Parashá Lej-Lejá: «Abandonando la Zona de Confort.»

Por: Leonardo David.


En la Parashá de esta semana leemos: “Dijo D-s a Abraham: Lej-lejá maartzejá…” 

La Torá parte señalando un mandato Divino a Abraham, pero del proceso para ese encuentro entre D-s y Abraham, o de su adopción de la fe monoteísta, no se nos dice nada.
 
Posteriormente la tradición oral y la exégesis, se encargarán de suplir este vacío, coordinándolo con midrashim o con otros psukim del Tanaj, haciéndonos ver este primer pasuk de la parashá como una “elección Divina”, un “llamado Divino”, el cual Abraham acogerá voluntariamente.

Entonces, ¿qué es lo que se nos quiere contar?

¿Por qué Lej-lejá y no solamente “Lej”? ¿Por qué se emplea un “vete hacia ti mismo” en vez de solamente “ve” (anda)? ¿Qué es lo que precisamente tenía que hacer Abraham?

Y si bien, Najmánides comentando este pasuk, señala que no hay nada peculiar en él o nada inusual, simbólicamente, si lo contextualizamos además con la idea de abandonar el país de origen, el lugar natal y la casa paterna, el sentido del pasuk está indudablemente vinculado a la idea de un viaje de renuncias. 

Y lo que como judíos hemos leído tradicionalmente de estas palabras, es que Abraham estaba renunciando a su pasado idólatra.

Por su parte, al final del pasuk 2 leemos lo que sería la finalidad de este viaje o salida: “Sé bendición”.

Lej-lejá, vete hacia ti mismo, sal de dónde estás y emprende rumbo hacia tu interior, puede ser una invitación para  abandonar la “zona de confort”, las ideas preconcebidas, las cosas que asumimos desde pequeños, las “verdades” de otros que incorporamos sin reflexionar, nuestra confianza en el modelo, estilo de vida y forma de hacer las cosas, de la sociedad en que nacimos y en la que vivimos.

La “zona de confort” es la rutina, es la repetición de patrones, es elegir siempre el camino probado (por otros) en el que buscamos obtener resultados a mínimo riesgo. Ahí nos sentimos seguros y ahí también nos estancamos y auto limitamos, nuestra zona de confort termina siendo una especie de corral.

Sin embargo, hay cosas que debemos descubrir y elegir por nosotros mismos, en la construcción de la vida interior, en el viaje hacia nuestra propia esencia. 

Muchas personas se mueven por la vida por imitación, piensan que el éxito y la felicidad viene de repetir modelos, replicamos estilos de vida de otros, incorporamos un sistema de creencias simplemente “porque sí”. Sin embargo, esta parashá nos insinúa la necesidad de un trabajo personal, interior e íntimo de descubrimiento. Y de la valentía necesaria para poder realizarlo.

Abraham hace un viaje de la idolatría al monoteísmo, según nuestra tradición.

En esta parashá de alguna forma Abraham está reflejando un proceso de adopción de la fe en D-s.

Nosotros podemos hacer este viaje también, desde nuestras ideas idólatras, que nos hacen poner nuestra confianza en lo que hacemos o en lo que tenemos, hacia una mejor relación con nosotros mismos, una relación más honesta.

No se puede lograr el éxito y la felicidad, si no se profundiza en la confianza, si no confiamos en nosotros mismos.

Tal vez por esto, en el pasuk 2, D-s le promete a Abraham hacer de él una “nación grande”.

Sueña en grande, piensa en grande, atrévete a construir tu propio camino, sal de tu zona de confort.

Y “Sé bendición”.
Cuando nos convertimos en personas más auténticas, con una vida interior saludable, cuando nos convertimos en personas más reflexivas y adquirimos una sabiduría profunda, podemos ser más asertivos en nuestro trato con los demás.

La renuncia a las ideas preconcebidas o incorporadas en forma irreflexiva, puede ser un proceso doloroso y de seguro habrá quienes lo verán con extrañeza. 

Pero el resultado de este despertar, será un cúmulo de nuevas experiencias, de experiencias vitales importantes y en suma, de sabiduría.

Ramban comentando el pasuk 1 dice que “Lej-lejá maartzejá”, significa que D-s le dice a Abraham que salga “para su propio beneficio, para su propio bien…” Rashi agrega: “Para tu propia satisfacción…” Ciertamente, es por nuestro propio bien a futuro, que debemos evitar estancarnos en la zona de confort.
La alusión a las renuncias de las que hemos hablado en el texto, puede ser un símbolo. Se le presenta a Abraham y a nosotros, los lectores, un ejemplo concreto de la zona de confort. O bien, para Abraham fue fácil identificarla. Sin embargo, para nosotros no siempre es así. En cualquier caso, sea cual sea, es necesario identificarla, identificar cómo me limita y cómo puedo superar los miedos e ir a la conquista del futuro, un futuro con mejor nivel de conciencia.

Los sabios del Talmud en el masejet Rosh Hashanah 16b:7, enseñan que cambiarse de lugar (físico) “cancela” (anula) un juicio malvado (mal decreto sobre la persona) todo esto, interpretando los pesukim 1 y 2 que hemos estado estudiando. Ahí mismo, se cita a Rabi Itzjak, el cual no concordaba con la idea del cambio físico de cualquier lugar hacia cualquier lugar, sino desde cualquier lugar, hacia Eretz Israel, que habría sido la santidad del destino lo que facilitó que Abraham se convirtiera finalmente en el padre de una gran nación, que trascendiera, que alcanzara el éxito.

Sea cual fuera el caso, nadie está hablando aquí de mantenerse quieto, inmóvil o fijo. 

Quienes se quedan en su zona de confort, no pueden aspirar a más que al resultado de quedarse ahí: quedarse inmóvil.

El que sale de su zona de confort, realmente cambia su destino.

El autor de Or HaJaim, en relación al pasuk 2 señala: “Cuando una persona emigra a un país totalmente extraño, sabe que renuncia a la estabilidad mental y económica que dio por sentada en su casa…”

No es fácil buscar el camino propio y encontrarse a sí mismo. Es más fácil imitar patrones de conducta, buscar en el exterior, suplir la falta de sentido con la comodidad de la zona de confort. 

Pero sólo nos convertiremos en una mejor versión de nosotros mismos, cuando tomemos la decisión de ir hacia nosotros mismos. Pasar del mundo de los deberes exteriores, las fórmulas mágicas, de hacer lo que hay que hacer y poner confianza en lo que hacemos y tenemos, para ir al mundo interior, a la construcción de nosotros mismos, a eso que se mantendrá, aún si lo perdiéramos todo, aún si no tuviéramos nada, aún en momentos de crisis.

La historia de Abraham nos recuerda que el mayor trabajo que debe hacer el hombre y la mejor inversión de sus esfuerzos, es la construcción de sí mismo, lo cual parte, indudablemente, con tomar la decisión de atreverse a ir hacia nosotros mismos, ver cómo estamos, quiénes somos, quiénes queremos ser de verdad, lejos de las luces y comodidades externas que sólo nos distraen o dan una falsa sensación de seguridad, sin embargo, su efimeridad no permite construir futuro.

Shabat Shalom, 
Shabat Shalom umevoraj.