Mucho se ha escrito sobre “el rol de la mujer judía” a lo largo de la historia. Nuestra tradición aborda estas materias con un enfoque legal y moral. 
 
Sin embargo, es importante poner el tema en contexto, dado que – en mi opinión – no se trata de asuntos propios de la “revelación”, sino más bien de una serie de elementos y fenómenos culturales perfectamente explicables, que condicionaron el pensamiento judío y que por cierto, no surgieron ni se desarrollaron solamente dentro del “Klal Israel”.
 
Desde los años cincuenta, los llamados “estudios de género” han revolucionado la forma de entender nuestra sociedad y la forma en que hombres y mujeres interactuamos en ella. 

Nos han permitido reflexionar sobre conductas y actitudes que considerábamos absolutamente normales, porque descansaban sobre una especie de consenso mayoritario, el cual se sustentaba a la vez en ideas o nociones de carácter moral y religioso.
 
Robert Stoller, un médico psiquiatra e investigador estadounidense, fue parte de la década que marcó el inicio de los cambios.
 
En su notable trabajo, titulado: “Sexo y género: el desarrollo de la masculinidad y la femineidad.” (1968), Stoller reflexiona sobre cómo somos condicionados para, a pesar de ser – genéricamente hablando – personas, auto percibirnos como hombre o como mujer y cómo esto cambia dependiendo de la cultura en la que nacemos, postulados que además prueba con los resultados de sus investigaciones.
 
En la misma época surge el concepto de la “Nueva Historia”, una forma multidisciplinaria de estudiar y comprender los fenómenos históricos, enriqueciendo las investigaciones a través de la coordinación de los hitos, datos e informaciones, con las Ciencias Sociales en general. 

Una verdadera nueva técnica que permitiría incorporar a las mujeres, en adelante, como un sujeto de interés histórico, una persona relevante para el estudio de las comunidades humanas, sin ser más invisibilizada. Así lo señala en sus obras el célebre historiador Fernand Braudel.
 
De esta forma, un cambio de mentalidad reciente nos ha permitido desarrollar la teoría de género y una serie de disciplinas de naturaleza adyacente, pero de gran relevancia, como los “estudios de la mujer”.
 
En la Parashá de esta semana, la Torá nos dice en referencia a los donativos que el pueblo dio para el mishkán y para el vestuario sagrado de Aarón: “Vinieron los hombres en pos de las mujeres – todo generoso de corazón – ellos trajeron brazaletes y pendientes, anillos y collares, todo objeto de oro, todo aquel que había ofrecido ofrenda de oro ante D-s.” (Éxodo 35:22)
 
En referencia a este pasuk, es interesante ver que la expresión “על הנשים” (al hanashim), “con las mujeres”, ha sido entendida como “después o en pos de ellas”, por algunos exégetas. Así lo afirman por ejemplo Najmánides y Abarbanel, señalando que ellas donaron o se acercaron a donar primero y los hombres se sumaron posteriormente.
 
Rashi agrega un cierto sentido de proximidad en esta “ida en pos”, la cual – en mi opinión – no necesariamente debe entenderse como una proximidad física, sino que también podría estar dándonos a entender que los hombres siguieron el ejemplo de las mujeres, se inspiraron al verlas.
 
Las razones que Najmánides aporta sobre por qué las mujeres habrían ido supuestamente primero, tienen que ver con una idea cultural muy aceptada, incluso actualmente, de que las mujeres son las que usan joyas o poseen más joyas.
 
Esto podría aceptar cuestionamientos, naturalmente.
 
Pero, ¿no está intentando Najmánides y los otros exégetas que siguen esta línea, entender el texto, desde un contexto femenino?
 
Me explico: Hemos visto que los estudios de género, facilitados por una nueva forma de entender la historia y los fenómenos históricos, nos han permitido incluir a las mujeres en nuestras búsquedas intelectuales. 
 
Entonces, ¿qué hace Najmánides intentando hacer lo mismo, pero varios – o muchos – siglos antes?
 
Lo primero que observamos aquí es que hay una línea de exégesis que decide no saltarse lo que la Torá consigna, por distinciones de género. Por el contrario, intenta coordinar el texto con algún elemento cultural propio del contexto histórico en que se da o inspira el texto y que explique o podría llegar a explicar la conducta de las mujeres en el relato.
 
Y esto nos conduce a pensar sobre la mujer semita, su rol en la sociedad en otras épocas, sobre cómo esto pasa a nuestro pueblo y qué hacemos con esa «herencia» hoy.
 
En un artículo del profesor, Dr. Efrem Yildiz Sadak, experto en estudios Hebreos y Arameos, titulado: “El papel de la mujer semita en la sociedad mesopotámica” y publicado por la Revista Internacional de Culturas y Literaturas, se dice que: “En la evolución de la sociedad semita se puede observar un modus vivendi marcado por la supervivencia y la lucha continua para conservar y proteger al grupo. Este hecho obligó a que las funciones de sus miembros, fueran bien determinadas y de esta forma conservar la pervivencia del colectivo…”, esto hace clara alusión a lo que hoy entendemos como “roles de género”.
 
El profesor continuará explicando otra serie de factores de orden económico, territorial y de consecuencia, también “político”, que explican esta delimitación de las funciones y su consolidación en el tiempo.
 
 
Agrega además: “Conforme a esta visión, la imagen de la mujer semita se centra en determinados aspectos de la vida, entre los cuales se subraya la transmisión de la vida y por tanto la continuidad…  Estos  valores prevalecen aún en la sociedad semita que hoy día se identifica erróneamente con el mundo árabe que a su vez es considerado sinónimo del Islam. Este  legado  histórico-cultural  semita  abarca  muchos  más pueblos,  culturas  y lenguas, diseminados por un vasto territorio que se extiende desde Egipto hasta la zona caucásica, es decir el Oriente Próximo.
 
