I Reyes 5:26 al 6:13

 

“…y hubo paz entre Hiram y entre Shlomó.
 
Esta semana, la lectura de la Haftará nos remonta a la construcción del primer Templo de Jerusalém, alrededor del año 952 a.e.c.
 
La pregunta que nos podemos hacer es, ¿por qué este proyecto, que fuera el sueño de vida del Rey David, termina siendo concretado por su hijo?
 
En el capítulo 22 del Libro de Crónicas (álef), David comenta que ha derramado demasiada sangre y por esto, D-s no le ha permitido concretar el proyecto.
 
Sin embargo, por su parte, Shlomó buscaba la paz y habiendo logrado establecerla, tiene ahora el mérito de construir una “casa para D-s”.
 
Aquí se repite el mismo patrón que hemos estudiado en las Parashiot Mishpatim y Trumá: Primero la paz entre los hombres y luego podemos construir lo sagrado.
 
Esto es sumamente importante, porque fija el orden de las cosas. Y esto es necesario recordarlo, ya que desde el mundo de la religión muchas veces se intenta partir al revés, pensando que desde la religión vamos a promover los cambios y mejoras que el mundo necesita.
 
Esta semana los textos nos dicen – entre líneas – lo contrario.
 
Los más bellos logros espirituales de una sociedad, secundan a los avances para la construcción de una mejor sociedad. Así como en la parashá Trumá, se nos dice que D-s quiere residir en medio del pueblo, después de haberles entregado – en forma vinculante – leyes y principios para la convivencia pacífica, ahora, en el texto de la Haftará se nos dice que será Shlomó, el pacifista, quien construirá el Templo.
 
Evidentemente, construir lo sagrado requiere de ciertas condiciones mínimas.
 
Que seamos capaces de generar las condiciones para que el mundo entero pueda seguir albergando la Divina presencia.
 
Shabat Shalom.
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