En la parashá de esta semana, leemos un extraño episodio familiar donde los hermanos de Moshé se muestran hostiles con él y con su esposa. 
 
Dice la Torá: “Habló Miriam y Aarón contra Moshé por causa de la mujer kushita que había tomado, ya que una mujer kushita él había desposado. Dijeron: «¿Acaso solamente con Moshé ha hablado D-s? ¡Ciertamente también con nosotros ha hablado!» y los escuchó D-s.” (Números 12: 1-2)
 
En lo que sigue, sólo Miriam – en el lenguaje del texto – sufrirá un doloroso castigo como consecuencia – aparentemente – de estas palabras. 
 
Por su parte, en el Talmud, Rabi Akiva – aportando un poco de sentido de justicia al texto –  señalará que también Aarón sufrió estas consecuencias junto con Miriam (T.B Shabat 97a). Sin embargo, no es sobre la enfermedad de Miriam, ni sobre quién fue o no castigado, que me gustaría profundizar en esta ocasión. Hay algunas ideas en los dos versículos ya citados que ameritan, a mi parecer, un análisis más profundo.
 
Lo primero (que se me hace muy curioso), es el término que emplean Miriam y Aarón para referirse a Tzipora, la esposa de Moshé, a la cual llaman: “Mujer kushita” (אשה הכשית). Respecto de lo cual, la exégesis se divide entre los que interpretan esto como una forma simpática de referirse a las cualidades de Tzipora (como persona) y otros dirán que se refería a su color de piel u origen (Etíope).
 
¿Estaban acaso Miriam y Aarón insultando o menospreciando a Tzipora? ¿Cómo se explicaría que la Torá se salte el castigo por este hecho y sólo se nos relate que Miriam y Aarón fueron castigados por hablar de Moshé? ¿Un eventual insulto a una persona de un origen distinto sería admisible? ¿El insulto contra Tzipora sería menos grave que rebelarse contra la autoridad?
 
Leí recientemente un comentario informal donde se intentaba problematizar la lectura con las preguntas anteriores. 
 
El texto da para varias interpretaciones y de hecho las tiene. Veamos qué dicen los exégetas.
 
Rashi, por ejemplo, dirá enredosamente que llamaban a Tzipora así (כשית) porque era hermosa. Haciendo una especie de conexión entre su apariencia física “evidentemente hermosa”, con la idea de que para todos era “evidente” (según él) el color de piel de los Etíopes. Adicionalmente dará otras dos razones, pero creo que nos resultarían demasiado insustanciales para encontrar lo que estamos buscando en este estudio.
 
Continuando con la exégesis, Ibn Ezra dirá que Tzipora era una persona negra, lo que hoy diríamos “una persona de piel oscura”. Y me gustaría resaltar que se apoya en una fuente para intentar explicar el porqué de este color de piel: “Es debido al sol…”, dice. De lo cual se podría inferir que – muy probablemente – todas estas alusiones al color de piel que profundizan nuestros exégetas, sin ser un tema que esté explícitamente en el texto de la Torá que esta semana estudiamos, no tienen una connotación peyorativa ni mucho menos “racial”. 
 
Aquí nadie está hablando de ADN, sino de un color de piel por causa del sol. Cualquiera podría tener ese color de piel si hubiera nacido allí, incluso una persona de Israel. Por lo demás, el concepto de “raza” se desarrolló mucho tiempo después (s. XVIII) de la vida y obra de los exégetas ya citados.
 
Una segunda cosa que quisiera compartirles, es que cierta parte de la exégesis ve en las palabras de Miriam y Aarón, o sólo de Miriam – como opina Ibn Ezra: “Miriam habló, Aarón sólo escuchó…” -, una suerte de defensa en favor de Tzipora.
 
Estos exégetas ponen énfasis en la idea de la separación entre Moshé y Tzipora, situación matrimonial que, habiendo advertido u observado Miriam y Aarón, utilizarán para juzgar negativamente las acciones de Moshé. 
 
Desde esta perspectiva, es Moshé el que insulta a Tzipora, o la ofende. Abarbanel en su comentario sobre la Torá, señala que ese habría sido el razonamiento de Miriam y Aarón. Así lee estos pesukim: “Y dijeron: «Si él hizo esto porque Tzipora era negra como una etíope, he aquí, cuando se casó con ella, ella ya era una etíope, ¿puede un etíope cambiar su piel? Y, sin embargo, la tomó [como esposa] y tuvo hijos de ella. Así que, si es así, ¿qué vio ahora para separarse de ella?» Y también dijeron: «Si fue a causa de las necesidades de la profecía que se separó de ella, ‘¿fue solo con Moshé que habló el Señor; no habló también con nosotros?’ Y [pero] no nos separamos de [nuestros cónyuges] de cuando nos convertimos en profetas. Entonces, si es así, ¿por qué Moshé se separó de su esposa a causa de su profecía? ¿No habló también el Señor con nosotros, y el Señor escuchó nuestras palabras? Y como le hablamos y el Señor escucha nuestras voces sin que esto se separe, ¿por qué Moshé se separó de su esposa?…
 
