Aunque este Shabat coincide con Jol Hamoed Sucot (lo que significa que tenemos otras lecturas), me pareció adecuado escribir sobre la última Parashá de la Torá: “Vezot Haberajá”, la única parashá que habitualmente no se lee en Shabat (salvo que Simjat Torá coincidiera con Shabat) y que por lo tanto, suele pasar un tanto desapercibida año tras año.
 
Sin embargo, es una parashá importante, que nos habla sobre cerrar etapas y al mismo tiempo, nos dice que la historia continúa.
 
Uno podría tener una sensación de desazón al cerrar el libro: ¿Fracasó Moshé? ¿Qué sentiría yo en su lugar y en una situación similar?
 
Según la Torá, el producto de nuestras acciones y esfuerzos no son necesariamente una medida del éxito, sino más bien, es a través del crecimiento relativo y en el viaje individual de cada uno, en el que encontramos un indicador más ajustado y significativo: Nosotros, como personas, somos perfectos en virtud de nuestra capacidad de volvernos perfectos.
 
Somos capaces de esforzarnos por avanzar y elevar nuestro intelecto, nuestra moral, nuestra bondad y nuestro estudio y es a través de esta realidad que complementamos, por así decir, la perfección divina e infinita. Nuestro crecimiento dinámico, es un tesoro que con demasiada frecuencia minimizamos e ignoramos.
 
El rabino Abraham Isaac Kook escribió en su Ein Aya: “Una persona sabia entiende que todos y cada uno de los pasos tienen un profundo efecto de llevar a uno a un mayor nivel de perfección. Esta persona sabe que el viaje mismo de alcanzar la perfección debe ser valorado y atesorado… Cuando uno se da cuenta de que ser totalmente perfecto es inalcanzable, finalmente puede comprender que la verdadera grandeza de uno se encuentra en el camino sagrado de volverse constantemente un poco mejor.” (Berajot 2, pág. 33). 
 
No hay nada trágico en la historia de Moshe Rabeinu ve Moreinu. Él es el paradigma del crecimiento, valorando cada momento de su vida con Dios y su pueblo. 
 
El rabino Abraham Isaac Kook nos muestra que cuando medimos nuestro éxito y felicidad en términos de resultados cuantificables, nos maldecimos a nosotros mismos con una percepción errónea. La belleza de nuestra humanidad se encuentra durante nuestros tiempos de crecimiento, el viaje de lo que nos estamos convirtiendo. En verdad, la mayor tragedia de todas es no darse cuenta de eso.
 
Shabat Shalom ve Moadim lesimjá. 
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