Parashá Jaiei Sará: «Muerte y amor.»

 
En esta ocasión, me gustaría hacer un ejercicio (o intento) de apreciación literaria sobre la parashá Jaiei Sará (La vida de Sara), una porción que comienza relatando la muerte de la primera de las grandes matriarcas y luego, continua dando paso a la historia de amor entre Itzjak y Rivká.

Para el texto pareciera importante recordarnos que la vida continúa. Así, incluso antes del comienzo del nuevo ciclo representado por la nueva pareja de patriarcas, se nos contará que Abraham vuelve a tomar una esposa o concubina para sí (25:1).

Así las cosas, me parece interesante reflexionar sobre estos dos elementos: muerte y amor, que se encuentran juntos en el texto. 

En un trabajo intitulado: “La muerte desde la mirada de la historia, la literatura y el arte”, Luis García Jiménez (2003) señala: “La muerte (thanatos) y el amor (eros), inseparablemente unidos, fecundan la conciencia del hombre y le sugieren ideas y sentimientos.”

Curiosamente, es después de la muerte de Sara que Abraham procede a definirse como “ger y toshav” (extranjero y residente) en el 23:4.
 
Me pregunto: ¿Habrá sido la muerte de Sara el evento que lo invita a reflexionar sobre su propia identidad y sobre su forma de relacionarse con los pueblos que encontraba a su paso?

Si el destino inevitable de todos los hombres y mujeres, independientemente de sus nacionalidades e identidades, es la muerte. ¿Por qué no íbamos a reconocernos todos iguales en dignidad y derechos, en vida?[1]

No pensemos que por tratarse de la Torá y de un relato sagrado, el elemento muerte cumple una función distinta en el texto. Mucho me parece que, como elemento literario, puede ser apreciado de la misma forma que en las grandes obras literarias de la historia: muerte y amor tienen una función igualadora entre los hombres, porque la primera es inevitable para todos y la segunda es natural a todos.
 
Esto ha sido afirmado por diversos autores, sólo por dar un ejemplo, en palabras de Alain Marchadour (1980): “La representación del mundo en que inscribe Israel sus experiencias fundamentales durante dos milenios no tiene nada original. Le es común con la de todos los pueblos del próximo oriente.”

Y yo agregaría, respetuosamente, que en cosas como la muerte y el amor, independientemente de la diferencia externa de ritos y prácticas (funeral judío – boda judía), nosotros sentimos y experimentamos igual que cualquier otro ser humano. De consecuencia, nuestros textos pueden ser apreciados desde esa perspectiva y enriquecidos con el ejercicio de las lecturas comparadas.

Llama la atención que el texto de la Haftará que leemos esta semana también aborde el tema de la muerte (1ª Melajim capítulo 1), allí se nos dice que el Rey David era ya muy anciano y comienza la preocupación por su eventual muerte y sucesión.

Otra vez el elemento muerte, que viene a igualar a reyes, matriarcas y pobres, a judíos y no judíos. Y que además sirve como elemento reflexivo, porque nos invita a pensar en el futuro, en cosas profundas – de las que habitualmente no nos hacemos cargo por andar cavilando/peregrinando – y que también nos inspira grandes ideas.

Tal vez, leyendo entre líneas, sería conveniente dejar una lección importante al cierre de este comentario: al enfrentar la muerte – ahora fuera de la literatura – y el dolor del duelo, tenemos una oportunidad para reflexionar y crecer. Sin embargo, la vida todavía continúa.

Así, la “vida real” no es tan distinta al lujo literario que encontramos en la parashá Jaiei Sará.

Esta línea de lectura podría todavía extenderse, si pensamos en el luto más allá de los funerales propiamente tal y consideramos esos otros duelos que llevamos, a veces conscientemente y a veces no tanto, por un proyecto fallido, un fracaso, una relación terminada, etc.

Todo luto nos permite reflexionar y crecer. Pero no nos estancamos ahí, porque la vida continua.

¡Qué afortunados somos de poder contar con estos lujos literarios en nuestra amada Torá! ¡Y qué hermoso es poder sacar lecciones de vida tan relevantes y significativas con base en ellas!


 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.


[1] Para profundizar sobre la aparente contradicción terminológica de presentarse como “ger y toshav”, puede leer el comentario de la parashá Jaiei Sará del 29 de Octubre de 2021 (5782) en el siguiente enlace: https://judaismo.cl/2021/10/29/parasha-jaiei-sara-soy-diaspora-soy-judio/