Éxodo 1:1 al 6:1
 
En esta Parashá, comienza una nueva generación de descendientes de Iaakov, Iosef y sus hermanos, los cuales prosperan y se multiplican en Egipto, transformándose con esto en una latente amenaza para el Faraón quien ve en el pueblo de Israel un potencial peligro para su imperio.
 
Shemot da comienzo a nuestra esclavitud, aquel cautiverio de cuatrocientos años. 
 
Todos nos convertimos en esclavos de algo, pero debemos escoger a qué vamos a servir.
 
Abraham y Moshé, dos personajes fundacionales de nuestro pueblo, son rebeldes que rompen con el orden opresivo establecido. La ruptura frente a la idolatría, por parte de Abraham y la liberación colectiva de Egipto, por parte de Moshé.
 
Desde la época de Abraham, la lealtad que conlleva la alianza entre los humanos y Di-s, supone una disociación respecto a las formas habituales de organización del común de las personas.
 
Actualmente vivimos en tiempos de auto-esclavitud y de auto-exilio, nos abonamos a pagar mensualmente alguna suscripción, nos exiliamos a vivir dentro de nuestros pequeños espacios virtuales. Atrás queda la figura del Faraón, del esclavizador al que identificábamos como opresor, ahora en cambio, somos  nosotros mismos los que mediatizamos nuestras vidas y muchas veces nos hacemos esclavos de nuestra propia existencia.
 
El Faraón egipcio sabía que al demandar y exigir cada vez más al pueblo judío, en faenas interminables, lograría quitar las facetas más importantes de la vida del foco de atención de este.
 
En nuestra tradición se encuentra lo que supone un proyecto emancipador, que se gesta en una revelación, un compromiso individual para con D-s, para finalmente encontrar su propósito liberador en lo colectivo.
 
Nuestra fe (emuná) no se resume a un sentimiento subjetivo, sino a una práctica colectiva que se basa en nuestra experiencia como pueblo y que nos dirige a la transmutación del mundo a través de la búsqueda y el diálogo permanente.
Spread the love