Parashá Miketz: «Intercambio y convergencia.»

En este momento, quiero destacar la relevancia de cultivar amistades auténticas y reflexionar sobre el valor fundamental del compañerismo.

Entiendo que puede resultar desafiante reconsiderar la historia de Iosef y Faraón si no nos apartamos de la mera dimensión política del relato y esa lectura convencional que busca en Iosef un ejemplo de superación personal, gracias a su talento y la ayuda divina para ascender en fama, respeto y poder. ¡Ojalá las decisiones políticas en todos los países fueran tomadas por individuos capacitados, sabios y con visión de futuro!

Sin embargo, creo que esta historia tiene múltiples facetas que van más allá de la narrativa del éxito de un extranjero o un lejano precursor del «sueño americano». Por eso, quiero abordar el tema del trabajo en equipo, la amistad y el intercambio de ideas, porque en realidad, considero que ni Iosef ni Faraón podrían haber salvado a Egipto por sí solos.

Seamos claros: Iosef en la cárcel no salva a nadie, y Faraón, en la comodidad de su corte y rodeado de personas consideradas sabias, no puede comprender la situación, prever los acontecimientos ni tomar decisiones acertadas.

Iosef tenía lo que Faraón necesitaba, y viceversa. Las ideas brillantes de Iosef no podrían haberse aplicado sin el respaldo de alguien poderoso. Además, ¿qué tipo de líder habría sido Faraón si, debido a su confusión e inacción, su pueblo hubiera muerto de hambre?
Me gusta el patrón de las parejas que vemos en la Torá. Inicialmente son relaciones amorosas como Abraham y Sara, pero luego vemos otras parejas de hazañas, como Faraón y Iosef. Más adelante, incluso, veremos la dupla profeta-sacerdote, Moisés y Aarón, a quienes la Torá dedica tantas letras.

En cualquier caso, lo que siempre observo al hablar de estas parejas es que cada parte se complementa mutuamente, y ninguno habría logrado nada sin el otro. Cada uno posee lo que el otro carece.

No estoy promoviendo las relaciones humanas de manera puramente utilitaria, pero creo que esta historia nos invita a abrir el corazón y la mente. Podemos aprender de todos y compartir nuestro conocimiento. De hecho, en mi opinión, nuestros sabios ya pensaban algo similar a lo que nosotros hoy conocemos como «intercambio cultural» en esta historia, al imaginarse a Iosef intentando enseñar Hebreo a Faraón (T.B. Sotá 36b).

Estas historias de parejas, intercambios de ideas y convergencia de voluntades y propósitos me inspiran profundamente. A menudo, cuando escucho a la gente quejarse de lo difícil que es llegar a acuerdos dentro de la comunidad judía, recuerdo estos casos. ¡Es posible! Pero se necesita voluntad y derribar barreras mentales.

Anhelo sinceramente que reflexionemos durante este Shabat sobre lo que significa la amistad y el compañerismo para nosotros, qué papel desempeñan estos valores en nuestras vidas y qué tipo de amigos y compañeros queremos ser para enriquecer nuestras vidas, las de los demás y nuestras comunidades.

 
Shabat Shalom.