de esto, algo más que un discurso y mucho más que un gesto simbólico.
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom Umevoraj.

 

 

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