Parashá Beshalaj: «Entre el individuo y el colectivo…»

En esta Parashá el pueblo de Israel olvida rápidamente el por qué de su éxodo y comienzan constantemente a exigir a Moshé que resuelva sus necesidades. La figura de Paró ha quedado atrás, pero su obra permanece, el amo ha dejado de ser el amo, pero los esclavos no han dejado de ser esclavos.

Ahora bien, ¿está mal querer comer? ¿Por qué el texto pareciera no tomarse bien la actitud quejumbrosa del pueblo? ¿Tal vez no era el momento?
 
Hasta ahora, el relato nos ha dicho que Dios no busca hacer grandes milagros o intervenciones por el mero hecho de hacerlos y que, lo que aparentemente quiere, es que el ser humano cambie por sí mismo: su mentalidad, su forma de enfrentar las situaciones, su respuesta frente a las dificultades de la vida, etc.
 
El Midrash, por ejemplo, nos enseña que la revelación ocurre de manera singular en cada individuo. Indica que en el Monte Sinaí, la Torá fue revelada de manera particular para cada una de las personas presentes. También el Maná pudo asumir diferentes gustos, dependiendo de cada persona.
 
En este sentido, nuestra historia es y continúa siendo una historia de diversidad. Donde reconocernos como un pueblo, no implica anhelo alguno de homogeneizar. 
 
Según nuestros sabios, cuando vamos a la corte celestial y se nos pregunta sobre nuestras acciones en la vida terrenal, ningún interrogatorio involucra la pregunta ¿Creíste en Dios?” o ¿Has observado los mandamientos rituales?” sino ¿Has sido honesto en tu conducta?” 

En otras palabras, la esencia del judaísmo tiene una profunda relación con la acción ética. No estamos exclusivamente definidos por nuestra presencia en la sinagoga o la observancia. Y como sabemos, esto extiende el sentido de la judeidad, más allá de un mero asunto religioso.

Como pueblo, nuestras necesidades son diversas y particulares, así también nuestros “judaísmos”. Lo cual nos abre el desafío de construir comunidades abiertas e inclusivas, que acojan y acompañen a cada judío con su forma de vivir su judeidad. Invitándolo a la vez, a asumir compromisos colectivos, más allá de sus necesidades, preferencias y convicciones individuales.
 
Definitivamente, todos podemos escuchar eso que en el texto se llama «la voz de Dios», a nuestra propia manera, sin creer o pensar que nuestra manera de oírla es la única que se podría considerar correcta y legítima.
 
La idea es no ser indiferentes con nuestra tradición, a fin de hacernos consistentes con nuestro conjunto personal de creencias y valores. Haciéndonos responsables también de fundamenta lo que creemos, sin pretender imponernos a los demás.
 
Justamente, pienso que el judaísmo logró sobrevivir a todas las aflicciones históricas gracias a esta capacidad constante de renovación y adaptación a las nuevas circunstancias, a la búsqueda del sentido en las salidas y nuevos comienzos. Respetando las individualidades, mientras se nos invita a comprometernos libremente con los desafíos y sueños colectivos.

Por cierto, esta semana que pasó celebramos el año nuevo de los árboles, reflexionando sobre la renovación de su ciclo natural y sobre la importancia de asumir un compromiso social con el medioambiente.

En estos días también estamos recordando a las víctimas inocentes del holocausto. Y es cierto que supimos renovarnos, sobreponernos y levantarnos después de tal barbarie, eligiendo el camino de la memoria histórica, del activismo por los DDHH y de la lucha en contra del antisemitismo.

En cualquier caso, nadie te puede decir qué es lo que se espera que hagas en concreto frente a estos desafíos colectivos. Pero debes saber que estás invitado, a tu manera y siendo tú mismo, a contribuir a la continuidad del pueblo judío.

¿Estás dispuesto a mirar más allá de tus propias necesidades, gustos, preferencias, sueños y creencias, para aportar a ese cometido? No debes renunciar a nada, sino entregar de ti mismo, buscar la forma de aportar siendo tú, a tú manera, según lo que juzgues correcto y adecuado.

Pensemos cuán diferente habría sido esta historia, si en vez de sólo quejarse – lo cual, insisto, en principio no está mal – las personas hubieran aprovechado la oportunidad de unirse, organizarse y trabajar por comida. ¡Al menos tenían en común la queja, lo cual podría haberlos impulsado a encontrar soluciones conjuntas!

Sabemos que puedes tener muchas diferencias con otros judíos… Pero piensa, ¿qué tienes en común con el resto de la comunidad? ¿Tal vez el anhelo por la liberación de nuestros rehenes en Gaza? ¿Tal vez el deseo de que haya paz en Medio Oriente? ¿Tal vez sientes que el judaísmo todavía necesita reformarse más para adecuarse a nuestros tiempos?

Tal vez te sorprendas de lo mucho que tienes en común con los demás judíos del mundo. De ti depende si sólo será una queja más, o si realmente será una nueva oportunidad para seguir construyendo futuro a través del compromiso activo.


Shabat Shalom.