Levítico 1:1 al 5:26
 
Estamos comenzando el estudio de un nuevo libro de la Torá, el libro de Vaikrá, conocido también como “levítico”.
 
En el segundo pasuk del primer capítulo leemos: “Habla a los hijos de Israel y habrás de decirles: una persona – de vosotros – cuando acercare un sacrificio ante Adon-i, de animales, de vacunos y de ovinos, habréis de acercar vuestros sacrificios.” Y agrega el siguiente pasuk: “…habrá de acercarlo por su propia voluntad ante Adon-i.
 
La expresión “voluntad” (en hebreo: לרצנו / lirtsonó) que aparece en el texto, llama mucho la atención. Primero, porque se está ofrendando un animal que va contra su voluntad a ser sacrificado – si pensamos que los animales podrían tener algún grado de conciencia y que no son seres meramente autómatas – lo cual nos lleva a pensar en el culto sacrificial como un asunto profundamente simbólico, que demandaba un determinado razonamiento, una determinada actitud y un determinado nivel de reflexión en la persona que se acercaba a ofrendarlo.
 
Así buscan dar sentido a estos pesukim nuestros exégetas. Y en esta línea, Maimónides llega a afirmar que la persona que se acercaba a ofrendar un sacrificio, debía tener conciencia de que en realidad esto era un símbolo de su propio sacrificio y su propia entrega.
 
El animal se transformaba así en una manifestación o exteriorización de un proceso interno que no podía se reemplazado por cosa alguna, que era imperativo hacer o experimentar previo al ritual y cuya ritualidad – aunque suene redundante aclararlo – no se bastaba a sí misma, sino que requería, en cualquier caso, de este proceso interior.
 
No era el animal quien debía ser entregado, era la persona la que se debía entregar a sí misma. Eso era el centro, eso era lo importante.
 
Pensemos ahora en una situación actual en la que las personas siguen corriendo el riesgo de confundirse y pensar que un símbolo suple un deber de fondo ineludible.
 
Estamos próximos a Purim, una hermosa festividad con hermosas tradiciones, entre las que se encuentra la de hacer o dar “Matanot Laebionim” (מתנות לאביונים) y que se traduce generalmente como “dar regalos a los pobres/necesitados”, dar limosna o simplemente dar regalos.
 
Más allá de esto, algunos regalan preparaciones sabrosas a algún amigo, familiar o vecino, independientemente de su situación económica, como señal de alegría y deseos de compartir en un día tan especial.
 
Sin embargo, el regalo no reemplaza lo importante, el símbolo no reemplaza los deberes de conciencia.
 
En psicología infantil se habla del “síndrome del niño hiperregalado”, para referirse a un menor de edad cuyos padres intentan suplir el tiempo, atención e incluso cariño que no pueden brindarle, con regalos. Situación que perjudica mucho a los niños al extremo de afectar su desarrollo y creatividad.
 
Pero no son solamente ellos los que sufren a causa de esta confusión. Hay matrimonios, amistades y relaciones laborales que se ven afectadas por lo mismo. 
 
No existe siquiera una relación humana saludable, que se sustente en la idea de que lo material reemplaza, por ejemplo, los sentimientos.
 
Y esta no es una lectura antojadiza de la Parashá.
 
El tema de la entrega personal, de la dedicación total a nuestras actividades diarias y a nuestras relaciones interpersonales, no solamente se puede extraer de estos primeros capítulos del libro, sino de todo su contenido.
 
Imagínense, el texto nos hablará en adelante de una casta sacerdotal que se dedicará completamente al servicio Divino, en una actividad para la cual debían recibir instrucción, tanto teórica como práctica y que demandaba concentración, trabajo físico y mucha responsabilidad.
 
