Parashá Bo: «La irresponsabilidad sigue teniendo consecuencias…»

Éxodo 10:1 al 13:16
Si hablamos de un sistema basado en la opresión, desigualdad y explotación, podríamos decir que un corazón endurecido es una cualidad necesaria o deseable en su líder. Allí donde la distancia del que padece, del que sufre, son necesarias para ejercer el poder.
 
Paró representa aquel tipo de liderazgo, imperialista de corazón petrificado, aquel que se ciega por su propia arrogancia y se rodea de vendedores de humo.

Lamentablemente, este perfil de líder nefasto que nos proporciona el texto, ha vuelto a aparecer demasiadas veces en la historia de la humanidad.
 
Actualmente el mundo se ve enfrentado a un  momento  de inflexión innegable, pero que para muchos aún no es más que palabrería que intentan ignorar. Algunos de estos síntomas van desde alzas en la media de las temperaturas, sequías, aluviones y  aumento en los niveles  del mar. Nuestra propia versión moderna de las Eser Makot Mitzraim.
 
El cambio climático es una realidad en la que ya estamos viviendo y que puede traernos consecuencias desastrosas, pero a pesar de esto, existen muchos líderes que optan por ignorar o directamente negar la amenaza. ¡Es tan poco lo que les importa la gente, que ni siquiera hacen un esfuerzo por intentar comprender la situación!
 
Cambian los imperios, cambian los faraones, pero la situación de repite: pueblos enteros están bajo la subordinación  de  los líderes equivocados, esos que necesitan verse rodeados de magos y hechiceros para tranquilizar y calmar al pueblo con  sus trucos y juegos pirotécnicos. Seguimos siendo esclavos y víctimas de una realidad creada, tal como Paró lo hizo, para desmoralizarnos y olvidarnos de quiénes somos y de dónde venimos.  
 
La idea de imperio nació con Egipto, ese imperio  que se muestra grandioso, esplendoroso y que seduce pero que no prolifera, por su intrínseca esterilidad, incapaz de perdurar, incapaz de trascender.

El modelo y los esquemas de poder en Egipto eran mucho menos fértiles que sus tierras. Sus líderes eran mucho menos inteligentes que sus campesinos. Su sistema de deidades, o sistema de creencias, era tan indigno de admiración y alabanza, que se necesitaba con urgencia un nuevo paradigma.

El texto nos ofrece la humildad y servicialidad de Moshé como la contraparte a la soberbia desmedida y el abuso de poder.

Moshé representa la sensibilidad y el compromiso, mientras que Paró representa la tiranía y la desconexión total con el otro que sufre.

Que en este Shabat podamos reflexionar con sinceridad, haciéndonos la pregunta: ¿Qué tipo de persona queremos ser nosotros? ¿Vamos a crecer en sensibilidad o permitiremos que el actual orden de cosas, nos termine despojando absolutamente de todo rasgo de empatía?

Por otra parte, ¿qué tipo de modelos estamos siguiendo en la actualidad? ¿Cuáles son los liderazgos que nos inspiran?

¡Cuánto daño podemos hacer a otros si nos negamos a reflexionar, razonar y elegir lo justo! ¡Y cuánto más daño puede sufrir una comunidad o la sociedad en general, si quien se niega a realizar tal ejercicio, es un líder!

Es tiempo de hacernos responsables por nuestra cuota de influencia y por el poder decisorio que todos, a distinta escala, poseemos. Que podamos inspirarnos en el ejemplo del buen Moshé.



Shabat Shalom.