En esta línea, Miriam y Aarón no eran malos cuñados, no hay una discriminación, no hay un problema con Tzipora. El problema es directamente con Moshé. Es él quien – según sus hermanos – no tiene ninguna razón para separarse o haber dejado de querer a una mujer tan especial como Tzipora, a una mujer que sigue siendo la misma mujer de la que se enamoró y con la que tuvo hijos. Definitivamente parecen muy buenos cuñados.
 
Otra de estas opiniones que parecen apegadas al texto, a pesar de incluir ideas que uno no siempre sabe bien de dónde salieron, es la de Rabi Iosef Bejor Shor, que lee el pasuk de la siguiente forma: “A causa de la mujer etíope con la que se había casado: Según el significado simple, decían: «¿Y no encontró Moshé a una mujer de entre los Hijos de Israel para tomar por mujer, que fue a tomar una de las hijas de Cus… [De aquí vendría la palabra “Kushita”]? ¿Y fue porque el Santo, bendito sea, habló con él, que se volvió altivo; y no quiso casarse con una mujer de las hijas de Israel y buscó a una de lejos? … [nosotros, en cambio] nos casamos de Israel, y no nos [volvimos altivos]«.
 
En esta opinión, Miriam y Aarón se sienten moralmente superiores a Moshé. Tal vez pensaban que los tres eran iguales en “dignidad” o “rango” ante D-s y el pueblo, pero que ellos estaban siendo más leales, virtuosos, humildes o fieles a D-s que Moshé.
 
Vuelve a quedar de lado la idea de un insulto de Miriam y Aarón contra su cuñada. Vuelve a quedar de lado la idea de un problema con el origen de Tzipora. Más aún, cuando el autor agrega: “Porque se había casado con una mujer etíope: como no encontramos en otro lugar que Moshé tomó a una mujer etíope, el versículo  dice [aquí] que definitivamente se casó con una mujer etíope.”
 
Tal vez, tomando esto último, la razón por la que alguien podría ver en estos pesukim un problema con el origen de Tzipora, es porque hay una contradicción entre lo que aquí se traduce como “Etíope” y lo que leímos hace un tiempo en Éxodo (Shemot) 2, en cuyo relato, Tzipora es midianita. Esto podría explicar por qué la exégesis se concentra en el origen de Tzipora como posible causa de la separación. Y aunque no suene tan fácil hacer la conexión, Rabeinu Bejaié ben Asher dirá en su comentario: “La mujer en cuestión era Tzipora…”
 
En cualquier caso, hasta aquí, no hay nada de eso que hoy llamamos “racismo” en sentido estricto. 
 
Sin embargo, el exégeta Jizkuni podría estar más cerca de la idea de que Miriam y Aarón eran racistas o xenófobos, él lee de la siguiente manera: “[Miriam y Aarón] se preguntaron por qué Moshé había elegido este tiempo para separarse de Tzipora y concluyeron que fue porque ella era una Negra (fea), y no podían entender que él se hubiera casado con ella en primer lugar…” Sin embargo, admite que hay otra forma de leer estos pesukim y agrega inmediatamente: “…Una interpretación diferente de esta línea: es que ella había sido una reina en su tierra, la tierra de Kush.” [Nombre que los Egipcios daban a un reino en el norte de África en la región que actualmente corresponde a Sudán.]
 
Siguiendo esta línea, en Daat Zkenim se dirá que Moshé tuvo una razón meramente política para casarse con Tzipora: “Moshé había sido rey en ese país y su esposa había sido reina por derecho propio anteriormente. Moshé había gobernado esa tierra durante un período de cuarenta años…”
 
Jizkuni afirmará sobre esto que, dado que ahora Moshé ya no se encontraba en esa tierra y no tenía ninguna obligación de tomar una esposa local – según la supuesta costumbre de esa época y de esa zona geográfica – su matrimonio ya no tenía razón de ser.
 
Ahora entonces, tenemos una lectura totalmente diferente: Moshé tenía razones para proceder de la forma en que estaba actuando y sus hermanos lo juzgaron duramente, intentando culparlo de rechazar a su mujer sin razón. Y si bien, no es el tema principal de este comentario, vale la pena mencionar que encontraremos fuentes (Midrashim) que aluden incluso a “razones espirituales” para esta supuesta separación entre Moshé y Tzipora, donde Moshé habría buscado dedicarse totalmente a sus labores como líder y profeta.
 
