La reparación del mundo comienza en los lugares más cercanos, con los detalles más pequeños e insignificantes de nuestras vidas, cada una de nuestras acciones tienen el poder de repercutir universalmente. 
 
La forma en la que los seres humanos consumimos son la causa y producto de muchos problemas medioambientales que vive nuestra sociedad en la actualidad, el cómo, cuándo y dónde, cobra una gran importancia en el desarrollo de prácticas conscientes en relación a nuestro planeta.
 
Si bien la industria cada día es más responsable del origen de los contaminantes, estos continúan justificando ciertas prácticas en relación a nosotros los consumidores, con la lógica de la oferta y la demanda, es nuestra responsabilidad exigir productos que no contaminen y así las corporaciones se verán obligadas a cambiar para atraer más clientes.
 
Los criterios básicos del consumo responsable son el apoyo al comercio local con bajas emisiones de CO2 y la cercanía entre productores y consumidores, una producción respetuosa y consciente que promueva la biodiversidad.
 
Estas decisiones hacen la diferencia entre un sistema que se sostiene a costa de la explotación del planeta y sus recursos naturales y uno responsable que busca lidiar con las necesidades reales de la población.

Si buscamos mejorar nuestro mundo, el lugar para comenzar es el Mishkán de nuestras propias vidas, nuestros hogares.


Shabat Shalom.

 

 

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