Este trabajo resulta, al menos para mi, profundamente esclarecedor. 
 
Porque, así como el Islam – en la opinión del profesor Yildiz – no es el “autor” de la particular visión que se tiene actualmente sobre la mujer en muchos países de mayoría musulmana y que tanto escandaliza a Occidente. La Torá, la tradición Judía y los “judaísmos”, no son autores de las distinciones de género ni de los roles de género que simplemente hemos heredado por el hecho de ser un pueblo de origen semita.
 
La Torá no está diciendo que hay cosas de mujeres, como el uso de joyas.
 
Fueron los exégetas quienes intentaron “dialogar” con lo que dice la Torá, desde los roles de género, los cuales ninguna relación tienen con la revelación, ya que son asuntos culturales, una herencia cultural incluso anterior a la revelación.
 
Y esto, aunque no concordemos del todo con lo que el exégeta tradicional nos pueda aportar, es realmente maravilloso, ya que nos permite continuar “dialogando” a nosotros con el texto sagrado, ahora desde nuestra perspectiva, con toda la riqueza cultural que hemos ido tomando, adaptando, resignificando e incorporando desde los lugares por los que hemos pasado, donde construimos una serie de “ethos kasherizados” que nos permitieron convivir con otros, permaneciendo judíos y preservando nuestra identidad, a pesar de que nos beneficiamos del conocimiento, los avances y descubrimientos científicos del otro, aportándoles además de lo nuestro.
 
Es importante tener una cierta “noción del tiempo” al sondear nuestras fuentes. Si nos quedamos solamente con la lectura de eras pasadas, corremos el riesgo de sonar lo suficientemente anacrónicos, como para espantar a cualquiera. 
 
Ahora bien, en referencia a esto último, quisiera hacer una precisión. 

Salgamos por un momento del “ámbito judío”.
 
En “La República”, Platón le pregunta a Glaucón si conoce alguna profesión en la que el hombre no sea superior a la mujer, acto seguido, se responde a sí mismo diciendo: “No perdamos tiempo hablando de tejidos y de confección de pasteles y guisos, trabajos para los cuales las mujeres parecen tener algún talento y en los que sería completamente ridículo que resultaran vencidas«.
 
Como los lectores y lectoras advertirán, esta cita, convertida en una frase liviana para una conversación de sobremesa, sería inaceptable. También sería un escándalo si alguien lo cita en un foro internacional, intentando convencer a los oyentes de que las mujeres son útiles por “naturaleza” para hacer pasteles.
 
Lo mismo ocurrirá si desde los “púlpitos” se afirma – con mayor o menor sutileza – que las joyas “son cosas de mujeres”. Porque intentar difundir esas ideas hoy, es muy poco inteligente, sea que las diga un hombre o una mujer.
 
Sin embargo – y aquí está el punto – nadie querría “quemar” las obras de Platón ni prohibir su estudio por los planteamientos que expuso miles de años atrás.

Y sobre eso estuve conversando esta semana con una buena amiga y compañera de estudio de Torá: “No queremos quemar la Torá…”, concluimos juntos.
 
Lo que proponemos es una nueva forma de leer, una más amplia, una que atienda al espíritu mismo de lo que conocemos como “revelación” y que se adapte a los cambios culturales, sin prescindir o renegar de nuestra propia cultura.
 
La Torá nos permite hacer esto, de hecho, el mismo pasuk 29 – retomando el tema de las joyas – nos dice que concurrió: “Todo hombre y mujer, a quien voluntariamente movió su corazón para traer [donar], para toda la obra que había ordenado D-s hacer…”, recalcando así que el tema central era la liberalidad o generosidad de todos, lo cual se afianza además con la expresión «בני ישראל» (Benei Israel) “Hijos de Israel”, incluyéndolos a todos en el pueblo, sin distinciones, lo cual se constituye en fuente de igualdad de derechos y obligaciones para hombres y mujeres, de la cual ya teníamos nociones por cierto, a pesar de nuestra herencia cultural semita. 
 
Desafortunadamente, uno sigue escuchando estudios y sermones de quienes se niegan a “dialogar” con los textos, repitiendo lecturas anacrónicas y esforzándose en vano por intentar reafirmarlas. No son pocos los que frente a estos pesukim, reafirman consciente o inconscientemente ciertos estereotipos de género. 

Esto me recuerda ese antiguo poema del Lituano Judá Leib Gordon, titulado “La punta de una Yod”, que dice: “¿Mujer hebrea, quién conoce tu vida?”.
 
Hay gente que al parecer no se enteró de que el mundo lleva siete décadas cambiando en esta materia.
 
La Torá también puede ser una “Nueva Historia”.
 
La Torá también puede ser leída con el lente del mundo globalizado.
 
La revelación no se altera ni perjudica por hablar de feminismo, o de igualdad de género. Nuestros exégetas intentaron hacerlo en una época sin “estudios de género” y negarnos a dar el siguiente paso, equivaldría a negar todo el conocimiento científico actual en aras de defender una lectura meramente purista, acaso arcaica, acaso ajena de la Torá.
 
En este Shabat, deseo sinceramente que seamos capaces de construir un judaísmo relevante para nuestra época. Pero para ello, es necesario que estemos tan conectados con la Torá, como con la época en la que vivimos.
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.

 

 

 

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