Parashá Reé: «De la sociedad y el individuo.»

Deuteronomio 11:26 al 16:17

 
La parashá de esta semana comienza diciendo: “Mira: Yo pongo ante vosotros el día de hoy: bendición y maldición.” 
 
Hay algunos comentarios notables sobre este versículo que me gustaría traer a la conversación de hoy.
 
En primer lugar, en Or Hajaim, el rabino Jaim ibn Atar (s. XVIII) se pregunta: ¿Por qué Moshé invita a mirar lo que va a decir? ¿Por qué Moshé se refiere a sí mismo como anojí  (אנכי)? ¿Por qué el texto dice reé (ראה) en lugar de reú (ראו)? En definitiva, ¿por qué se refiere a la gente primero en singular (reé) y luego en plural (lifneihem)?
 
Por su parte, el rabino Shlomo Luntschitz (s.XVII) en Kli Yakar, piensa que el versículo aborda el tema de la responsabilidad que le corresponde a cada persona en una sociedad, por aquellas cosas que hace y que resultan afectar a todos y eso explicaría, en esta lectura, el juego de palabras entre el uso del singular y el plural.
 
En esa misma línea, mucho antes, Ibn Ezra (s. XII) señala que aquí: “Moshé habla a cada individuo [en particular]…”
 
Con base en estos planteamientos, quisiera decir algunas cosas a modo de contestar las preguntas que se plantean en Or Hajaim. 
 
Si lo de “mirar” es o no metafórico, también podría estar relacionado con una idea de comprensión, de tener una imagen mental sobre lo que se dice. Tal vez Moshé fue muy gráfico en su explicación, tal vez quiso darse a entender, se ocupó de esto, de manera que la imagen mental de los oyentes – en relación a lo que estaban escuchando y/o iban a escuchar – fuera clara y precisa.
 
Desafortunadamente, no todos los líderes religiosos tienen en vista este asunto cuando preparan, por ejemplo, un sermón o cuando dan una clase. De hecho, Edery, en su célebre traducción del Jumash al español agrega en referencia a los dos caminos que aparecen en esta parashá: “Después de apelar paternalmente a esta joven generación, Moshé, en nombre de Dios, expone con alternativas simples los dos caminos que se abren ante ellos: la bendición que representa el poder escuchar y cumplir las mitzvot o la maldición que representa encaminarse hacia el otro lado, es decir hacia el paganismo, la idolatría o la desaparición. La Torá propone alternativas “simples” para ayudarnos. Toda joven generación carece de alternativas simples. No siempre educamos a nuestros hijos por medio de conceptos claros. Elegimos “complejidades” y “sofisticaciones”, y no logramos expresarnos con claridad.”
 
Definitivamente, no nos vendría mal un poco de auto crítica a quienes nos dedicamos a la enseñanza. Lo importante no es solamente aquello que quiero decir y que espero sea escuchado. Tal vez, esto de mirar también pueda relacionarse de alguna forma a enseñar con el ejemplo. En cualquier caso, debemos intentar ser claros y preocuparnos de quien escucha, porque es mi deber darme a entender.
 
En referencia a qué hace aquí la expresión “anojí”, que en otras partes de la Torá se traduce o aparece vinculada – en primera persona singular – a ideas como “Yo soy” (Ex. 20:2), “yo te doy” (Deut. 11:13), etc. Es interesante poder leerlo como una especie de reclamo de Moshé por su lugar.
 
En la Mejiltá de Rabi Ishmael encontramos una idea interesante: “Y así encuentras que cualquier cosa a la que un hombre dedica su vida es llamada por su nombre. Moshé dedicó su vida a tres cosas, y (todas) fueron llamadas por su nombre. Dedicó su vida a la Torá y fue llamada por su nombre, a saber: «Acuérdate de la Torá de Moshé, Mi siervo.» (Malaquías 3:22) Ahora bien, ¿no es la Torá de Dios? a saber: «La Torá del Señor es íntegra, restaurando el alma.” (Salmos 19:8)  ¿Cómo, entonces, debemos entender «la Torá de Moshé, mi siervo»? Porque él dedicó su vida a ella, se llama por su nombre…”
 
Aún cuando otras fuentes subrayan la humildad de Moshé como el vehículo para recibir este honor (T.B Shabat 89a), parece ser que el tema de la revelación, o lo que tradicionalmente se vio como un regalo que nace de la revelación – en la jerga de nuestra comunidad de estudio: “sea lo que sea que eso signifique” – en el texto mismo, este no es un asunto absoluto o meramente Divino. Moshé efectivamente tiene un espacio en la historia – su propia historia – y se le reconoce un grado de influencia y de poder decisorio. 
 
