Levítico 6:1 al 8:36

En la segunda aliá de esta semana, leímos que el Cohen Gadol, en su primer día de servicio en el mishkán (santuario) debía ofrecer un sacrificio, una “minjá especial”
 
Rashbam agregará que no solamente el Cohen Gadol, sino todos los Cohanim en su primer día de servicio tendrían que ofrecer esta ofrenda, lo cual se infiere de lo que señala el pasuk 15 y así lo explica también Shabetai ben Iosef Bass en “Siftei Jajamim”. 
 
La diferencia radicaría en que – a tenor del pasuk 13 y según explica también Rashi – el Cohen Gadol tendría que ofrecerla diariamente en adelante.
 
¿Cuál era la importancia de este sacrificio del Cohen Gadol?
 
Abarbanel, entre algunas de las razones que esgrime para justificar esta ofrenda, señala: “Para que otros digan que, si el Cohen Gadol necesita expiación, entonces ciertamente tenemos que hacerlo…”
 
Agrega Rabeinu Bejayé ben Asher que esta ofrenda, al igual que la registrada por el profeta Ezequiel para un eventual tercer templo (Ez. 44:47), no expiaba ningún pecado en particular y de consecuencia, entiende que tiene un significado simbólico, en este caso la limpieza espiritual del Cohen Gadol.
 
En cualquier caso, al cruzar ambas posiciones exegéticas, tenemos como resultado un sacrificio con una carga simbólica adicional y que bien podría tratarse de la necesidad de construir liderazgos inspiradores, que inspiren con el ejemplo.
 
El Rabino Ieshaia Horowitz en su obra “Shaló” (Shnei lujot habrit), comúnmente catalogada como una obra de Musar (ética judía de las virtudes), señala – explicando este sacrificio – que tenía por finalidad asegurarse de que el Cohen Gadol ore por toda la comunidad, porque todos dependen de él para obtener el perdón Divino. En otras palabras, buscaba hacerlo consciente de su responsabilidad.
 
En palabras de Albert Einstein: “Dar el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única manera…”
 
Hoy, no tenemos Templo ni Cohen Gadol, pero todos somos líderes en algún ámbito, en algún área de desempeño profesional, en la familia o en la comunidad, todos somos “el primero entre nuestros hermanos” en alguna actividad, todos contamos con la confianza de otros – como el Cohen Gadol había recibido la confianza del Sanedrín – y así, se nos confieren vestuarios santos y una posición.
 
Es nuestro deber tomar conciencia de la posición que ocupamos, de los deberes que tenemos hacia los demás, hacia quienes en mayor o menor medida dependen de nosotros: nuestros hijos, nuestros alumnos, etc.
 
El mundo cambiaría mucho – para bien – si cada persona que se encuentra en un puesto de liderazgo, honrara la confianza que en ellos se ha depositado y se preocuparan de enseñar con el ejemplo, a fin de que cada comunidad humana se sienta inspirada y se sume a las grandes hazañas que se deben conquistar de cara al futuro.
 
Nuestro ejemplo permite que otros vean que es posible y se unan a nosotros, a fin de avanzar y crecer en unidad. Y esto es posible en todo orden de cosas, desde el trabajo conjunto para construir la paz en el hogar, hasta la obtención de logros a nivel sociedad, porque son todos igual de relevantes y demandan de nosotros “estar a la altura”.
 
En un comentario a la Parashá Tzav, la Rabina Débora Weisberg nos dice que: “Israel está llamado a ser un reino de sacerdotes y una nación santa. Los sacerdotes reflexionan y apoyan la santidad del pueblo, pero la carga y la bendición de luchar por la santidad nunca pueden recaer solo en los líderes.”
 
Hoy, cuando vivimos en una sociedad globalizada, en la cual soñamos con un mundo con sentido de lo santo, que seamos capaces de ser buenos líderes, cada cual en la esfera de sus influencias, convocando con nuestro ejemplo y que también seamos capaces de identificar los liderazgos positivos que este siglo necesita, dejándonos inspirar y atraer por el mensaje que nos comparten con el ejemplo.
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.

 

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