En esta Parashá se cierra el Sefer Bereshit, el libro que habla de la fundación de nuestro pueblo y concluye una historia extensa de aproximadamente 3.000 mil años.
 
Durante su historia, Am Israel estuvo expuesto a cuatro exilios, conocidos como Arba Galuiot, todos ellos enraizados en Egipto, donde nace la idea de Imperio, la idea de la concentración del poder…
 
Iaakov hace prometer a Iosef que, cuando muera, lo llevará de regreso a la tierra de sus ancestros, Egipto no era un lugar de descanso.
 
La historia de Iaakov es la historia de nuestro pueblo, nuestra vida en diáspora, crónica de un exilio, migración y desplazamiento.
 
Actualmente se siguen desarrollando diferentes procesos migratorios, éxodos masivos que conllevan a diferentes crisis humanitarias alrededor del mundo.

En relación a estos fenómenos, nuestra tradición nos ordena actuar de forma positiva y empatizar. 
 
Es así, como en diferentes pasajes de la Torá se hace hincapié en la obediencia de esta mitzvá.
 
“Al extranjero no engañarás, ni le oprimirás ya que extranjeros habéis sido en la tierra de Egipto”.
(Shemot / Éxodo 22:20)
 
Todos somos o fuimos en algún momento extranjeros y debemos tratar con respeto y dignidad a todos aquellos quienes llegan a convivir con nosotros.
 
Salimos de nuestra tierra buscando una vida mejor, salimos para encontrarnos y escribir nuestra propia historia. 
 
Iaakov en el final de su historia desea reencontrarse con sus orígenes, aquel regreso nos habla de un ciclo que se cierra, de un ciclo que termina para que inicien los siguientes.
 
En ese final de la vida nos volvemos a encontrar con nosotros mismos, nos volvemos a encontrar con Dios.
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