Parashá Matot-Masei: «Avanzar, implica cambios.»

La vida judía ha sido en sí misma un viaje, es interesante pensar que siempre lo ha sido y siempre lo será. Cambiamos y nuestras instituciones también cambian. 

Debemos tener un respeto genuino por los viajes de cada individuo, lo cual implica mantener una actitud acogedora, significa que debemos escuchar primeramente, porque parte de la responsabilidad de cada judío hacia los demás judíos, es ayudar a las personas en su camino, ayudarnos mutuamente.
Cada persona hace un viaje y colectivamente, esta parashá nos muestra a un pueblo que viaja o está en movimiento.
 
Ahora, este movimiento colectivo no está ajeno al mundo. Como en el relato, la historia judía se entrecruza con la historia de otros pueblos a medida que progresa. En cuanto a nuestra relación con el exterior, con el «otro» no judío, hemos sentido más de alguna vez – con mayor o menor justificación – que el mundo exterior es hostil con nosotros. A veces, nuestra respuesta ha sido también la hostilidad. Y este es el caso en el que tiene lógica levantar grandes muros alrededor de nuestras comunidades.
 
Estas presunciones, esta actitud de sospecha constante, aunque en menor cantidad, continúan existiendo, por lo que algunas de nuestras instituciones pueden parecer hostiles al otro no judío. Es el caso de las personas que se quejan – constantemente – en Latinoamérica, de encontrarse con muchas más trabas para entrar a una Sinagoga que a una embajada. Advierten además que la negativa – a veces y lamentablemente – responde más que a razones de seguridad. 
Sí, de que han existido casos de discriminación solemne, declarada e innegable en nuestras comunidades, han existido. Negarlo no tiene sentido y es tiempo de hacerse cargo.

La Torá parece preocuparse de estos asuntos. No sólo nos dice que recordemos lo hostil que fue Amalek con nosotros. También nos previene en algunos casos de no «hostigar». La idea es que el judío viva en paz con otros judíos y también con los no judíos. Los sabios de hecho, recomiendan una serie de prácticas para mantener buenas relaciones con los no judíos (T.B Gittin 61a)

Esta parashá nos muestra una trayectoria larga, caminar por tantos años no era más agotador que los conflictos internos y externos con los que debía lidiar Moshé. De ambos hay que hacerse cargo y se deben abordar con una perspectiva de cambio, lo cual no es un invento del movimiento Reformista, sino de Moshé mismo con las hijas de Tzlofad, por sólo dar un ejemplo próximo en el relato.

Tal vez es tiempo de cerrar esas etapas por las que varias generaciones no se disculparon.

Perdón porque no le dimos la bienvenida a tu novia o novio no judío, en primer lugar, teníamos bastante claro que no queríamos que tuvieras una novia o un novio no judío. No sabíamos bien por qué, pero lo sabíamos. Era otra época. Teníamos la responsabilidad de buscar y encontrar nuevas respuestas, como Moshé, pero no estuvimos a la altura.
Perdón por el puñado de Rabinos que se sintió con el derecho de prohibir los matrimonios mixtos y las conversiones al judaísmo en la República Argentina «por toda la eternidad», disfrazando de prevención de la asimilación, una serie de prejuicios y fobias que jamás podrían tener justificación teológica alguna.

Perdón por demorarnos tanto en reconocer que ahora vivimos en la sociedad más abierta de la historia humana y ciertamente de la historia judía. Que no tiene nada de irregular replantearse las respuestas tradicionales y que la mayoría de las veces, lo que se defiende con tanto tesón no es una verdad, sino un capricho.
 
Debemos estar comprometidos con ser una comunidad inclusiva y eso depende de cada uno de nosotros, cada día. Una inclusión que no es nominal, es muy concreta y práctica: nos hacemos cargo de aquellas situaciones, dentro y fuera de la colectividad, que es imperativo atender, en tiempo y forma, con una perspectiva actual. Lo que se traduce, por ejemplo, en dar la bienvenida a personas que no crecieron judías y que, en muchos casos, pueden estar al comienzo de sus viajes judíos.
 
Shabat Shalom.