En Midrash Tanjumá, se cuenta que Turnus Rufu, un gobernador Romano, le preguntó a Rabi Akiva: “¿Cuál obra es más bella? ¿La de D-s o la del hombre?”.
 
Rabi Akiva contestó que la obra del hombre era más bella y así la discusión continúa.
 
Turnus Rufu parece no quedar conforme con lo que le respondió Rabi Akiva y agrega otra pregunta: “¿Por qué ustedes se circuncidan?”.
 
Entonces, Rabi Akiva procede a ejemplificar el sentido de la circuncisión, profundizando a la vez en su respuesta anterior.
 
Rabí Akiva trajo granos de trigo y un pastel: “Esto [el trigo] es obra divina y esto [el pastel] es obra humana. ¿No es mejor el pastel que los granos de trigo?”.
 
En la Parashá, de esta semana (Tazría), leemos sobre la circuncisión.
 
Dice la Torá: וביום השמיני ימול בשר ערלתו En el día octavo, habrá de ser circuncidada la carne de su prepucio.” (12:3) 
 
Aquí se nos presenta la circuncisión como un חֹק (jok), un precepto cuya explicación no figura en el relato. No se nos da una razón de por qué debemos circuncidar a nuestros hijos o cuál es el objetivo de todo esto. No se nos presenta como algo especial o con un sentido espiritual profundo, sino como una mitzvá más entre tantas otras.
 
La palabra empleada en el pasuk (versículo) y que traducimos como “será circuncidada”, es: ימול (imol), que viene de מול (mul), literalmente circuncisión.
 
Misma palabra que aparece en Bereshit 17, cuando se relatan las instrucciones dadas por D-s a Abraham avinu, referentes a la circuncisión. Allí también se ocupa: “ימול (imol)” y se nos presenta una idea técnica sobre qué es lo que se debe retirar, la ערלה “orlá”. Pero el contexto de los pesukim 9 al 14, nos proporcionan una idea adicional: la idea del ברית (brit) pacto.
 
A este respecto, los exégetas concuerdan en que se deben entender incorporadas al capítulo 12 del libro de Vaikrá, aquello que consigna – sobre el mismo tema – el capítulo 17 del libro de Bereshit.  A pesar de ser dos relatos distintos.
 
Concuerdan además, mayoritariamente, en que la circuncisión es una especie de símbolo y que, aunque es común utilizar “mul” y “brit milá” como sinónimos, no lo son. 
 
Rabi Akiva – continuando con el relato de Midrash Tanjumá – dio como respuesta final a Turnus Rufu, que la circuncisión era una especie de perfeccionamiento del hombre, una de estas obras del hombre que serían más perfectas que las del Creador. Todo esto, luego de que Turnus Rufu preguntara por qué los chicos no nacían circuncidados, si era voluntad del Creador que se circuncidasen. 
 
Rabi Akiva respondió con un salmo, diciendo: “…Con respecto a lo que preguntas, ¿porqué nace incircunciso? Te diré, que el Santo, alabado sea, no promulgó los preceptos con otro propósito que el de acrisolar [purificar, depurar] con ellos a los Israelitas. (Tehilim 18).”
 
Así, Benno Jacob apoyará la misma idea: la circuncisión es un símbolo, un acto físico mediante el cual podemos recordar nuestra misión espiritual y ética, que es perfeccionar el mundo.
 
Curiosamente, en ninguno de los dos relatos se nos habla de la circuncisión como un acto nacionalista, identitario u otra cosa semejante. ¡Y afortunadamente no fue [sólo] así! De otra forma tendríamos un conflicto teológico considerable, en un mundo donde la circuncisión por razones médicas es cada vez más habitual y donde prácticamente toda la población masculina de Nigeria está circuncidada. Si la idea hubiera sido diferenciarnos, claramente ya no se cumpliría el objetivo y tendríamos que decir: adiós circuncisión.
 
Los musulmanes, de hecho, también tienen por costumbre circuncidarse, aunque no tienen un rito establecido, ni existe un equivalente a nuestro “mohel” y tampoco se indica un día o edad en específico para realizarlo, respondiendo además – en este contexto – a una lógica meramente higiénica, donde se pone a la circuncisión al nivel de otras prácticas rutinarias de limpieza corporal, como cortarse las uñas y recortarse el bigote.
 
Nosotros en cambio, a pesar de los muchos supuestos beneficios de salud que proporcionaría la circuncisión, entendemos que esa no es la razón por la cuál la mitzvá nos fue dada. Es una mitzvá que pertenece a la categoría de “jukím”. 
 
En ese sentido, responder que la circuncisión para nosotros “es un tema identitario”, también resultaría relativamente cierto. Podría serlo, pero este asunto sigue siendo un “jok”.
 
El pacto de Abraham y de los que entrarían en su pacto detrás de él, es una idea más o menos entendible. Pero todavía no despejamos todos los “por qué”.
 
Pienso que el sentido de los “jukím”, es proporcionarnos una fórmula para no responder en genérico, para no imponer una respuesta única a todos, permitiendo que la persona busque y encuentre un sentido personal a través de una determinada experiencia.
 
No se trata de qué es esto, sino de qué es esto para mi y para mi familia.
 
¿Cuál es la circuncisión judía? ¿La de Bereshit o la de Vaikrá?
 
Podría ser cualquiera de ambas, podría ser un poco de ambas y cada familia podrá decidir cómo la ve, entendiendo que la ritualidad es expresión o símbolo de algo, que no es un acto de magia y que tendrán que seguir trabajando como familia para lograr sus metas y sueños. Es en este contexto en el cual, las familias pueden decidir y elegir hacer de su judeidad y del judaísmo algo relevante para ellos.
 
En la práctica religiosa judía, las decisiones de cada comunidad, de cada familia y de cada persona, son importantes. Para nosotros toda experiencia humana cuenta. Y no tenemos necesidad alguna de “fijar” un único sentido a nuestros rituales. No es necesario que signifiquen lo mismo para todos. 
 
Este tipo de prácticas, como tantas otras que hemos ido redescubriendo, replanteando y reformulando con las épocas, especialmente en el movimiento de reforma, están siempre abiertas o potencialmente abiertas a las búsquedas personales y también a las búsquedas comunitarias (personalizadas).
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.
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