Parashá Vaiejí (Génesis 47:28 – 50:26)
 
El ciclo de Iosef en la Torá, está contado de una manera muy curiosa. Hay algunas ideas que se esconden en la personalidad y las actitudes de los personajes, permitiéndonos hacer una reflexión sobre la sociedad actual.

La familia de Iosef, un clan, una forma primigenia de organización social y el germen de un gran pueblo, estaba profundamente envenenado por la envidia, la lucha por el poder y el desprecio por la dignidad humana (representado por el intento de asesinato y posterior venta de Iosef como esclavo). El lector concordará conmigo, en que un pueblo así, no llegaría muy lejos.

Por la otra parte estaba Egipto, una gran civilización cuyos habitantes y poderosos no eran más virtuosos que los hermanos de Iosef. Y es probable que frente a la hambruna, eligiesen el acaparamiento en favor de los ricos y cualquier otra medida egoísta como «solución».

En medio de todos estos caminos personales y colectivos que se entrecruzan, Iosef llega a Egipto y pasa de la cárcel al puesto de primer ministro (o algo similar) y prevé una crisis, implementando una solución concreta: lo que hoy se llamaría «la estatización de los alimentos».

Aquí, el razonamiento parece ser sencillo: si no hay para todos, entonces hay que centralizar y luego repartir proporcional y equitativamente.

Hoy, cuando diversos autores y actores políticos nos dirían que este sistema es altamente falible, porque abre paso a la corrupción, reaparece Iosef con su gran ejemplo ético. Iosef no solamente es un estratega, en efecto, dice la Torá: «Sustentó Iosef a su padre y a sus hermanos y a toda la casa de su padre; con pan, de acuerdo al número de los infantes.» (47:12)

Con el granero Estatal en su poder, Iosef no usa esta alta posición para tomar más de lo que necesita él o sus familiares, ni actúa como un corrupto. Así explica Seforno: «A pesar de que él tenía el poder para darles comida en abundancia, les dio solamente de acuerdo a sus necesidades, con mesura. Así dijeron nuestros sabios en el Talmud: “Cuando la comunidad está sumida en sufrimiento no debe decir la persona: yo comeré y beberé copiosamente y haya paz solamente para mi persona…«

Este ejemplo ético es mucho más loable, cuando pensamos en que rehusó dar preferencia a su propio linaje, a su propia sangre. Y esta es la plenitud de la grandeza de Iosef.

El mérito de Egipto fue seguir su buen criterio y no cuestionar que el rico y el pobre reciban la misma ración, cosa que hoy – en nuestros países – sería altamente criticada. Por su parte, el mérito de su propia familia será concretar la reconciliación, no sin antes entender que habían torcido el camino: porque no hay futuro cuando se pisotea y vende la dignidad humana.

Egipto e Israel aprenden del ejemplo ético de Iosef, el cuál no se transforma solamente en un buen líder frente a la crisis o un mero economista que pone en práctica su propia teoría y plan. Iosef un hombre íntegro, de esos que necesitamos hoy más que nunca para avanzar como sociedad. Líderes que inspiren con el ejemplo y que se conduzcan con probidad.

Con esta renovada comprensión sobre los bienes materiales, sobre la responsabilidad que tenemos por los pobres y necesitados, el compromiso que debemos asumir en la lucha contra la desigualdad social que afecta a judíos y no judíos, leamos ahora las bendiciones que Iakov – nuestro patriarca – ofrece en esta parashá (capítulo 48).

Sí, tienen una carga simbólica muy fuerte, de carácter material: sustento, riqueza, abundancia, etc.

No lo lean viendo cada una de esas cosas como un fin. Véanlo como un medio más, para elevarse espiritualmente mediante las buenas acciones y el servicio a los demás: como Iosef en la Torá.

Definitivamente, la bendición no se trata de tener bienes y poder, el punto es qué hacemos con todo aquello: la bendición es desarrollar el sentido de la responsabilidad social. Que el ejemplo de Iosef nos inspire.

 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.
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