Volvemos a las preguntas.
 
¿Hay una forma de afirmar que Miriam y Aarón eran racistas o xenófobos? ¿Hay una forma de afirmar que definitivamente no lo eran y que, por el contrario, eran muy inclusivos y buenos cuñados? ¿Hay forma de afirmar que Miriam y Aarón tenían razones para hablar? ¿Verdaderamente no tenían ningún fundamento? ¿Hablaron a espaldas de Moshé o lo increparon directamente? ¿Habló sólo Miriam y Aarón solamente escuchó? ¿Ambos fueron castigados, o sólo Miriam? ¿Moshé tenía razones para separarse de Tzipora? ¿Era Tzipora la mujer kushita? ¿Moshé encontraba hermosa o no hermosa a Tzipora? ¿De verdad su matrimonio respondía a razones meramente políticas?
 
Para cada una de estas preguntas, habrá más de una respuesta. Nada sorprendente, porque prácticamente toda la exégesis de la Torá es así. Entonces sugiero que intentemos extraer ideas interesantes de todas estas respuestas o planteamientos, sin comprometernos demasiado con ninguna línea en particular.
 
1.    Juzgar a otros es un problema y daña nuestras relaciones interpersonales. De lo que dice la Torá y la exégesis, respecto de Miriam y Aarón, podríamos decir que: Ya sea que tengamos o no razones, escuchemos lo que hayamos escuchado, nos hayamos enterado de lo que sea, estemos viendo con nuestros propios ojos una situación que parece evidente, innegable, etc. Del momento en que nos subimos a la tarima moral para sacar conclusiones y creernos con el derecho a decir, pública o privadamente, lo malo que son los demás y lo mal que proceden, estamos en problemas. Más aún, cuando la mayor de las veces, la persona está haciendo efecto reflejo de su propia inconformidad o frustración. Juzgar como válvula de escape, intentando canalizar esos sentimientos es, sino dañino, para nada beneficioso. Tal vez aquí sería conveniente citar las palabras del premio nobel de literatura Elías Canetti: “Odio los juicios que sólo aplastan y no transforman”. 
 
2.    No conviene entrometerse en la vida privada de los demás, pero la vida privada de los líderes tiene relevancia. Moshé era líder de Israel, esa era su función, a lo que se dedicaba, lo que hacía. Como toda persona tendría sus propios desafíos diarios, personales y familiares. ¿Qué sentido tenía entrometerse en su vida privada? ¿Estaba cometiendo algún delito? El texto nos muestra un enredo familiar que podía terminar salpicando a todo el pueblo. Sin embargo, en palabras de Mario Bloise, profesor de la Facultad de Teología Integral (Buenos Aires, Argentina): “La vida privada es sustento de la vida pública.” Por tanto, si nos encontramos en una posición de liderazgo, a pesar de que no nos guste que nos critiquen y que muchas veces no exista fundamento para la crítica, hay que esforzarse por tener una vida privada fundada en valores y hay que tener conciencia de que la crítica es una realidad con la que el líder debe ser comprensivo, saber perdonar, así como Moshé visita – más adelante en el relato – a su hermana y en vez de reprocharle algo, pide por su salud.
 
Finalmente, en relación a racismos y colores de piel, no es mucho lo que puedo decir, más que invitar a continuar con la lucha contra estos flagelos sociales.
 
Sería una mentira decir que la Torá nos invita esta semana a evitar el racismo. No lo dice y no nos invita explícitamente. Sin embargo, creo que algunos de  nuestros exégetas, incluso sin conocer el término, entendían que no era deseable tratar mal a otros o rechazarlos por ser quienes eran, por su origen o por sus características físicas e intentan dar un poco de crédito a las acciones y palabras de Miriam, casi como si fuera – en mi opinión – una Martin Luther King Jr. de su época.
 
Pienso también que, de lo estudiado, podemos plantearnos el desafío de no ser reaccionarios en nuestras luchas, es decir, que podamos ser responsables cuando denunciamos algo. Ser racista puede ser tan indeseable como el hecho de juzgar a otros de racistas, o tal vez aporofóbicos, misóginos, o cualquier otra cosa, sin que lo sean.
 
A veces es más fácil estar mirando los racismos, micro machismos, fobias y en general, las malas actitudes de los demás. Nos creemos expertos en interpretar las palabras y acciones de otros, cuando más que opinar sobre lo que otros hacen o deben hacer, deberíamos preocuparnos por nuestras propias acciones. Que tengamos la capacidad de hacernos responsables de nuestras palabras y que podamos así cuidar nuestras relaciones interpersonales.
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom Umevoraj.
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