Parashá Bamidbar: «Desiertos y censos».

 «Nuestro objetivo debe ser vivir la vida con asombro radical… levantarse por la mañana y contemplar el mundo sin dar nada por sentado. Todo es fenomenal; todo es increíble; nunca trates la vida con indiferencia. Ser espiritual es estar asombrado«.  (Abraham J. Heschel)
 
Es interesante pensar en la vida como una travesía. Así al menos fue para Abraham y Sara, también para Moshé y el pueblo. Así es, a veces, para nosotros.
 
La idea de que la vida es un viaje invita a la persona a esforzarse y luchar cada día por ser una mejor versión de sí misma. Podemos ser mejores de lo que fuimos el día anterior, individual y colectivamente hablando.
 
La Torá es, en gran medida, lo que nos vincula, nos ha permitido resistir y sobrevivir los embates del tiempo, nuestros desiertos.
 
El secreto de nuestra resiliencia es ese frágil equilibrio entre el cambio y la tradición, entre la flexibilidad y el apego a los valores fundamentales. Así ha logrado pervivir  nuestra cultura a través de los siglos. 
 
No rechazamos el cambio, pero tampoco nadamos con cada corriente.
 
Vivimos en tensión entre lo divino y lo mundano; nos mantenemos en constante movimiento, tal como el universo que habitamos, de lo magnífico a lo particular.
 
Que seamos capaces de resignificar la vida de nuestros antepasados en el texto, para redescubrir nuestros propios desiertos actuales: la historia y travesía de la generación en la que vivimos.

Así, tendremos conciencia de quiénes fuimos y quiénes todavía queremos ser. 

Quiénes somos, cuántos somos y cómo podemos llegar a la buena tierra.


Shabat Shalom.