Parashá Pekudei: «Todavía queda mucho por hacer».



Al cierre del libro del Éxodo, la Torá hace un recuento sobre cómo se construyó el mishkán. Así leemos: “Vio Moshé toda la obra, y he aquí que la habían hecho como había prescripto Adonai; así lo hicieron. Y los bendijo a ellos Moshé.” (Éxodo 39:43)
 
En lo personal, siempre me resultó difícil leer este versículo y no conectarlo con el lenguaje propio de los dos primeros capítulos del libro de Bereshit. Tal vez, a este respecto, nos resulte más esclarecedor el 40:33: «Y concluyó Moshé la obra», (ויכל משה את המלאכה). ¿Verdad que suena a lo que repetimos cada viernes por la tarde en «vayejulu»? (ויכל אלהים … וכו) Gen. 2:2: «Concluyó Dios en el séptimo día su obra…», etc.   

Hasta ahora había pensado que era una ocurrencia mía. Pero para mi alegría, recientemente descubrí que a la misma conclusión había llegado hace dos décadas el profesor Robert Alter en “The Five Books of Moses: A Translation with Commentary” (2004), uno de sus trabajos más respetados. Allí señala: “Una vez más, tanto el verbo como el sustantivo que es su objeto remiten a la culminación de la creación en Génesis 2:1–3.» En suma, en ambas se ve culminada una obra, se ve bien culminada y se bendice.
 
En la parashá Bereshit leemos constantemente las palabras: “וירא אלוהים כי טוב” (Vayar Elohim ki tov), por ejemplo cuando se señala la creación de cada día – y su contenido – para luego decir: “Vio Dios que era bueno”.
 
Una idea similar encontramos en Pekudei, cuando se nos dice: «וירא משה את כל המלאכה», «Vio Moshé terminada toda la obra» (todo el trabajo). Moshé ve que todo estaba bueno, tal como dictaba el plan y bendice al pueblo: “ויברך”, lo mismo que hace Dios con el Shabat en Bereshit 2:3, empleándose esta misma palabra: “vaiebarej”.
 
Como ven, hay elementos para pensar que no es una coincidencia, de hecho, hay una línea de exégesis que reconoce esta conexión al explicarnos – por ejemplo – que las 39 melajot (trabajos inadecuados para el Shabat), se basan en los trabajos realizados (necesarios) para la construcción del mishkán. Concepto que, además (Melajá/Trabajo), es el mismo que se emplea en Bereshit para referirse al trabajo creativo de Dios, del cual justamente descansa en Shabat: “Habiendo concluído Elohim en el día séptimo Su obra [melajtó]…” (2:2).
 
Así podemos apreciar entre líneas la sutilmente maravillosa conexión entre el trabajo Divino y el trabajo humano. El texto, a medida que avanzamos, nos intenta enseñar que el hombre comparte con Dios la capacidad de crear y de alegrarse en la bondad de sus acciones. Y de esto surge una fuente de bendiciones, estas pequeñas oraciones que nos acompañan en nuestros momentos de asombro y satisfacción, lo cual también nos asemejaría – en cierta forma – a Dios.
 
Cuando Dios ve todo culminado, ve que todo es bueno y descansa, bendice. Esta bendición según Abarbanel – consignada en Bereshit 2 – quiere decir que en adelante, el mundo se regirá por sus propias leyes (naturales). Sforno por su parte agregará que no sólo fue para “ese” Shabat, sino para todos los Shabatot posteriores.
 
Ahora bien, cuando Moshé ve todo culminado, también bendice. Y según Rashi, su bendición fue: “… sea la Voluntad de Dios, que la Divinidad se pose en la obra de vuestras manos.”
 
Rashi ve a Moshé como un líder que alienta al pueblo en los momentos difíciles y que a veces los increpa, pero que también sabe felicitarlos en sus logros, sin robarles protagonismo. Y así, con esa actitud humilde, tras haber supervisado el proyecto minuciosamente, deja entrever la verdadera grandeza de su carácter, digna de admiración. Así se expresa en Or Hajaim, donde leemos en relación al versículo ויברך אותם משה (Moshé los bendijo): “Al poner el nombre de Moshé al final de la línea, la Torá nos enseñó el significado de ser bendecidos por alguien de la posición de Moshé.”
 
