Parashá Bamidbar: «Desierto y números.»

Números 1:1 al 4:20


Hemos comenzado el estudio de un nuevo libro de la Torá, titulado según nuestra tradición como “במדבר” (Bamidbar) que significa: “En el desierto”. Sin embargo, también es común encontrarlo titulado como “Números” en su traducción al Español. Ambas formas en principio son correctas, dado que – por una parte – el escenario principal del relato es el desierto del Sinaí, pero – por otra – también es cierto que hay números en el libro. 

Comenzamos entonces nuestra lectura con un censo, para luego leer los andares del pueblo por 40 años en el desierto y de hecho, también se verificará un segundo censo más adelante en el capítulo 26.

El punto ahora es que dependiendo de si ponemos el énfasis en los aspectos cualitativos o cuantitativos del relato, también cambiará nuestra lectura. Y al respecto, propongo una postura más bien ecléctica.

El desierto, a veces llamado “indomable”, con su vasta extensión, con su aridez, su soledad y vacío, representa todo lo contrario a la idea de los números, representa el caos y la indefensión. Sin embargo, cuando vemos una sociedad que cuenta a los suyos, para saber cuántas personas hay disponible para destinar a ciertos fines específicos, cuando se distribuye el orden del campamento, etc. Se está procurando – evidentemente – la organización, el orden, la seguridad de todos a través del establecimiento de un Ejército (por ejemplo), y en suma, la administración de un hecho concreto: no hay vacío, hay una sociedad (o una comunidad) y tenemos que estar a la altura de los desafíos y la responsabilidad que ello nos impone.

Entonces, si ambas ideas se contraponen, estoy por inclinarme hacia una lectura de complementación, en la cual, la experiencia de los andares por el desierto en pos de la Tierra de Promisión, no habría resultado en absoluto sin organización y sin asumir que necesitamos permanecer juntos y avanzar en forma ordenada.

En este escenario se nos da la Torá, no en el desierto a secas, sino en el seno de una comunidad viva, que supo adaptarse a las condiciones que la rodeaban y que se mantuvo unida en propósito.

Finalmente, el desierto del Sinaí sería la extensión de la revelación del Monte Sinaí. El desafío constante de llevar el mensaje Divino a la vida cotidiana… incluso donde aparentemente no hay nada, incluso lejos de la elevada experiencia del monte Sinaí.

Un desierto, el escenario en que otrora Agar fue auxiliada por mensajero de Dios y en el que Moshé mismo tuvo un encuentro con Dios en la zarza que ardía y no se consumía.

Así, en nuestra generación, tanto más lejana del Monte Sinaí que nuestros antepasados, todavía podemos tener una experiencia de lo Divino en nuestros andares, en nuestras búsquedas personales, en nuestros quehaceres u ocupaciones, en nuestras relaciones interpersonales, en nuestra cotidianidad. Experiencia que, por la naturaleza y destino social del hombre, es de suyo tanto individual como colectiva.

Amigos y amigas, mi sincero anhelo en este Shabat, es que todos podamos reflexionar sobre la importancia de ser, hacernos y sentirnos parte. La importancia de elegir, libre e individualmente, que queremos ser un aporte activo para la organización, mantención y preservación de nuestras comunidades, a pesar de las dificultades que pudiésemos experimentar.

Que este sagrado relato y su estudio, nos inspiren a buscar las soluciones necesarias para mantenernos unidos, a pesar de las hostilidades que nos puedan rodear. Así, conscientes del lugar en que nos encontramos, esperanzados por los logros que queremos alcanzar y con unidad de propósito y organización, podremos seguir haciendo vida comunitaria, a todo evento.
 

Shabat Shalom.