Parashá Ekev: «Nuestra responsabilidad con los postergados.»

Esta semana, estudiamos la parashá Ekev (עקב), que quiere decir – aunque se admite discusión – “consecuencia”. De hecho, el primer versículo señala en condicional: “Y será por cuanto hayáis entendido las leyes estas, y las cuidáis y las cumpláis, guardará tu Dios, para ti, el Pacto y la Benevolencia, que ha prometido a tus patriarcas.” 
 
Vamos a hablar ahora sobre de las consecuencias de nuestras acciones, sobre el sentido de la responsabilidad y sobre cómo nuestras fuentes nos recuerdan, en cierta forma, que tomando conciencia de aquello podemos construir una sociedad mejor.
 
En primer lugar, quisiera señalar que esto de reflexionar sobre la sociedad, desde la Torá, no es algo antojadizo. De hecho, en el siglo XX, el Rabino reconstruccionista Mordejai Kaplan definió al judaísmo no como una religión, sino como una “civilización”. Sin embargo, un poco de investigación nos dirá que esta idea es bastante más antigua, por ejemplo, en relación a quién no se considera testigo apto en juicio por incivilizado, leemos a nuestros sabios decir: “…cualquiera que no se involucre en el estudio de la Biblia, ni en el estudio de Mishná, ni en el modo de comportamiento deseado, no es parte de la sociedad, es decir, no se le considera una persona civilizada en absoluto.” (T.B Kidushin 40b)
 
Así las cosas, independientemente de las creencias personales de cada cual y sobre lo que se haya dicho en distintas épocas sobre la finalidad de los textos sagrados, si es que verdaderamente tienen una finalidad, es interesante ver esta gran biblioteca milenaria, como el reflejo de un auténtico proyecto civilizatorio. La gran compilación de un proyecto para vivir en sociedad.
 
Ekev (עקב), como dijimos, evoca la idea de consecuencia. Lo cual ya nos permite identificar un auténtico cambio de paradigma de nuestro pueblo en el mundo antiguo, un mundo donde el pensamiento mágico predominaba. 
 
En palabras del Rabino Moshé Alshij, un místico judío del s. XVI: “…no existe la suerte en la tierra de Israel.” Entonces, ya no se trataría ni de los astros ni de no enfadar a los dioses. El nuevo nivel de conciencia decía que el destino de nuestro pueblo dependería en adelante, exclusivamente, de los debidos esfuerzos por alcanzar nuestros ideales en unidad. Lo cual, debió imponer en su época un sentido de la responsabilidad al menos renovado.
 
Ahora bien, Ekev (עקב) se escribe en hebreo con las mismas letras que “Akev”, que significa talón. Aquí es interesante hacer referencia a otro versículo de la Torá donde esta palabra (Ekev) aparece: “Porque Abraham escuchó mi voz…” (Génesis 26:5). 
 
En su comentario al versículo mencionado, Rashi, un erudito del s.XII, señala que Abraham cumplió con Dios incluso con aquellas obligaciones religiosas que la gente habitualmente pisotea (con el talón), porque las ignora o considera insignificantes. Luego, agregará el Rabino Menajem Mendel Schneersohn, un rabino ortodoxo conocido como “Tzemaj Tzedek”, la siguiente lectura: “Abraham escuchó mi voz, incluso con el talón…” 
 
Todo esto es muy interesante, por cierto, pero me gustaría sacarlo del ámbito de las obligaciones religiosas “pisoteadas” y también de la idea de que la felicidad está en las cosas que a veces ignoramos.
 
Quiero proponer que hablemos de las personas pisoteadas, de las personas que hemos considerado insignificantes y que hemos decidido apartar con el talón. Esa gente que no comprendemos y que preferimos apartar o rechazar. Ya sea individualmente o como sociedad.
 
Leamos a continuación, un resumen sobre la historia de Joni HaMe’agel que nos proporciona la Mishná (T.B Ta’anit 23a): “El Talmud registra la extraña historia de Joni el “dibujante del Círculo”, que durmió durante setenta años. Joni era un gran tzadik cuya relación con Dios era «como un niño que trataba con su padre». Él trazó un círculo a su alrededor, negándose a salir de él hasta que Dios enviara lluvia a la tierra reseca de Israel. 
 
Este gran tzadik surgió de su largo sueño y entró en la casa de estudio, donde pronto descubrió que era contado como uno de los grandes, porque escuchó a un erudito decir: «Desde la época de Joni HaMe’agel no ha habido nadie que tuviera la Torá tan lúcidamente en su mente». 
 
Joni trató de convencer a la gente de que era el mismo Joni a quien el erudito había elogiado, pero fue en vano. Reconocieron su gran dominio de la Torá, pero atribuyeron a un desequilibrio mental su afirmación de ser el Joni que había desaparecido setenta años antes.
 
Joni se sintió marginado de la sociedad y rezó a Dios por la muerte. La máxima: «Dame amistad o dame la muerte» («או חברותא או מיתותא» ) nos llega de esta súplica a Dios. 
 
Joni sufría, no de ninguna enfermedad terminal, sino de una grave angustia mental y dolor psicológico. El Talmud no mira con recelo la negativa de Joni a continuar su vida de angustia. De hecho, la halajá equipara el trauma psicológico con el dolor fisiológico.”
 
(Sobre el cuidado de los enfermos críticos, Rav. Moshé Feinstein, 1992)
 
Esta historia nos permite reflexionar sobre que, aun siendo entendidos en Torá y muy estudiosos, nunca estamos ajenos a caer en prácticas de exclusión, incomprensión, ridiculización, etc. Y que con mucha facilidad se puede llegar a pisotear a personas, porque consciente o inconscientemente no las consideramos en lo absoluto, no las reconocemos o no las reconocemos como se debiera.
Si tenemos deberes hacia las obligaciones religiosas a las que nadie presta atención, ¡cuánto más a las personas que habitualmente son ignoradas!
 
Si cada vez que estudiamos Torá, lo que de verdad estamos estudiando es un verdadero proyecto civilizatorio, un programa para vivir en sociedad y no en cualquier sociedad, sino en una mejor, mi estudio debe conducirme también hacia el buen trato a los demás, a todos los demás.
 
No podemos esperar buenas consecuencias para el futuro, a nivel comunitario ni a nivel sociedad, si seguimos pisoteando personas e ignorando nuestras responsabilidades para con ellas.
 
La historia de Joni, también podemos conectarla con: “Apartará Dios de ti toda enfermedad…” (15), que en el Jumash de Edery se relaciona con problemas de salud mental. Un tema que países como Chile han decidido apartar con el talón, ignorándolo absolutamente y eligiendo no hacerse cargo.
 
Que podamos ser promotores del reconocimiento mutuo, la inclusión, la comprensión y la aceptación en nuestras comunidades. Como leemos en Pirké Avot 4:3 “Solía decir: no desprecies a ningún hombre…”, enseñándonos que cada persona es valiosa.
 
A nivel de sociedad, que podamos ser activistas también por la salud mental y por quienes, totalmente ignorados, no logran recibir tratamientos adecuados en nuestros países. No es un tema para apartar con el talón.
 
El renovado sentido de la responsabilidad por las acciones personales y colectivas, es un aporte civilizatorio del Judaísmo, que comparte mediante sus textos sagrados, con el mundo. 
 
Que tengamos la capacidad de continuar creciendo en responsabilidad.

 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.