Acaeció la tarde y le sucedió la mañana: Día uno.” (Génesis 1:5) 

Nos hallamos inmersos dentro de un interminable ciclo de constantes evoluciones y extinciones, que nos representa una verdadera fuerza de adaptación natural a las condiciones cambiantes.
 
En el pasado, las extinciones encarnaban la lenta reconciliación entre los seres vivos y su entorno. Así, nuestras sociedades tradicionales, nómadas o agrarias, tenían sus ritmos ligados a la naturaleza y eran sustentadas por ella.
 
Actualmente muchas especies que son totalmente capaces de sobrevivir en el mundo, no pueden lidiar con nuestra manera de habitar el planeta. 
 
A medida que sobreexplotamos nuestros recursos, lo lógico sería volver a enfocar nuestra atención y preguntarnos sobre el valor que tenemos todos los seres vivos. ¿Son los animales y las plantas simplemente herramientas para que los humanos las usemos a nuestro antojo o hay un propósito para todas las cosas que habitan a nuestro alrededor?
 
Generalmente, cuando leemos el libro de Bereshit, asociamos el texto con paisajes hermosos. Y es que, la riqueza y diversidad de flora y fauna que encontramos en el texto, permiten imaginar un mundo mucho “más verde” que el que actualmente conocemos. 
 
En su obra “La ecología del Edén”, el Jazán Evan Eisenberg, examina ideas científicas, históricas, antropológicas y teológicas sobre las formas en que los humanos se relacionan con el “mundo natural”, haciendo una especie de línea de tiempo (o desarrollo) desde el antiguo mito del Jardín del Edén, pasando por el medioevo, hasta llegar a las nociones modernas de ecología. En otro trabajo sobre el mismo tema, Eisenberg reflexiona: “Incluso hoy en día, su diversidad genética [del mundo] es deslumbrante, con la flora y la fauna de Europa, África y Asia mezclándose de formas a veces inquietantes. Hace unos miles de años, cuando la región estaba menos dañada por el uso humano, la combinación era aún más deslumbrante.”
 
Queridos amigos, ahora que repasaremos nuestra hermoso mito de la creación, que podamos reflexionar profundamente sobre nuestro compromiso con la preservación del medioambiente.
 
Todos los pueblos tienen su propia historia sobre cómo todo surgió y cómo era todo perfecto, frondoso, lleno de especies animales y vegetales asombrosas.
 
Nosotros podemos ir más allá, a fin de que nuestro estudio no se convierta en una simple añoranza de la belleza del paisaje de antaño, ni una nostalgia constante del Edén. 
 
Podemos hacer mucho más que eso, podemos comprometernos con la causa del medioambiente y los valores ecológicos, a través de una reflexión profunda sobre la forma en que nos relacionamos con este mundo que nos cobija.

 
Shabat Shalom. 
Spread the love