Parashá Tetzavé: «Para gloria y esplendor…»


Esta semana hemos leído una serie de instrucciones sobre cómo consagrar a Aarón y sus hijos para la función sacerdotal, además de las que refieren a la actividad sagrada que se desarrollaría en el mishkán (santuario), el “culto sacrificial”. 
 
En este contexto, dice la Torá: “Habrás de hacer ropajes sacros para Aarón, tu hermano, para gloria y esplendor [kavod uletiferet].” (28:2) Y el detalle minucioso que sigue, es una descripción que inspira en el lector sentimientos de belleza, arte y también de lujo. Sin embargo, más allá de lo meramente físico y material, este ropaje sacro tiene una carga simbólica tan profunda, que nos deja muchas lecciones interesantes. Al respecto, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones.
 
¿Qué podemos entender por la expresión “para gloria y esplendor”? Nuestros exégetas tienen posturas muy diversas. 
 
Algunos, como Najmánides y Rabeinu Bejaié ben Asher, sostendrán que es para distinguir a Aarón, en una especie de reconocimiento a su dignidad personal. 

Por su parte, el exégeta Italiano Ovadía Ben Iaakov (Sforno), nos dirá que el objetivo era  honrar a Dios con prendas resplandecientes (brillantes) durante el servicio en el santuario. 

Otra idea interesante es la que aporta la profesora Nejama Leibowitz, que ve en estos ropajes sacros una intención de distinguir lo sagrado de lo profano, una distinción clásica en la tradición judía.
 
Finalmente, también habrá quiénes dirán que la confección y uso de estas prendas tenía por finalidad honrar al mishkán en sí.
 
Ahora bien, el asunto sobre a quién se buscaba honrar con estas prendas no es la pregunta más difícil de responder. Lo que en realidad me parece necesario salvar en el texto es que, independientemente de a qué o a quién se pretendía honrar: ¿Por qué honrarlo con ropa o con un determinado vestuario? (algo exterior).
 
Pues bien, lo primero que podríamos responder es que muchas culturas antiguas empleaban atuendos especiales para sus ritos de carácter religioso. De hecho, en la América precolombina eran habituales y muchos de estos atuendos son exhibidos actualmente en diversos museos del mundo.

Es más, el autor de Akedat Itzjak reconoce que el efod por ejemplo, pudo tener un origen pagano y que ahora, resignificado en el mishkán, le inspiraría sentimientos y pensamientos en contra de la idolatría. Conclusión que basa en una lectura del Libro de Jueces (Cap. 17).
 
De lo último uno infiere que el “ropaje sagrado” de la parashá Tetzavé es más que un asunto meramente folclórico y estético. Tiene una carga simbólica que innegablemente supera lo anterior, tiene un trasfondo ideológico.
 
En lo personal, dejando de lado el embelesamiento de lo evidente, pienso que la descripción de este ropaje puede leerse como una escuela – en clave – para el liderazgo (particularmente el religioso).  Esta lectura es posible si intentamos responder la pregunta que he planteado anteriormente: ¿A quién busca honrar este ropaje?
 
Habrá quienes respondan que sí se puede honrar a alguien, a un cargo, institución, distinguiéndolo a través del vestuario. Y la lista que podría enumerar una persona que sostenga tal cosa es bastante larga: policías, médicos, monarcas, etc. Pero, ¿qué es lo que verdaderamente honra a una persona, ¿cuál es el trato honorífico que se le puede rendir a una institución? 

Piensen en el conflicto de legitimidad que están enfrentando diversos cuerpos policiales en el mundo. ¿Un uniforme bonito y con tradición, es suficiente? Ni hablar de los conflictos de legitimidad que enfrentan muchas autoridades, para quienes guardar las formalidades externas de su cargo no son suficientes para ganarse la confianza y el respeto de la gente.

Saliendo del plano meramente temporal y en lo que a nosotros atañe, ¿cómo «servir a Dios» en la actualidad?
 
Tal vez, la respuesta a todas estas preguntas se encuentre en el versículo 12 del mismo capítulo 28: “Y pondrás las dos piedras sobre las cintas del efod, piedras de remembranza para los hijos de Israel. Portará Aarón sus nombres ante Dios, sobre sus dos hombros, por remembranza.”
 
Me parece que la ubicación de las “avnei zikarón” (piedras de remembranza) es clave: los hombros, lo cual evoca el sentido de la responsabilidad. Misma situación que ocurre con el turbante: “Y estará sobre la frente de Aarón y cargará Aarón con…” (38), lo cual nos hace pensar también en responsabilidad, acompañada de concentración o dedicación.
 
Y es que definitivamente, no es tanto el vestuario lo que importa, ni las condecoraciones, ni los títulos honoríficos, ni nada meramente externo, porque no es eso lo que me convierte en una persona especial o distinguida. Tampoco la institución para la cual trabajo, ni nada similar. 

La Torá y nuestra tradición son claras con el perfil virtuoso de Aarón, el cual además era muy querido por el pueblo. El ropaje sagrado viene a exteriorizar y evidenciar la grandeza de Aarón, no a dársela por arte de magia.
 
Esto vendría a marcar la función del Cohen Gadol en adelante, tomando por referente a Aarón, lo que les imponía a sus sucesores un enorme desafío y una enorme inspiración a la vez.
 
Lo único que puede distinguir verdaderamente a la persona, es el ejercicio de la capacidad de hacerse responsable de sus propias acciones. Así se convierte en una persona “respetable”, idea que encierra la palabra kavod que significa “gloria” y además, en una persona brillante o luminosa, ideas que encierra la palabra tiferet que significa “belleza”, lo que en este contexto equivaldría a la expresión latinoamericana: “es una linda persona”, que utilizamos para resaltar los atributos morales, positivos, de una determinada persona.
 
Hace un tiempo, leía un trabajo titulado: “El Judaísmo: Contribuciones y presencia en el mundo contemporáneo”, editado en conjunto por la Escuela Diplomática de España y el Centro Sefarad Israel, en el cual diversos autores exponen sobre el aporte judío a las más diversas disciplinas o manifestaciones artísticas, en las comunicaciones, en el pensamiento político y otras áreas. 

En particular llamó mucho mi atención lo que escribió el pintor y escultor Abel Rasskin, en referencia al impacto que produjo la shoá en el trabajo creativo del artista judío, su relación con el entorno, sin restar mérito a los llamados “Justos entre las naciones”, personas no judías que se pusieron del lado correcto de la historia, salvando miles de vidas inocentes.
 
Quise traer esta cita de Abel Rasskin, porque siento que refleja este punto de unión entre lo meramente estético y su trasfondo ético, ese punto donde lo simbólico también se transforma en arte. Dice Rasskin: “Los actos, las acciones, la conducta de estos diplomáticos, capaces de saltarse incluso las órdenes de su propio país por considerarlas injustas o inmorales, llegando a poner en riesgo su vida y por supuesto el futuro de su carrera, nos dejan como legado más querido una formidable lección de humanidad y nos permiten pensar que, a pesar de los pesares, a veces, algunas veces, el ser humano brilla con una luz inconmensurable. No hay duda de que cuando se salva a un ser humano se salva a la Humanidad. Entonces el arte de judíos y no judíos, todos juntos, cobra sentido.
 
Que en este Shabat, podamos reflexionar sobre la importancia de brillar y resplandecer por nuestras buenas acciones, nuestro compromiso con los demás, nuestra responsabilidad por las acciones propias y nuestra responsabilidad para con la sociedad en general. Embelleciendo así el santuario del mundo, convirtiendo nuestras comunidades y países en lugares más agradables para vivir y desarrollarnos.


 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.