En esta parashá, la Torá nos presenta el texto base de lo que conocemos como “las leyes de kashrut”. Dice el capítulo 11: “Hablen a los hijos de Israel diciendo: Estos son los animales que podréis comer…”
 
Sin embargo, el concepto “Kosher” no aparece aquí, ni en ninguna otra parte de la Torá.
 
Al respecto, es dable preguntarse cómo llegamos a construir la idea de Kosher / Taref, lo religiosamente apto y lo religiosamente no apto.
 
En primer lugar, hasta el punto de la lectura al que llegamos esta semana, hemos estudiado previamente en el libro de Bereshit la distinción entre “lo bueno y lo malo” (tov/ra), luego en esta parashá del Levítico, se nos presenta la revolucionaria distinción entre “lo puro y lo impuro”.
 
Ambas cosas, son antecedentes directos de lo que nuestros sabios construirían posteriormente y que ha pasado a nuestros días.
 
Explicó la profesora Nejama Leibowitz z”l, que algunas razones para la existencia de estas reglas, son: la identidad y el autodominio.
 
Y creo que este segundo punto es muy relevante, porque debemos leer este capítulo en el contexto del libro y su invitación o llamado a la santidad (19:2)
 
Pienso que, tal como recomienda el sabio Salomón: “Pon cuchillo a tu garganta…” (Proverbios 23), es pertinente que el ser humano domine, no “su apetito”, sino “sus apetitos”.
 
Y en este sentido, “la dieta religiosa judía” se transforma en un potente mensaje simbólico, que nos recuerda nuestro deber de estar conscientes a un nivel más alto.

Ya no se trata de si comer o hacer tal o cual cosa me parece o no bueno, o si tal o cual cosa tiene una condición en sí misma que la hace impura y me impurifica si me acerco, la como, la toco, etc.

Esto lo digo porque, si alguien se pregunta: ¿Qué tiene de malo comer tal cosa? Alguien podría contestar: Absolutamente nada, no daño a nadie. Y se acaba el sentido de la kashrut. No tenemos un conflicto ético cada vez que cocinamos.

Otra persona podría intentar asemejar la pureza y la impureza, con un tema meramente higiénico y pensar que actualmente los alimentos se producen en condiciones mucho mejores que hace 3.000 años. Y se acaba el sentido de la kashrut para ella.

Esto, sin contar los que dirán que la kashrut es un conjunto de normas que se deben cumplir «porque sí» y que no es necesario entender cosa alguna.
 
Lo cierto es que, la kashrut, es un constructo rabínico que va más allá de las valoraciones éticas y morales, incluso de las forzadas explicaciones de salud que algunos pretenden agregarle, o de las características de tipo espiritual que se le atribuyen a ciertos animales.
 
La kashrut pareciera ser, principalmente, un proyecto no ético y no mágico, para hacer a las personas conscientes de que tienen un deber: poner mesura y poner control en sus vidas y en sus actividades.

Va más allá de lo bueno y lo puro, para buscar lo adecuado.
 
Quiera D-s permitirnos que, en adelante, nos preocupemos tanto de las actitudes aptas, de las decisiones aptas, como nos preocupamos por los alimentos aptos.
 
Que no sólo sea apto lo que entra a nuestras bocas, sino también lo que decimos por ejemplo. Que no sólo sea apta la comida que servimos en nuestras mesas, sino también la actitud que tenemos hacia los demás comensales, por ejemplo en una familia: que haya amor, comprensión y empatía entre todos, etc.
 
La kashrut es más que un tema de sellos y certificaciones. Decir que son «las leyes alimenticias judías», es quedar corto.
 
Es una enseñanza para la vida, que se enseña con el ejemplo, por eso dicen nuestros exégetas que Moshé y Aarón tomaban cada uno de los animales y los mostraban al pueblo, indicando cuál sí se podía comer y cuál no.
 
Agregan los exégetas que esto se debe a que no era suficiente para el pueblo “escuchar” lo que sí y lo que no, sino además necesitaban ver una demostración.

Que seamos capaces, cada uno en su esfera de influencias, de dar el ejemplo, demostrando que responder afirmativamente al llamado a la santidad es posible y que elegir bien, entre lo adecuado y lo inadecuado también.
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.
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