El argumento de Koraj no trata acerca de él y Moshe, sino sobre él y él mismo. La negativa de Koraj para entablar un diálogo cara a cara con Moshé representa la negación al diálogo y para que una discusión sea tal, debe haber un cara a cara o como describe Martin Buber, debemos tener una verdadera relación Yo-Tú.
 
Ver al otro como un fin en sí mismo y no como un medio; “escuchar” su voz y encontrarnos con él con respeto y dignidad, reconocer la presencia de otra opinión, incluso si no estamos de acuerdo, para darnos cuenta de que sólo tenemos una ínfima «parte» de cualquier verdad, cualquiera sea.
 
Mi verdad no es absoluta, sino sólo un elemento más del todo.
 
Si creemos que existe sólo una versión absoluta de la verdad, entonces no tendremos lugar para la «verdad» de los demás.
 
En esta Parashá todos son plenamente conscientes de que Moshé y Aarón han sido designados divinamente para cumplir ciertas labores y que frente a esa decisión no había mucho espacio para la ‘interpretación’. 
 
Koraj, Datan y Aviram no desafían una ‘opinión’ o la ‘verdad’ de otro, sino la ‘verdad’ misma de D-s.
 
Curiosamente, esta “verdad” está muy relacionada – en el texto – con la realidad. Porque fuera o no del agrado de Koraj, el hecho objetivo y real era que Moshé y Aarón eran los líderes.
 
Pienso en otras cosas que son tan reales y naturales, tan evidentes, contra las cuales algunos parecieran rebelarse con tanto afán.
 
Los que entran en un conflicto con la causa por la igualdad de las mujeres o los que entran en conflicto con la causa por la igualdad de derechos para la comunidad LGBT.
 
Los que creen que su verdad está por sobre la de los demás, que se puede imponer y puede unilateralmente decidir sobre la vida y las decisiones de otros.
 
Los que creen que su imaginario político y/o religioso, está por sobre la realidad, esa realidad que nos dice: que hombres y mujeres son iguales en dignidad y derechos, que la diversidad sexual y de género existe, siempre ha existido, etc.
 
Koraj se opuso a la verdad Divina por no aceptar la realidad, por intentar negarla, por idealizar, por sentirse moralmente superior.
 
Moshé, en este relato, es el triunfo de lo que es, por sobre el “deber ser” de las cosas. Sobre lo último puede existir mucha interpretación y muchas posturas. Pero eso es otra cosa y tal vez, el primer paso, es aceptar la realidad y saber abordarla.
 
Shabat Shalom.
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