(*) Este comentario ha sido elaborado por la Comunidad Ruaj Ami (Santiago, de Chile) con base en el estudio comunitario de la Parashá Semanal, que realizan los sábados por la mañana.

Esta es la sexta Parashá del Libro de Bereshit y parte nombrando la descendencia de Itzjak.

Dios bendice a Rivka como nuestra matriarca al concebir, sin embargo, cuando sus hijos saltan y se agitan en su interior, ella le pregunta a Dios: “si es así, ¿por qué estoy así?”  Dios le responde, con una visión de futuro: «dos naciones en tu vientre… el mayor servirá al menor».

Nacieron, Iaacov y Esav con personalidades tan diferentes, uno más espiritual que el otro, así se demuestra con la venta de la primogenitura y como Esav se casa con la hija de Ishmael.

Itzjak decide bendecir a Esav como su primogénito y el plan de Rivka se concreta siendo Iaakov quien finalmente recibe la bendición, lo que provoca en Esav sentimientos de odio respecto de su hermano, por lo que Rivka le dice a Iaacov que huya a la casa de Labán no sin antes recibir la transmisión de la bendición que indicaba que el destino de Israel sería cumplido solamente por su descendencia.

Los 5 sentidos no son siempre tan valorados por los seres humanos, salvo cuando uno de ellos falta, automáticamente se agudizan los restantes y la intuición también.

La vista de Itzjak estaba nublada por los años por lo que en ese momento y siempre, estuvo rodeado de personas en quien confiaba y lo apoyaban, quien mejor que Rivka que no sólo es su mujer, que lo acompaña y complementa, asertiva y con un poder de visión por encima de los sentidos, sino que era la madre que observa a sus hijos y reconoce cuál de ellos es más cercano al camino espiritual que Dios le ha puesto enfrente y es capaz de valorar la bendición de Itzjak.

Los sentidos de tacto, gusto, olfato, oído, hacen dudar a Itzjak quien finalmente se deja guiar, no por el engaño sino por su intuición, pues Dios ya le había hablado señalándole que no temiera, que estaría con él, y que lo bendeciría.

El paso de los años hace que nuestros sentidos se atenúen, nos hace más frágiles en algunos aspectos y maduros en otros.

No olvidemos que las apariencias engañan, así que no juzguemos un libro sólo por su portada, no siempre la primera impresión refleja lo real, para bien y para mal.

Quiera el Kadosh barujú seguir guiándo nuestro camino y agudice todos nuestros sentidos.

Que podamos percibir con el tacto, un apretón de manos sincero, un abrazo fraternal o una bufanda de lana tejida punto a punto con amor; Ver, con los ojos del alma que los diferentes colores existen, escuchar mucho más, saborear el alimento y el cariño de quienes nos cocinan, hablar, cantar, llorar y reír, respirar, oler y reconocer el aroma del trabajo y los perfumes de la vida y finalmente agradecer a Dios esos privilegios.


Shabat Shalom
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