Ojalá todos tuviéramos este nivel de dedicación cuando se trata de atender los asuntos del hogar, considerando que las experiencias santas del Mishkán están ahora en nuestras mesas de Shabat, en cada decoración de Purim que colguemos en nuestras paredes la semana próxima y en cada detalle que preparemos para el Séder de Pésaj en un tiempo más.
 
Vaikrá no es solamente un libro con recetas de cocina e instrucciones de higiene para una misteriosa tienda o casa de hace miles de años. Entre sus minuciosos detalles se encierra el sentido del deber, la dedicación, la búsqueda de la perfección y el deseo de conducirnos pulcramente por la vida, en todos los aspectos de nuestra vida, en cada compartimento de nuestro mishkán interior y en cada dependencia del mishkán del hogar.
 
Por otra parte, no es bueno ser ansioso, tampoco se trata de ser una persona que logre grandes hazañas. Nuestra tradición nos enseña que incluso un hombre sencillo puede lograrlo. Incluso haciendo cosas sencillas, con la actitud correcta, podemos lograrlo.
 
Si abren un rollo de Torá, notarán que la letra א (álef) de la palabra “Vaikrá” (ויקרא) “Y llamó…” está escrita más pequeña que las letras que la preceden. Rashi explica que esto se debe a que con esta expresión se llaman unos a otros los ángeles y que además es una expresión que demuestra afecto. 
 
Entonces, cuando Moshé escucha que D-s lo llama de esta forma, actúa con humildad y hace que esta álef quede más pequeña. No es un ángel y lo sabe, sólo es un hombre que intenta cumplir su misión en la vida. Porque sí, no es necesario ser un ángel o un héroe.
 
Hay exégetas que le encuentran otro significado a esta letra más pequeña.
 
Se señala que esta א nos invita a considerar que no debemos descuidar el cumplimiento de las “mitzvot pequeñas”, de aquellas que usualmente no consideramos importantes o con las cuales no somos lo suficientemente cuidadosos. 
 
Esta línea devuelve la lectura a la importancia de los detalles, de ser minucioso y poner atención en las cosas sencillas.
 
En esta parashá D-s llama a Moshé con afecto, Moshé se acerca y Él le habla. Sin embargo, la palabra “ויקרא” (Vaikrá) también puede ser leída como: “…y leyó”, razón por la cuál, algunos exégetas dirán que D-s estudió Torá con Moshé.
 
Imagínense: D-s con Moshé, en un encuentro personal, donde el diálogo – elemento fundamental para la enseñanza y el aprendizaje – fluía entre ellos.
 
Ni siquiera el regalo mismo de la Torá, que Moshé había recibido en Har Sinaí,  podía substituir este tipo de encuentros. Nada reemplaza el encuentro personal, nada reemplaza la experiencia del diálogo, que nos permite aprender de otros y crecer.
 
Que en este Shabat y en esta festividad de Purim que se aproxima, podamos entender que lo importante no son nuestros regalos, entiéndase, eso físico – lo que sea – que envolvemos en un papel visualmente atractivo y que encintamos, no solamente en Purim, sino también en cada cumpleaños, en cada logro de un familiar o amigo que queremos celebrar.
 
Lo importante es que volvamos a hablarnos con afecto, que volvamos a acercarnos los unos a los otros y reunirnos para conversar, para aprender juntos.
 
Cada persona tiene una misión en el mundo, en su familia, en su área profesional. Y no puede esconderse de aquella misión, de ese deber de entrega, de compromiso total y dedicación, detrás de un símbolo.
 
Tenemos el deber ineludible de volver a lo importante y poner el corazón en lo que hacemos y en nuestra forma de relacionarnos con los demás.
 
En hebreo, poner atención se dice: “Lasim lev” (לשים לב), literalmente “poner el corazón”. De seguro esta fue la actitud de Moshé al responder al llamado de D-s en esta parashá y en general, la buena disposición que mostró durante todo su liderazgo, misma actitud que nosotros estamos invitados a adoptar frente a la vida hoy.

 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom Umevoraj. 


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