Parashá Ekev: «Poniendo el énfasis en el presente.»

Hay dos formas contrapuestas de enfrentarse al primer pasuk de nuestra parashá: «Y será que si entienden…», poniendo el acento en el futuro. O bien: «Y será si (hoy) entienden…», poniendo el acento en el presente. Y esta última está intrínsecamente vinculada al sentido de la responsabilidad, donde mis deberes no son hechos futuros o inciertos, ni condicionados por hechos de esa naturaleza, sino que están a mi alcance ahora mismo.
 
En palabras de Franz Rosenzweig el imperativo del mandamiento no prevé el futuro; sólo puede concebir la inmediatez de la obediencia… Por lo tanto, el mandamiento es puramente el presente. Toda la revelación está subsumida bajo el gran hoy. Dios manda “hoy”, y “hoy” corresponde obedecer su voz. «Es en el hoy que vive el amor del amante, en este hoy imperativo del mandamiento.» (La estrella de la redención, 1921)
 
El mundo es un lugar misterioso y complicado. Dios – sea lo que sea que eso signifique – es complicado y misterioso. Sin embargo, el hombre no debe perder su aprecio por lo misterioso.
 
Dios y la religión tienen una relación complicada.

A veces, se nos representa a Dios como una fuerza que hace que las personas se comporten para evitar un castigo. Otras veces, Dios es representado como el que nos entrega leyes como Shabat y Kashrut y el que define el bien y el mal, un Dios que a veces nos permite crear sociedades y comunidades relativamente estables, pero otras veces es el destructor.

A veces se representa a Dios como una presencia magnífica que buscamos para dar un significado espiritual a nuestras vidas y representar unas verdades y una moralidad superior.
Y a veces, Dios es representado como un Dios Universal. La unidad detrás de toda la creación en la que todas las divisiones son una ilusión.
 
¿Cuál de estos es correcto? ¿Cómo podemos afirmar tantas cosas de un Dios que es en principio incognoscible? 
 
Cada una de estas ideas de Dios puede contener un elemento de verdad y en cada una de ellas, en diferentes momentos de mi vida, puede ayudarme a conectar con la presencia divina.
 
Una presencia que reside de tiempo en tiempo entre los hombres, y que ya sea que impulse o controle, ya sea que proponga o imponga, dispone siempre para el presente, lo único que – coincidentemente – el hombre tiene «seguro» y lo cual lo habilita para contestar, actuar y cumplir, sin más tardanza y sin rehuir, ahora mismo. 

Tal vez, a eso se refería Rosenzweig con «..uamor que siempre está ahí».


Shabat Shalom.