“…Moshé entraba a la tienda del encuentro para hablar con Él, oía la voz … y así le hablaba a Él”. (Bamidbar 7:89)

En la parashá de esta semana, hay dos menciones interesantes que invitan a pensar en la otredad. Una colectiva: Los sacerdotes, bendiciendo al pueblo. Y otra individual: Moshé en la tienda del encuentro con D-s.
 
¿Cómo podemos ver más allá de los rangos y cargos que señala el texto, para aprender algo sobre esto en una época sin profetas ni sacerdotes?
 
Buber, en referencia a la relación, enseñó: “El hecho fundamental de la existencia humana no es el individuo en cuanto tal ni la colectividad en cuanto tal. Ambas cosas consideradas en sí mismas, no pasan por ser formidables abstracciones. El hecho fundamental de la existencia humana es el hombre en cuanto hombre… en él ocurre entre ser y ser algo que no encuentra semejanza en ningún otro rincón de la naturaleza (…) Esta esfera la denomino la esfera del “entre”… únicamente en la relación viva, podemos reconocer inmediatamente la esencia peculiar del hombre.” 
 
D-s se manifiesta cuando hay una situación de encuentro, donde existe una unión entre dos, allí, lo esencial se manifiesta. 
 
Toda vida verdadera es encuentro”, escribe Buber.
 
No somos sin el otro y no somos si sólo nos miramos a nosotros mismos. Lo que para Franz Rosenzweig sería que: “El dolor mora en el yo, pero el amor mora en el tú”. 
 
El amor y el sufrimiento son, en efecto, el origen de la vida. La certeza del amor y la confianza en el otro, proviene de la experiencia del otro, ya sea a través de la mirada, del gesto o de la palabra, es el otro el único capaz de liberar al esclavo del dolor.
 
El acto de amor es una ofrenda plena y sincera al otro, solidaridad que no responde a la relación previa del hombre con D-s, sino más bien, proviene del reconocimiento directo del otro como cercano y al mismo tiempo, como representante de toda la humanidad.
 
La existencia humana está hecha de relaciones y en esa permanente interacción somos simultáneamente Yo y Tú. Aunque es en el Tú donde nace la relación.

Shabat Shalom.
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