Por otra parte, volviendo a la conexión “entre relatos” que inicialmente señalé, agrega Rabeinu Bejayé ben Asher, con un “enfoque Midráshico” basado en Tanjumá Pekudei: “Las palabras «Moshé vio toda la obra», se refieren al מעשה בראשית, la creación del universo; la Torá omitió deliberadamente agregar las palabras מלאכת המשכן, «la obra del Tabernáculo», con el fin de enseñarnos que esta construcción del Tabernáculo era equivalente en cierto sentido a la construcción del universo mismo. Inmediatamente después de que Moshé observara esto, bendijo a la gente diciendo: «Que la Presencia del Señor,  descanse en la obra de tus manos». Continuó inmediatamente con las palabras del Salmo 90:17 «que el favor del Señor, nuestro Dios, esté sobre nosotros; que la obra de tus manos prospere…«, etc.
 
Queridos amigos y amigas, las labores continúan. Todavía estamos construyendo y levantando nuevas ideas, nuevos conceptos, nuevas formas, que surgen o se encuentran en algún punto entre lo sagrado del tiempo y del espacio, entre el mundo real y el mundo de lo simbólico, entre el trabajo que hizo Dios, según nuestra historia sagrada y el trabajo que hicieron nuestros antepasados, sirviéndonos de punto de partida.
 
Hoy, en un mundo amenazado por la guerra, un mundo que sufre tantos flagelos que resulta imposible enumerarlos sin sentirse triste y decepcionado, la Torá nos muestra algunas claves o tips importantes para seguir haciendo historia, seguir rectificando el mundo, santificando la vida y construyendo el santuario. Necesitamos buenos líderes, necesitamos personas que crean en un proyecto y se comprometan con él, necesitamos personas conscientes de que pueden ser socias de Dios en la creación, continuadoras de la obra que Él renueva diariamente, en la medida de que estén dispuestos a serlo.

En este sentido, enseñó Abraham Joshua Heschel al cierre del último capítulo de su libro «La Tierra es del Señor» (1950): «Nuestra vida está plagada de dificultades, pero nunca carece de sentido. La sensación de futilidad está ausente de nuestras almas. Nuestra existencia no es en vano. Hay un compromiso Divino en nuestra vida. Ésta es nuestra dignidad. El estar investido de una tal dignidad significa representar algo más que a sí mismo. El pecado más grave de un judío es olvidar lo que él representa.

Somos los socios de Dios en la historia humana. Somos el alba y la oscuridad, el desafio y la prueba. ¡Cuán extraño es ser judío y perderse en las peligrosas misiones ordenadas por Dios! Hemos sido ofrendados como un modelo de fervor relgioso y como una víctima de la ira, pero aún hay mucho más en nuestro destino. Llevamos en nuestras almas el oro de Dios para forjar la puerta del reino. La época del reino puede estar aún lejos, pero la tarea es sencilla: mantener nuestra relación con Dios, a pesar del peligro y del desprecio. Hay que hacer la guerra contra lo vulgar, contra la glorificación de lo absurdo, una guerra incesante y universal. Leales a la presencia de lo último en lo trivial, debemos ser capaces de demostrar que el hombre es más que hombre, que al hacer lo finito puede percibir lo infinito.»


Amigos y amigas, ojalá podamos tomar conciencia de que cada día es una oportunidad y que la pequeñez de nuestros constructos sociales, religiosos, políticos, o de cualquier otra naturaleza, pueden ser también una representación del Universo, una representación de algo más grande, que nos invite a salir de nuestras burbujas y desde ahí podamos crear nuevas realidades, que resulten en bendición para las futuras generaciones.
 
Démosle importancia al hecho de que todavía queda mucho por hacer. Y que es deber nuestro hacerlo. Dios y nuestro más grande maestro, han bendecido al mundo y a sus habitantes para lograrlo. Y así, el libro de Shemot que esta semana cerramos físicamente, sigue abierto con su mensaje, lleno de detalles minuciosos, símbolos e invitaciones a la generosidad y a la responsabilidad. Shemot sigue vigente, hoy más que nunca.


Shabat Shalom.

Jazakjazak, venitjazek.