“Todas las familias de la tierra serán bendecidas a través de ti”. (Génesis 12:3)

La Torá nos permite, nos alienta y nos exige debate, apreciando nuestra diversidad.
  
Dentro de nuestra tradición existe espacio tanto para quienes sólo la fe es el ideal y quizás el único acercamiento aceptable a Dios, como para aquellos cuya fe exige – adicionalmente – que el ser humano aprenda a actuar independientemente sin la certeza de la aprobación de Dios. 
No somos ajenos a los conflictos internos, pero mientras exista discusión, existirá la esperanza. 
Nuestra tarea es la de aprender a discutir con dignidad, respeto e inclusión.

Existe más de un camino para llegar a lo divino, por lo tanto debemos desarrollar nuestra propia relación personal con Dios, de tal manera que sea apropiada para nuestra composición individual.

Oramos al «Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Yaakov». Y si bien, todos nuestros patriarcas sirvieron al mismo Dios, no es menos cierto que cada uno de ellos tenía sus propios métodos (individuales) para hacerlo, como también debemos hacerlo nosotros. 

Para algunos de nosotros, el acercamiento a Dios es intelectual; para otros, es emocional. Algunos se sienten atraídos por la Jasidut, otros por el racionalismo de los Mitnagdim, pero lo verdaderamente importante es que sirvamos a Dios a través del estudio de Torá mientras nos esforzamos en hacer este mundo un lugar mejor.

De nosotros depende sentirnos parte de estas «familias». Donde la Torá usa el lenguaje de clanes, nosotros podemos ver las actuales corrientes de pensamiento judío o movimientos judíos. 

Todos estamos incluidos en el texto. Y debemos actuar en consecuencia, como «las familias de Abraham».


Shabat Shalom.
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