Por lo cual, no se trata de estudiar solamente lo que Dios haya o no haya dicho. El líder también merece ser estudiado y con esto, se habilita a todas las voces de los sabios y maestros posteriores a él. A esto se hace mención en T.B Berajot 5a, cuando se dice: “Dios le reveló a Moshé no solo la Torá Escrita, sino toda la Torá, tal como sería transmitida a través de las generaciones.” Siendo finalmente, la Torá o “enseñanza”, el resultado del cruce entre las palabras Divinas con las humanas y todas las agregaciones que se van haciendo posteriormente, a medida que nos alejamos de la revelación y nos acercamos al estudio, que en definitiva es lo único que nos queda, como verdadero eco de aquella voz inicial.
 
Esta idea se encuentra presente también en un comentario registrado en Or Hajaim, sobre el versículo 28 del capítulo siguiente (12), al explicar la expresión “כל הדברים” (todas las palabras), como: “Las palabras completas – para recordarnos que a menos que uno cumpla tanto la parte bíblica como la rabínica de los mandamientos, no los ha cumplido realmente.”
 
Esta definitivamente es una idea central del judaísmo rabínico, que permanece hasta la actualidad con un renovado respeto por la discusión y una apertura a la continuidad del progreso, en la reforma judía.
 
Finalmente, en referencia al juego singular-plural que se identifica en Or Hajaim, las ideas que aporta el autor de Kli Yakar e Ibn Ezra, son notables.
 
El líder debe tener la capacidad de ver al individuo y distinguirlo en la “masa”. Por eso es importante que la invitación sea siempre personal e individual, honrando el hecho de que cada persona es única. 
 
Esto no es tan fácil de practicar, suena fácil pero no lo es. De hecho, tenemos la costumbre de hacer generalizaciones y tratar de concentrar la mayor cantidad de personas posibles en una determinada categoría, o en un perfil. Entonces nos resulta fácil hablar de “nosotros los judíos”, como si todos pensáramos igual, viviéramos igual, sintiéramos igual, lo cual no podría estar más alejado de la realidad.
 
Es válido hablar a todos, pero es necesario entender que siempre la invitación es para cada uno. Y esta forma de hablar, este juego singular-plural, es la única forma de que quien me escucha, entienda que tiene una responsabilidad personal, intrínsecamente vinculada a su propia singularidad, de la que no se puede esconder en la “masificación” y de la cual, de hecho, la sociedad le pedirá cuentas individualmente.
 
Para construir sociedad, en el contexto de este proyecto civilizatorio del que hablamos la semana pasada con base en la definición del Rabino Mordejai Kaplan y su antecedente respectivo en el Talmud, primero es necesaria la construcción del individuo, que cada uno efectivamente “mire” y que cada uno trabaje sobre sí mismo y se haga responsable, entendiendo que habrá cosas que de hacer u omitir, estará afectando a los demás en mayor o menor medida.
 
Respecto a esta visión de sociedad, que también está presente en la obra de Maimónides, una investigadora predoctoral del Departamento de Filosofía de la Universidad de Barcelona (España) escribe: “Para Maimónides (1135- 1204) el gobierno del individuo (o gobierno de uno mismo), que tiene que ver con pautas de actuación o hábitos, buenos o malignos, es una parte irrenunciable de la Ciencia Política, igual como el gobierno de las ciudades o de las naciones. Maimónides considera que el gobierno de uno mismo es esencial para la supervivencia del ser humano y, por tanto, de las comunidades políticas. Así se entendía también en la Ciencia Política antigua o aristotélica que, como bien dice Leo Strauss, basaba sus premisas en el vínculo entre la moral y la ley, o dicho de otra manera, entre la dignidad del hombre y la dignidad del orden público. La cuestión del gobierno del individuo, como veremos, es la base sobre la que Maimónides configura su teoría política, y a esto precisamente dedica una de sus obras más célebres: La Guía de los Perplejos. Una guía, como el mismo nombre indica, para los que sienten perplejidad ante el gobierno de sus vidas…” (La teoría política de Maimónides, Helga Jorba.)
 
Amigos y amigas, construir discursos con sentido, con palabras cuidadas y con el enfoque adecuado, es una gran responsabilidad. Nosotros mismos somos la generación que deberá aportar el siguiente eslabón en la cadena del progreso y nuestra voz reclamará su espacio junto a la de los sabios, la de Moshé y la de Dios en un futuro no tan lejano.
 
Que podamos continuar construyendo un buen futuro en plural, asumiendo nuestras responsabilidades en lo individual. 
 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.