Parashá Vaerá: «El mal camino de la indiferencia…»


 
En está parashá, la segunda sección del libro del Éxodo, se nos introducen 7 de las 10 plagas que azotarán Egipto y con las que el Faraón terminará, prácticamente, expulsando a los hijos de Israel. 
 
Dios instruye a Moshé para hablar con el Faraón y entregar el mensaje atemporal: «Deja ir a mi pueblo». Mientras Moshé duda sobre sus propias capacidades, sobre su elocuencia, su liderazgo y oratoria.
 
Dios, atendiendo las preocupaciones de Moshé, pareciera responder que el asunto no se trata sólo sobre nuestras palabras, nuestra gramática o retórica, se trata del «mensaje» que debe ser entregado y escuchado, para luego ser traspasado a las próximas  generaciones de Faraones, a los Faraones que sin duda vendrían …

Y dado que nosotros no leemos la Torá como un libro de historia, sino más bien como un mapa cartográfico que nos guía y nos da las coordenadas a través de las experiencias de la vida. Es necesario sacar ciertas lecciones éticas, inspiradas en el texto y plenamente conscientes de los desafíos de la sociedad actual.

Esta parashá nos permite reflexionar sobre el liderazgo, sobre el flagelo social de la tiranía y sobre lo indeseable que es la injusticia institucionalizada. Que el poderoso insensible nunca será más grande que el que, a pesar de sus limitaciones, elija ser compasivo y empático. 

Vemos también como Faraón y Moshé responden a los desafíos que el relato detalla. El primero endureciendo el corazón, el segundo, comprometiéndose con una causa.
 
Los líderes no son probados solamente por sus éxitos, sino también por sus fracasos. De hecho, no es necesaria ninguna habilidad especial para tener éxito en tiempos buenos. En realidad, pienso que en nuestros errores están las verdaderas oportunidades de aprendizaje.

Si Moshé hubiese cedido al desánimo por el fracaso de sus negociaciones, al segundo fracaso, incluso al tercero… ¿qué sería de esta historia?
 
Una creencia judía muy interesante es que la creación no ha sido concluida, aún formamos parte, y es nuestro deber hacer del mundo un lugar más cercano a la visión de Dios. Un primer paso hacia nuestra liberación será liberarnos de nuestra propia pasividad y de nuestra tolerancia hacia lo intolerable: Derrotar nuestro Faraón interno para liberarnos de nuestra propia esclavitud.
 
Existen muchos llamados a los que se debe acudir hoy.

¿Quiénes son los «esclavos» hoy en día? ¿Qué es lo que demandan? ¿Hasta cuándo podemos desatender el clamor de libertad de los postergados de nuestro tiempo?
 
Actualmente, la mayoría de los judíos en el mundo vivimos en países con un sistema democrático, pero todavía hay una cantidad no menor de comunidades judías que viven bajo dictaduras, bajo nuevos Faraones. 
 
Nosotros, como gente de Torá, tenemos algo para decirles a esos nuevos Faraones. Porque en definitiva, la libertad es uno de los DD.HH más importantes y nuestro pueblo tiene un milenario llamado a la acción, para alzar la voz en contra de toda forma de Tiranía.

¿Qué le diremos a los Faraones de nuestros días? Por otra parte, ¿cómo contestamos al reclamo por libertad y justicia, con el que tantos desprotegidos nos interpelan?
 
Que sepamos responder a esta invitación y llamado. Una invitación a no ser condescendientes con la injusticia, para – en su lugar – promover activamente la justicia en el mundo. Exactamente el camino contrario a la indiferencia y la insensibilidad.

 
Shabat Shalom.