Parashá Behar-Bejukotai: «Renuncias individuales, para construir sociedad.»

 
Esta semana leímos, entre otras cosas, sobre el año de Shmitá (año sabático) y Iovel (jubileo). En ambos casos encontramos una idea de renuncia individual a derechos que habitualmente se tiene (en referencia a la propiedad), tales como: explotar, comerciar, cobrar, etc.

Así las cosas y en el pensamiento de nuestros comentaristas, ambas leyes tienen diversas funciones. Por mencionar algunos ejemplos – y en el caso puntual de la Shmitá – Ibn Ezra nos dirá que una de las razones por las que se da esta ley, es para que el agricultor tenga tiempo (un año) para dedicarse a Dios o a la religión. Mientras que el Rabino Abraham Isaac Kook dirá que es una invitación para que el agricultor se eleve espiritualmente, eliminando “la intransigencia de la propiedad privada”, entre cuyas letras parece deslizar una especie de crítica social.

Existió también alguna explicación (Rambam) de carácter estrictamente agrícola (ciclos), pero no viene al caso mencionarla puesto que no tiene asidero científico. De hecho, ya fue cuestionada – entre otros – por Abarbanel, el cual intentará conectar Shmitá y Iovel con Maasé Bereshit (la creación) y con Matán Torá (la entrega de la Torá) respectivamente.

Ahora bien, independientemente de cual fuera el caso, me pregunto ¿por qué necesitamos tantas explicaciones cuando se trata de un asunto referente a nuestro patrimonio? ¿Tanto nos ha complicado, incluso mucho antes de vivir en la “sociedad del consumo”, que se establezcan límites al ejercicio de nuestro derecho de propiedad?

Tal vez, a mis preguntas hay una discreta pero potente respuesta en el texto: “…Mía es la tierra; pues extranjeros y residentes sois vosotros ante Mí.” (25:23)

A pesar de la – aparentemente normal – resistencia a la sensación de despojo, nuestra cosmovisión parece decantar (o apostar) por un gran llamado a la humildad. Donde tener no está mal, pero tampoco está bien querer tenerlo todo y todo el tiempo, menos si eso implica que nadie más (nunca) lo pueda tener. 

Así, en el ideario de la Torá y de la tradición rabínica, apenas somos “residentes temporarios” del mundo en que vivimos, como diría Edery en su comentario al Jumash.

De esta forma podríamos explicar mejor la posibilidad de redimir una propiedad que se ha vendido, que también leímos en la sección doble de esta semana, donde la máxima parece ser: “Todos con algo, nadie con nada.” Esto, sin contar los asuntos de sucesión que leeremos más adelante, en las que aparece un verdadero principio de igualdad entre las tribus y que procuraba, en definitiva, que ninguna se empobreciera más que las demás o que ninguna tuviese mucho más que otra.

En suma, el texto nos permite reflexionar este Shabat sobre algunos asuntos que todavía generan discusión en nuestra sociedad. Pero esta discusión debe estar basada en principios.

Y esto requiere de mucha honestidad, a fin de que las decisiones que se tomen persigan objetivos, más que estrictamente económicos o patrimoniales, de carácter valórico. Eso – a mi juicio – distinguiría una conclusión sin Torá, de una con Torá.

Que tengamos la sabiduría y la altura de miras necesaria para responder a estas importantes cuestiones en nuestros tiempos. Sin perder de vista el legado ético de la Torá y de nuestros sabios y eruditos, a fin de que nuestras respuestas sigan siendo profundamente judías.


Shabat Shalom.